No me canso de decirlo. La surcoreana es la mejor filmografía de lo que llevamos de siglo XXI. A parte de los excelentes ejemplos en forma de películas, tenemos también ahora que aceptar que en cuestión de series los coreanos tampoco se andan con bromas. Tras la excelente El reino, ahora los de Netflix han apostado por El juego del calamar, serie que se ha convertido en todo un fenómeno a nivel mundial. Tanto o más que La casa de papel. Es innegable que El juego del calamar está en todas partes. En las conversaciones de compañeros de trabajo, entre amigos e incluso en los colegios. Incluso aparece en el telediario ya que algunos de sus juegos son imitados en los colegios de primaria a pesar de que está recomendada para mayores de 16 años. Está en boca de todos y ese boca a boca está siendo clave para su éxito. Una vez vista la serie, debo admitir que he pasado muy buenos momentos. Vamos a profundizar un poco más, si os parece.

 Primeramente, El juego del calamar no parte de una premisa especialmente original. Ya en 1969 se trató el tema de los pobres que participan en una cruel competición por dinero en la imprescindible Danzad, danzad, malditos! La idea de una especie de gran hermano repleto de violencia ya apareció en Battle Royale allá por el 2000, lo mismo se puede decir de Los juegos de hambre, solo que aquí ya se incluyó cierto toque social. Por otro lado, los juegos son de una crueldad que parecen diseñados por el villano de Saw. Y esa isla repleta de misterios y la organización secreta que la regenta me recuerdan a Perdidos. Tampoco la crítica feroz al sistema capitalista me parece novedosa ni especialmente lograda. Así pues, nada nuevo bajo el sol.

 El juego del calamar debe su éxito a su excelente presentación de personajes y a la tensión que desprenden sus juegos. Son solamente 9 adrenalíticos episodios que el espectador devora sin remedio. Incluso tiene alguno de los cliffhangers más antológicos que soy capaz de recordar. Es una serie que atrapa y no suelta. No va a revolucionar el mundo del entretenimiento, pero consigue lo que pretende de manera muy inteligente. Prácticamente todos los jugadores son personas desesperadas que ven en El juego del calamar la única salida a su situación. El espectador se ve inmerso en el juego, sufre y padece con los personajes. Da igual la innegable barrera cultural que nos separa de la lejana Corea del Sur, uno se identifica con los protagonistas. Lo cual nos lleva a preguntarnos: ¿qué hubiera hecho yo en esa situación? Ya sabemos que en una situación extrema todos seríamos capaces de pisar cabezas (hay quien lo hace todos los  días) para sobrevivir, pero no es algo que nos guste admitir. Por cierto, el guionista y director  Hwang Dong-hyuk ofrece un interesante crisol de personajes en los que no es difícil reconocer ciertos estereotipos: cobardes, abusones, pelotas, inteligentes, tontos, egoístas, etc. Ya decía Hobbes que el hombre es un lobo para el hombre. Pues eso. El juego del calamar nos pone un espejo frente a nosotros. ¿Qué tipo de persona somos realmente? ¿Con qué personaje nos identificamos más? Vamos, que no estamos ante una serie muy optimista hacia la raza humana. No puedo añadir nada más sin destripar la serie. Eso sí, os recomiendo ver la serie desconociendo en todo lo posible su trama (ya sé que es muy complicado).

Para quienes estén pensando en dejar que sus hijos vean la serie: ¿es violenta? Sí, es violenta. Hay tiros en la cabeza, regueros de sangre y en alguna escena muere más gente que en la boda roja de Juego de tronos. Ya he dicho que está recomendada para mayores de 16 años. Sin embargo, para mí lo más perturbador no fue la violencia física sino las actitudes de ciertos personajes: el egoísmo me resultó mucho más violento.

 Lo que menos me ha gustado, y creo que lastra bastante la serie, es esa intención de alargar la trama con más temporadas. Creo que dejarlo aquí hubiera sido lo más inteligente. Ese epílogo me resultó demasiado largo y aburrido. Pero claro, cuando una serie funciona hay que estirarla hasta lo inimaginable en busca de maximizar los beneficios. Eso sí es capitalismo salvaje y no la premisa de la serie.

El juego del calamar

by: Luis Cifer

by: Luis Cifer

Luis Cifer, nació en la ciudad del cierzo. Se dice que siempre viste negro, que Luis no es su nombre real y que duerme en la calle. Otros dicen que tiene un trabajo, que no bebe alcohol e incluso que es padre de familia, pero no hay nada confirmado. También se le puede encontrar en su blog de cine.

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