DIRE STRAITS (1978) – El principio de la gloria

Publicado el 30/05/2015 | por Laurent Berger | Grandes Discos

DiHablar de Dire Straits en 2015 para muchos es hablar de nostalgia, para otros de un grupo que son un “coñazo”, para otros un grupo para viejunos, etc…. Pero la verdad no es otra que Dire Straits dejó su huella en la historia de la música para siempre y bien profunda. A día de hoy siguen vendiéndose sus discos a diario y no hay día donde no suene un tema suyo en cualquier radio del mundo.

Aquella banda inglesa nació en 1977 de la mano de dos hermanos, Mark y David Knopfler junto a John Illsley y Pick Withers. Fueron 18 años de gloria, subiendo a la cúspide de lo más alto de la fama disco a disco; desde los pubs con olor a cerveza rancia a estadios alrededor del mundo. Se convirtieron en millonarios tan rápidamente como los solos de guitarras de Mark Knopfler, curioso por otra parte para una banda cuyo nombre en inglés significa apuros económicos.

No voy hablar de la historia de Dire Straits, tampoco fueron músicos que dieran mucho que hablar por sus bacanales de sexo y drogas, en este aspecto estaban a años luz de Led Zeppelin y otros dinosaurios de la misma estirpe. Salvo unos cuantos canutos y unas pintas de cerveza tibia, los Dire Straits salieron en los titulares de las revista por sus logros musicales.

Dire Straits grabó su primer disco homónimo a principios del año 1978, en los Basin Street Studios. Unos estudios que se conocen más como los SARM West Studios o los Island Studios ya que fueron fundados por Chris Blackwell y allí grabo todo dios, desde Bob Marley a Iron Maiden pasando por los más ilustres nombres de la historia de la música. Aquel disco se grabó en un tiempo muy escaso con un coste de doce mil quinientas libras, y que contenía nueve temas que hicieron leyenda.

Recuerdo que en aquella época leí la crítica del disco de Dire Straits, no sé qué habrá sido de aquel crítico, ya que decía que la banda nunca llegaría muy lejos y que aquel disco era un disco insulso y sin mucha personalidad. Yo no estaba nada de acuerdo con aquella opinión, me acababa de agenciar el vinilo en una tienda hacía pocos días y estaba disfrutando como un enano de cada tema que contenía aquel disco. En cierta medida sí que tenía razón en algo aquel tipo con su crítica, la verdad sea dicha ,Dire Straits no poseían realmente una personalidad propia, y se podía escuchar a cada nota que Mark Knopfler había estado mamando toda su adolescencia la discografía completa de J.J.Cale, Eric Clapton y Bob Dylan…Pero a pesar de aquello, tenían su propio sonido, sobre todo la de su stratocaster roja.

Lo primero que me gusto fue la portada, una pintura de Chuck Loyola, cosa que descubrí bastante años más tarde, pensaba que era una foto… Pero daba igual, escuchaba “Down to the Waterline” y literalmente viajaba a un mundo mejor, sobrevolaba paisajes pantanosos, viajaba en una careta con una bella pitonisa, cada vez era un sueño diferente… Lo curioso es que sigue haciéndome el mismo efecto, como una capsula del tiempo.  Me percaté que Mark era el que había compuesto todos los temas y era el cantante además de ser el fabuloso guitarrista. Al poco tiempo pude ver el vídeo de “Sultan of Swing”, una filmación que a día de hoy ha quedado desfasada, y cualquier chaval con un móvil más o menos decente mejoraría en un santiamén. Creo que aquellas imágenes provenían de un concierto en el Old Grey Whistle Test. El álbum original contenía una versión más corta de “Sultans of Swing”, ya que omitia los últimos segundos del solo de guitarra al final del tema. La versión completa se incluyó en la edición remasterizada del álbum.

