Están proliferando una serie de títulos donde, tomando el fútbol como acontecimiento de inicio al relato o anécdota, se desarrollan análisis de diversa entidad. Este tipo de libros, como el escrito por Alejandro Droznes, que se suma a la extensa oferta de altamarea en cuanto a títulos de este tipo, se está convirtiendo, a través de campeonatos, ligas o equipos, en un género en sí, donde el lector puede iniciarse en anécdotas, historia o lugares a visitar.
Libertadores en América supone un diario de viajes, más centrado que Uno Grande Amore de Toni Padilla, situando el foco en la historia de San Martín y Bolívar. Más aún, en la forma de los recuerdos. Lo que a uno le marca, otro lo omite. Siempre es cuestión de interpretación, de una perspectiva heredada, como se muestra a partir del capítulo «Guayaquil».
En este primer libro, el autor bonaerense arma las fábulas para condicionar el relato de la historia y su creencia. Una cuestión de pertenencia. Esto dota a sus recuerdos de un pie para realizar un acercamiento a la historia, aunque uno siga sin comprender el funcionamiento de los campeonatos sudamericanos. Además, ahonda en sus raíces, relatando el crecimiento y la importancia de Buenos Aires en el siglo XX hasta hoy, de no ser nada o una población irrelevante a centro de un país. Las rivalidades y enemistades de la grada a través de los conflictos históricos y las guerras. Si bien, no deja escapar la oportunidad como seguidor del balompié para dejar la crítica a los formatos modernos donde «El nivel de está competición está garantizado por la presencia de clubes de renombre, de gran historia y de alto nivel popular». Pero estos equipos llegan fundidos. Estructurado en un vaivén entre el presente y el pasado, alterna en los mismos capítulos las referencias históricas con su periplo por los campos de la copa.
Este Libertadores de América culmina con la paradoja jugada en Madrid, «el encendido homenaje que la Copa Libertadores rinde a los héroes que emanciparon el continente» desplazándose por la inmensidad de América se cierra en Madrid, la tierra de los conquistadores, «en el mismísimo asiento del rey.
El fútbol como la música es algo tribal.




















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