Uno de los subgéneros del cine de horror que más réditos ha dado ha sido el del asesino animal. Bestias sanguinarias que acaban con humanos de forma sistemática. Entre las criaturas del reino animal podemos diferenciar entre las criaturas salvajes de la tierra, el aire o el mar, con las que es menos sencillo empatizar, y las mascotas, seres que son parte de la familia.

Es evidente que perros y gatos son los principales moradores del hogar, con incursiones en el cine basándose en novelas de Stephen King como “Cujo” o “El cementerio de animales” como muestra, pero donde se han visto seres más exóticos como es el caso de los simios. Y en ese ámbito se mueve “Primate”, protagonizado por un chimpancé homicida.
Un campo que ha dejado interesantes filmes en el pasado desde que la pluma de Edgar Allan Poe nos legase “Los asesinatos de la Rue Morgue” pero que en la pantalla grande tiene de referente “King Kong” o con posterioridad “El planeta de los simios” y sus posteriores versiones, precuelas y remakes. En los ochenta encontramos más paralelismos con títulos como “Link” o la estupenda “Atracción diabólica” de George A. Romero.
Lo que encontramos aquí es una odisea “slasher” donde unos jóvenes van a pasar el verano a la casa paterna de uno de ellos, antropólogo de profesión, una aislada mansión en Hawaii donde el progenitor tiene adoptado un chimpancé que pertenecía a su fallecida mujer que compartía su vida con los primates como Diane Fossey en “Gorilas en la niebla”. El caso es que la mascota se infecta de rabia y cambia su carácter, eliminando uno a uno a los pobres adolescentes de forma brutal. Argumento que también tiene similitudes con zombies infectados como los de toda la saga de “28 días después”.
El responsable es un especialista en el terror como Johannes Roberts, realizador con éxitos como los dos filmes de “A 47 metros” (también con un tiburón devorador de humanos) u otra continuación como “Los extraños: Cacería nocturna”. Historias simples y entretenidas donde es más importante lo que se muestra que lo que se cuenta.
“Primate” es otro ejemplo de ello. Película corta de menos de hora y media que se ve con facilidad y donde lo mollar no es saber si alguien se va a salvar de los ataques del primate sino como de espectaculares van a ser los crímenes. Y en eso el amante de estas “carnicerías” no saldrá defraudado pues las muertes son bestiales y con bastante sangre, basado en efectos de maquillaje, más que con CGI.
Roberts demuestra pericia y puede ofrecer un ritmo adecuado a su narración, de tintes ochenteros donde el ejemplo claro es la banda sonora, íntegra con sintetizador. Una época que fue la más importante dentro del género “slasher”. “Primate” homenajea a ese tipo de cine y funcionará entre los espectadores seguidores de este tipo de terror.



















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