Cada vez parece más claro que Juan Antonio Bayona es la versión actual de Steven Spielberg, ya que su trayectoria cinematográfica encandila a la taquilla con productos con fuerte carga sentimental, un talento impresionante tras la cámara aunque con cierta tendencia al “tremendismo” como han sido los casos de “Lo imposible” o «Un monstruo viene a verme», cintas con las que esta “La sociedad de la nieve” guarda algunos paralelismos en su gusto por la tragedia y en sobrevivir a la muerte de seres queridos.
Siguiendo esa línea marcada por el antiguo “Rey Midas” de Hollywood, Bayona continuó la saga iniciada con “Parque Jurásico” con su anterior “El reino caído” y ahora ataca con esta “La sociedad de la nieve”, tercera cinta sobre el desastre aéreo en Los Andes, tras la primigenia y más modesta producción mexicana “Supervivientes de los Andes” de René Cardona y la, hasta ahora, mejor obra “¡Viven!” de Frank Marshall, importante productor y creador junto con Spielberg y su esposa Kathleen Kennedy de Amblin Entertaiment.
Bayona ha conseguido superar una buena película como “¡Viven!” utilizando sus mejores armas cinéfilas y dotando a su largometraje de una emoción intensa, basándose en el libro de Pablo Vierci. La historia que ha urdido junto a su habitual Bernat Vilaplana es de sobra conocida con un avión estrellado en un glaciar de la cordillera andina en un vuelo de Uruguay a Chile que transportaba a un equipo de rugby. Los supervivientes pasaron más de dos meses sin recibir ayuda recurriendo al canibalismo para poder sobrevivir.
Un argumento que en manos de otro director podría resultar un filme incómodo de ver y centrado en el morbo y lo grotesco de la situación pero que Bayona convierte en una aventura de primera, con su toque de heroísmo, su debate moral entre el bien y el mal (aunque podría haber dado más de sí si se hubiese incidido en el catolicismo de sus protagonistas) y en como en circunstancias extremas se puede normalizar lo anormal.
Todo ello filmado con brío, con la montaña de Sierra Nevada, tan bella e imponente como incompatible con la vida (excepcional fotografía de Pedro Luque), con los apuntes musicales del siempre eficaz Michael Giacchino, un gran ritmo que consigue que sus más de dos horas y veinte minutos de metraje pasen en un suspiro, merced al talento que atesora Bayona en la dirección.
Y punto a favor el reparto coral, lleno de actores (la mayoría, pues actrices (como sucedió en el hecho real) hay pocas) uruguayos que dotan al largometraje de ese plus de veracidad y verosimilitud que hace que el espectador empatice con los protagonistas, aunque en su debe quizás pueda resultar algo complejo saber quién es quién entre tal caleidoscopio de caras y nombres. Ayuda, es cierto, la cuenta de muertos que va apareciendo cuando alguien fallece y el hilo narrativo que lleva uno de los que no pudieron contarlo, al más puro estilo de Billy Wilder en “El crepúsculo de los dioses” donde recordamos que en su prólogo nos hablaba el cadáver de William Holden, ahogado en la piscina.
“La sociedad de la nieve” es un notable trabajo de Bayona para Netflix y creemos que si Aki Kariusmaki no lo impide puede volver a otorgar el Oscar internacional a España pues la gran favorita «Anatomía de una caída» no fue seleccionada por Francia. Nos alegraríamos de su éxito.
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