“Se tiene que morir mucha gente” es una comedia española de Movistar que viene a ser el reverso femenino de otro gran éxito (en este caso de Netflix) de “Machos Alfa”. Una hipérbole de la juventud urbana que intenta hacerse su hueco en un mundo cada vez más complejo.

Aquí tenemos tres mujeres con caracteres diferentes y cierta dosis de nihilismo que comparten su desencanto, con el nexo de unión de ser amigas desde el colegio. Una, guionista de un “talk show” que vive enganchada a los medicamentos, otra lesbiana en precario que busca el amor y dejar su trabajo de camarera por el de actriz y la más atractiva, casada con alguien mucho más mayor y rico buscando la estabilidad sin tener la necesidad de trabajar.
Las tres con sueños y ambiciones rotas que sobreviven en un mundo masculino. Todo tratado con ironía buscando hacernos reír con la crítica a los hombres (ninguno sale bien parado en la serie) y con situaciones exageradas que dan pie al sarcasmo. Un imposible híbrido entre Woody Allen y las películas de Santiago Segura, bajo el prisma del feminismo.
Su creadora Victoria Martín construye un serial corto (seis episodios de no más de treinta minutos por capítulo) que funciona merced a un guion divertido, exagerado y bien llevado aunque con exceso de grosería y zafiedad. Aun así en su mayoría los “gags” funcionan y estamos convencidos que a su público objetivo gustará. Más virtudes que defectos, sobre todo feliz la ocurrencia de que la protagonista dialogue con su yo de niña que califica cada secuencia como una adulta desencantada y con tendencia a la falta de empatía.
Para ello, el reparto es fundamental y el cuarteto protagonista está espléndido con unas inconmensurables Anna Castillo y la menor Sofía Otero, acompañadas de Macarena García y Laura Weinsmahr. Un elenco que posee química, como sucedía con Castillo y García que ya habían trabajado en la obra de teatro, y posterior largometraje, “La llamada”, “opera prima” de los Javis, otro de los referentes de esta producción.
La puesta en escena es eficaz, en un Madrid actual lleno de fiestas y formas de vida, de gente de diferentes clases sociales que comparten idénticos escenarios. Tan llenos de vida como superficiales. Ahí radica la crítica a los poderosos, a la dictadura de lo “políticamente correcto” y a la dificultad de salir delante de unos jóvenes sin apenas asideros que mitiguen su falta de esperanza. Un serial donde lo que se cuenta es tan interesante que como se cuenta y donde el humor prevalece sobre lo menos valorable.

















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