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Pero en aquellos tiempos amigos, eso fue un descubrimiento, aquel tipo era medio calvo, con una prominente nariz y que no tenía nada que ver con los otros músicos que escuchaba, véase los Stones, Allman Brothers, Lynyrd Skynyrd, etc… Pero cómo tocaba la guitarra el condenado; además aquel tema era imposible que no se te quedara grabado en fuego en el cerebelo de por vida. “Sultans of Swing” tan solo el titulo ya molaba un montón, pero es que aquel tema tenía un riff de guitarra muy pegadizo, algo adictivo que te obligaba a coger la escoba o una raqueta de tenis y ponerte delante un espejo a simular ser un guitar hero. Que levante la mano quien no hizo aquello…. nadie. Cuentan que les costó tan solo 100 libras grabar la maqueta del tema, aquello fue como jugar a la lotería y que te tocara el primer premio. Aquella maqueta fue la que estuvo sonando por la radio sin cesar, y que hizo que miles de oyentes llamaran para preguntar quién demonios tocaba aquel imparable tema. La letra nos habla de un grupito de jazz que toca en un cochambroso bar y a quienes les da igual ser populares o no.  La verdad es que Mark es muy fan de jazz y quería cantar sobre ello, al igual que el “Guitar George” que se menciona en el tema es el músico George Borowski.

Pero volvamos al principio del disco… Tras el inicio con “Down The Waterline”, llega “Water of Love”… Magia pura Knopfler y su Dobro facturan un tema inmediato y básico para la música rock. Los solos de Mark Knopfler son lentos, no tiene que utilizar una gran cantidad de notas para obtener un resultado impresionante, le basta con el sentimiento que le arranca a las cuerdas.”Water of Love” es otro de esos temas que me servía perfectamente como banda sonora para mis sueños; resaltar la participación de John McVie de los Fleetwood Mac al bajo. ”Setting Me Up” también es otra perfecta composición, si bien no gozo de tanto éxito como las otras, sí que le entro por los oídos a Clapton que la interpreto para su doble en directo “Just One Night” aunque era Albert Lee por aquel entonces miembro de la banda de Eric Clapton quien canto el tema.

No me quiero olvidar de la producción a cargo del hermano de Steve Winwood , Muff hizo un trabajo excelente sabiendo sacar provecho de la parsimonia de la música de la banda.

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Una de las mejores canciones del álbum es “Six Blade Knife”, al igual que “In The Gallery” y/o “Lions”,  composiciones que invitan a escuchar el disco balanceándose en una hamaca, y a relajarse y a soñar con un mundo mejor.  Mérito tuvieron los Dire Straits de lanzar este disco en plena explosión del punk y que Charlie Gillet a quien está dedicado el disco se atreviera a pinchar cada noche “Sultans of Swing” con un entusiasmo contagioso, cosa que hizo que se convirtiera en un clásico instantáneo. Aquello ayudo a que Vertigo les firmara y tener la suerte que el abogado Robert Allan les asesoró en la firma de su contrato sin caer en las burdas trampas de las discográficas.

Como muchos saben la fama de Knopfler subió como la espuma, y aquello le puso al servicio de muchos grandes como Dylan que quisieron sonar un poco como Dire Straits…curioso para una banda que justamente suena como Bob Dylan. Dire Straits fue sacando discos que si bien no fueron tan redondos como el primero, sí que mantenía una calidad indiscutible con la que crearon un repertorio que se hizo famoso en el mundo entero.

Sobre el autor

Tsi – Na – Pah estudió Bellas Artes y más tarde cocina. Actualmente recorriendo Andalucía vendiendo y comprando viejos vinilos. Apasionado del rock progresivo y del rock americano de los setenta. Colaborador en distintas revistas musicales y tiendas de música en la época donde se vendía música de verdad.

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2 Respuestas a DIRE STRAITS (1978) – El principio de la gloria

  1. Luther Blues dijo:

    Una joyita destinada a permanecer en el tiempo como una de las obras mas conceptuales de la banda y si es verdad la escoba de mi casa infinitas veces sirvió de falsa “Stratocaster” ,era inevitable …
    El cierre con Lions es para sacarse el sombrero .
    Un saludos

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