Twin Peaks tercera temporada, Ep. 1 y 2

Publicado el 24/05/2017 | por Luis Cifer | Cine

Vistos los dos primeros episodios de la tercera temporada de Twin Peaks, puedo asegurar que una de las series más transgresoras de la historia de la televisión ha regresado pisando el acelerador. David Lynch ha vuelto. Un Lynch puro y libre de cortapisas comerciales. Los que temíamos que en su retorno a la televisión se hubiera domesticado podemos estar tranquilos, tal cosa no ha sucedido. Lynch vuela libre por su universo repleto de personajes excéntricos y misterios.

Lo primero vemos en esta nueva temporada es esa surrealista habitación con sus baldosas y sus cortinas rojas. La primera en la frente. Lynch nos introduce de lleno es su mundo onírico y recupera esa escena de la segunda temporada en la que Laura Palmer le decía al agente Cooper que se volverían a ver en 25 años, acto seguido Laura hacía un extraño gesto. Esos gestos y comportamientos inexplicables siguen estando presentes en Twin Peaks. Lo que no asoma por ningún sitio es la nostalgia. Algo ha cambiado en todo este tiempo: “Hay cosas que no se pueden decir en voz alta.

Agarraos bien el cinturón. Lynch y Frost no van a hacer concesiones de ningún tipo. Tienen entre manos un valioso regalo de 18 horas de total libertad para hacer lo que quieran. Presentan varias historias inconexas que quizás nunca acaben teniendo relación entre sí, o no. Todo es posible. Para esta tercera temporada han usado la friolera de 217 actores para rodar un guión de 400 páginas. Los índices de audiencia les importan un bledo. Esta nueva Twin Peaks es más David Lynch que nunca y participa más del caos de films como Inland Empire o Mulholland drive que de la serie original. Que le den al gran público que busca respuestas fáciles y que se lo den todo mascado. Avisados estáis. Los espectadores que busquen algo convencional será mejor que huyan de los delirios de David Lynch.

Lynch se toma su tiempo en presentarnos a los nuevos personajes, quizás en exceso. Hay demasiados silencios y personas estrambóticas como para no poner de los nervios al espectador medio no acostumbrado a las locuras de Lynch. Por otro lado, los personajes ya conocidos aparecen casi de golpe, por sorpresa, como ese doctor Jacoby que sigue con sus gafas bicolores como señas de identidad. Su escena no aportas nada, aparentemente, pero nos indica que esto es Twin Peaks y uno se alegra de volver a verle. Es una gozada volver a encontrarse con estos personajes. Ahí siguen esos peculiares seres como el gigante o el tuerto. Por cierto, la mujer del leño ha vuelto, está desmejorada, la actriz Catherine E. Coulson murió poco después de rodar su parte, lo cual no ha mermado su misterio. Los personajes han madurado, otros no están, pero la mano de Lynch tras la cámara sigue presente en cada plano. ¿Y el agente Cooper? Aparece pero está cambiado, lleva 25 años con un demonio dentro y ahora es cuando recordamos lo mal actor que ha sido siempre Kyle McLachlan. Lynch siempre ha usado a actores inexpresivos para provocar la angustia en el espectador, sirva como ejemplo el Bill Pullman de Lost Highway. Sus cara no transmiten nada y así no podemos identificarnos con ellos. Está claro que Dale Cooper ha cambiado, su presentación con la remezcla de American Woman a cargo del mismo Lynch es todo un mazazo. Cooper es otra persona muy distinta a la que conocíamos.

Lynch no tiene prisa. Tiene 18 horas para contarnos un misterio. A Lynch le interesa crear misterios pero no tanto su resolución. El misterio en sí y el desasosiego que provoca en el espectador es lo que le motiva. Es esa sensación de estar perdido e intentar buscar una respuesta lo que le interesa. La resolución del misterio le importa poco, casi tan poco como la narración. Más que nunca, esta tercera temporada de Twin Peaks es el viaje a través del puzzle sin solución de la mente de David Lynch. Una vez más, la tarea de buscar un significado a lo visionado se torna imposible. Probablemente muchos elementos no tengan ninguna lógica pero forman parte del puzzle. Lynch se centra en los fragmentos pero no nos da la imagen total del puzzle. Lynch no da respuestas, es el espectador quien debe encontrarlas. Como espectador, es mejor disfrutar del camino que pensar en el destino.

Lynch se sale por la tangente una vez más, rompe sus propias normas y nos traslada a otras dos poblaciones en las que suceden sendos crímenes. Me resultó fascinante todo lo de Nueva York y la caja de cristal. Una vez más Lynch descoloca, fascina y aterra. Algo maligno y sobrenatural planea por su serie. Es una de las constantes de su obra, lo cotidiano esconde algo horrible. Lynch nos lo deja intuir mientras su cámara avanza lentamente por un pasillo hacia la puerta, al otro lado se encuentra algo que es mejor no ver. Pero no podemos apartar la mirada. El misterio está servido.

El mejor Lynch, el desatado y sórdido, está de vuelta.

Sobre el autor

Luis Cifer, nació en la ciudad del viento en el seno de una familia de joteros aunque nunca le interesó la Jota. Se dice que siempre viste negro, que Luis no es su nombre real, que no duerme apenas y que no sabe leer la hora. Otros dicen que tiene un trabajo decente e incluso que es padre de familia, pero no hay nada confirmado. También se le puede encontrar en su blog de cine.

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