El noruego Joachim Trier consiguió estrenar en las salas de España su anterior película, la original y más que interesante «Thelma», merced a sus numerosos premios internacionales y lo arriesgado de su propuesta. Eso ha conseguido que podamos visionar en diferentes plataformas sus tres primeras cintas, algo que demuestra la atención que demuestra el director europeo.

En esta quinta incursión en el largometraje, Trier quizás firma su proyecto más ambicioso consiguiendo, de nuevo, otro apabullante éxito a nivel artístico con el que ha conseguido prestigiosos galardones y sus dos candidaturas al Oscar como mejor guion original y como film en habla no inglesa que a buen seguro ganaría (demostrando el buen momento del cine escandinavo tras el premio del año pasado a «Otra ronda» de Vintenberg) si no fuese por la presencia del «Drive my car» de Hamaguchi.

Para esta ocasión Trier nos ofrece un original “collage” narrado en doce capítulos, con un prólogo y epílogo, sobre los problemas cotidianos de una treintañera en su búsqueda del amor y de los problemas que ello conlleva: la maternidad, el compromiso, la difícil relación de pareja. Y todo se cimenta en una acertada unión de géneros, pues la comedia romántica moderna se mezcla con el drama, pero con un tono más o menos ligero a pesar de que los últimos cuadros son tremendos hablando de la enfermedad y la muerte. En eso, el guion de Trier, junto a su habitual Eskil Vogt, funciona como un metrónomo recordando esas divisiones en cuadros tan propias del danés Lars Von Trier pero sin caer en esas disquisiciones reflexivas, profundas y exageradas del autor de “Rompiendo las olas”. Joachim Trier es más amable y se centra en las dudas habituales en una joven todavía no centrada, como podemos comprobar en su divertido prólogo, a modo de cuento, en el que su brillantez académica le hace entrar en medicina para aburrirse y cambiarlo por psicología y tras un paso por la fotografía acabar trabajando en una tienda de libros. Problemas del primer mundo donde el trabajo y el dinero no son obstáculos para emprender el proyecto vital.

Pero esta buena disposición del guion se complementa con la talentosa puesta en escena que consigue que el interés no decaiga en las dos horas de metraje bajo la alambicada narración. Para ello su ritmo clásico se complementa con algunos elementos más contemporáneos de puro realismo mágico, como el momento que los amantes se buscan, encuentran y pasean en un mundo donde personas y objetos se encuentran parados que hemos visto en un episodio de la estupenda serie «Historias del bucle» o esas escenas sacadas de documentales o recortes de prensa que Terrence Malick llevó al paroxismo en “El árbol de la vida” y que refuerzan la situación y el contexto de ese momento de la trama. Apuntes que sorprenden y de los que no se abusa y que, por lo tanto, mantiene la concentración de lo que el espectador está viendo en pantalla.

Y si Joachim Trier funciona en sus cometidos, ha sabido incluir en su equipo a unos profesionales que mejoran su actual calidoscopio de emociones con mención a una banda sonora que combina un buen mosaico de canciones con un genial “score” de Ola Flottum o el brillante juego de luminosidad y oscuridad que convierten a Oslo en un protagonista más, bajo la mirada del director de fotografía Kasper Tuxen.

Y como colofón, tenemos interpretaciones de alto nivel comenzando por una Renate Reinsve que con razón ganó la Palma de Oro a mejor actriz en Cannes. Su Julie es de las que no se olvida, entendiendo casi todas sus motivaciones y mejorando los pocos defectos o lagunas de su  personaje, acompañado en el triángulo amoroso de su actor fetiche Anders Danielsen Lie y Herbert Nordrum. Quizás falten secundarios para conseguir una obra de arte total pero como fresco del amor en el siglo XXI “La peor persona del mundo” funciona a la perfección y demuestra la capacidad para el cine de Joachim Trier.

La peor persona del mundo

by: Jose Luis Diez

by: Jose Luis Diez

Cinéfilo y cinéfago, lector voraz, amante del rock y la ópera y ensayista y documentalista con escaso éxito que intenta exorcizar sus demonios interiores en su blog personal el curioso observador

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