El 29 de agosto de 1966, John, Paul, George y Ringo bajaban del escenario en el Candlestick Park de San Francisco luego de terminar lo que sería su último concierto. Este desenlace no era una sorpresa para ninguno de los integrantes del cuarteto de Liverpool, ya que desde el inicio de su carrera habían trabajado sin pausa, una dinámica que ya estaba empezando a generar un desgaste en ellos y que estaba marcando un punto de no retorno. Ya no se sentían igual; en sus inicios el tocar en vivo era todo para ellos, pero estaban siendo víctimas de un contexto del cual no tenían control alguno. Los recintos eran cada vez más grandes y los amplificadores y tecnología de la época no eran suficientes para cubrir dichos espacios. Esto, sumado a los ensordecedores gritos de los miles de fanáticos, hacían casi imposible el poder escuchar lo que ellos mismos tocaban, lo cual estaba deteriorando la calidad de sus presentaciones. Vivían por la música y el no poder ejecutarla de la mejor manera estaba generando frustración en ellos y hacía que todos estos conciertos se sintieran sin sentido. A esto se unía el no poder tocar canciones de su último lanzamiento, “Revolver” ya que estas se caracterizaban por una producción más compleja que sus trabajos anteriores, lo que las hacía muy difícil de interpretar en vivo.
Más allá de lo artístico, el ambiente de gira se había vuelto muy hostil para la agrupación, ya que eran el blanco de amenazas y persecuciones por parte de grupos religiosos luego de que meses antes John afirmara que los Beatles eran “más populares que Jesús”. Esto provocó cantidad de protestas y quemas de discos, lo que generó un ambiente de tensión para la banda al sentirse en constante peligro. Lejos de la euforia de los conciertos, el panorama tampoco era amable. Vivían de hotel en hotel, aislados en una dinámica que ya se estaba volviendo insostenible. Tantos años de convivencia juntos estaba diluyendo sus identidades individuales. Necesitaban un espacio para respirar y reencontrarse consigo mismos para volver a darle un sentido al grupo.
Luego de ese concierto en San Francisco y de que el mismo George Harrison afirmara que “Ya no era más un Beatle”, el grupo se encontraba en un momento de incertidumbre. No se sabía nada sobre el futuro de la banda; lo único que los cuatro integrantes tenían claro era que necesitaban un tiempo de pausa y de aire fresco. Por primera vez en años no tenían un calendario al cual ceñirse, así que tenían vía libre para nutrirse nuevamente. Aquel momento significó tiempo valioso donde dejaron de ser Beatles para enfocarse en sí mismos: John viajó a España para rodar una película, un momento de soledad que resultó vital para salvar su identidad y su salud mental. George viajó a la India para estudiar sitar, lo que sirvió como un cambio no solo en la parte musical, si no en lo espiritual. Paul se quedó en Reino Unido explorando nuevas expresiones artísticas que lo ayudarían a empaparse de nuevas ideas, y Ringo decidió escoger un camino mucho más tranquilo junto a su familia para darse un merecido descanso de todo el ajetreo que conlleva ser un Beatle.
Después de esos meses de incertidumbre y de reencontrarse como individuos, la banda se reúne nuevamente en el estudio para empezar a trabajar en el Sgt. Pepper, una de sus mejores producciones. Llegaron renovados, ya no eran los mismos chicos de traje y de corte de cabello impecable. Eran artistas nuevos, tenían looks diferentes y nuevas maneras de pensar. El tiempo y la distancia no solo salvó sus identidades si no que las potenció. Llegaron con horizontes creativos expandidos y llenos de ideas frescas para darle inicio a una nueva parte de su carrera. Aquella pausa que en su momento parecía el final, fue el motor que los impulsó a lo que para muchos, es su etapa más brillante.
Esto nos deja una lección importante: a veces el “nosotros” se vuelve demasiado pesado y termina por ahogar a las personas que lo componen. El alejarse no es una derrota; es un acto de supervivencia para recuperar lo verdaderamente importante. Los Beatles nos enseñan que a veces es necesario dejar ir el pasado para encontrar nuestra propia voz para poder crear un nuevo futuro.




















Wow, gracias Andres por recordarnos la importancia de reencontrarnos con nosotros mismos para poder avanzar y que biennhacerlo con èsta historia que tiene las chispas de magia de los Beatles