De repente, cuando nadie lo esperaba, reaparece este disco del olvido. Más de veinte años en un cajón esperando alguien que le incrustase unas voces a la altura de la música endemoniada que contiene. Y, por fin, el círculo se ha cerrado gracias a Fernando Romero, exvoceras de los inquebrantables Kevlar Skin y Extirpating the Infected, y capo de Pathollogically Explicit Recordings, sello que, además, edita el trabajo. De hecho no es el único involucrado en este proyecto que procede de Kevlar Skin pues Pedro Cortés, miembro permanente y fundador de la banda, es uno de los cerebros creativos involucrados en este engendro. Quiso el destino que, mientras muchos todavía andábamos medio obnubilados con ese fenómeno tan poco probable de vivir como es un cambio de siglo y milenio, coincidiese durante una temporada con Fabio Ramírez, apisonadora encargada de firmar la batería tras algunos de los ataques más potentes de los atronadores Internal Suffering. Donde otros solo hubiesen aprovechado para beber cerveza, ellos se metieron en un local y se dedicaron a tocar. Y a beber cerveza. Esto último no lo sé pero no me cabe la más mínima duda. Y de tanto tocar y tanto néctar de cebada pues parieron este amasijo de brutalidad oscura, apabullante y delirante como el aullido de un personaje de Lovecraft que acaba de aprender todo aquello que no debe ser sabido. Con esto ya avanzado, se fueron a Córdoba, al estudio de J.C. Pastrana, al que recordaréis por sus guitarras con, entre otros, Pleurosis. Además de las cuestiones propias de la grabación, también se hizo cargo de los solos de este aquelarre. Para terminar se trajeron a Nils Berndsen, de Disavowed, para que pusiese su bajo en las pistas. Todo listo y ahora, ¿quién canta? 

Desconozco la historia completa pero ahí se quedó la cosa hasta ahora que, como ya he comentado, Fernando ha tenido a bien volver a unir fuerzas con Pedro y rematar la faena. Y menuda faena. Ya has visto los implicados en el asunto así que te podrás hacer una idea, y si no para eso estoy yo aquí que te lo explico. El asunto va de death metal, pero de death metal de pata negra. Brutal death de bellota sin paliativos ni momento de descanso. Un mar de blast beats, riff desquiciantes, aplastamiento, intensidad, oscuridad densa como el fondo del abismo y asfixia continua. No hay piedad en casi veintisiete minutos que dura el maleficio. Tras más de veinte años ya tenemos el CD listo para ser degustado por los paladares enfermizos que se deleitan en estos fermentos de lo más retorcido de la mente humana. 

 La portada del disco, obra de Rudi Yanto de Gorginsuicide Art, es toda una declaración de intenciones. Solo con verla todo lo que te cuente es redundante porque ya sabes lo que te vas a encontrar, las apariencias no siempre engañan. Pero en esta ocasión tiene un encanto especial pues el disco fue concebido y grabado, principalmente, en 2003 y se nota. Se nota en la producción, es obvio, y si tengo que decir mi opinión es para bien. No será la primera vez que me manifiesto en contra de las producciones contemporáneas donde la batería suena a plástico y las guitarras ultracristalinas, hasta los ojos de compresión y filtros, han perdido el grano y la autenticidad. Sabiendo esta preferencia huelga decir que me encanta esa pátina de realidad, de local de ensayo, de sudor y energía que transmite el disco. Las guitarras suenan densas, graves, rasposas, como darse un hostión contra un muro de hormigón sin pulir y dejarse media cara pegada en él. La batería empuja pero no tapa y, aunque precisa al detalle, tiene ese deje de baile que sabes que ahí hay un tío endiñándole de lo lindo. Sin embargo, ese sonido añejo no le resta interés al discurso musical, que, fiel a todas las corrientes en plena eclosión del brutal death de la época, se nutre de ellas para enhebrar un tapiz que le permite no sonar desfasado dos décadas más tarde. Tiene la fuerza de un clásico recién descubierto, tiene carácter. 

 Muy destacable el papel de los solos en el disco. No es un disco de solos de guitarra, empecemos por ahí, ni siquiera todas las canciones tienen uno, pero cuando aparece es una gozada. No se trata de solos donde Pastrana pretenda deslumbrar a nadie con alardes técnicos, la técnica está al servicio del concepto. Sus apariciones más bien sirven como punto de respiro a toda la locura siendo de los pocos momentos donde algo asimilable al concepto melodía, dentro de la disonancia perenne, tiene presencia en el disco. Son solos elegantes de la mano de alguien que sabe muy bien lo que está haciendo, ha escuchado lo que tiene alrededor y ha sabido aportar aquello que el contexto reclamaba. Es un enfoque muy peculiar, casi más próximo al heavy que al death metal, pero funciona muy bien y dota de una capa extra al conjunto que le da lustre. 

 El disco empieza a degüello con una breve intro de Fabio Ramírez encarando un blast beat que sirve como preludio a lo que está por venir y que abre la puerta para que toda la banda entre a matar. Un tema rápido con partes retorcidas y algunos de los pocos dejes de melodía que vamos a presenciar en el muro de los mil dolores que forman las guitarras y el bajo. Entre su densidad encontrarás un regusto a Immolation de lo más sabroso. Tras este Artificial Intelligence entran en Lost in Chaos que nos trae reminiscencias de Suffocation y Cannibal Corpse, influencias bastante difíciles de esquivar en este género, todo sea dicho. Sin descanso Trapped in a maze continúa amartillándote con más saña todavía, si es que esto era posible. Para cuando va a empezar Endless Night crees, por un absurdo instante, que se van a arrancar con un arpegio, aunque solo sean tres notas para abrir un poco la ventana y que podamos respirar aire fresco por un par de compases. Para nada. Asfíxiate. Otro tema que aplasta y, sin embargo, luego se deriva por un momento a un riff más bailable, que recuerda al Big God/Raped Souls de los mejores Fear Factory, y que sirve para coger fuerzas frente a la tormenta que se avecina y que no amaina. Echoes of the Fallen Ones tiene un regusto a los viejos Morbid Angel que no voy a ocultar que hace que me enternezca. 

 Synthetic Glow es una de mis favoritas. Como todas va directo a la encía pero tiene algo que la hace especialmente cacofónica al tiempo que tiene ese riff lento en el medio que hace creer que hay un orden en el caos. Es un trampantojo, un engaño para luego desatarse, reestructurarse en torno al desquiciamiento y volverse a la nada deshaciéndose en ella en un proceso de deconstrucción, presagiado por un solo que es lamento premonitorio y un último momento de éxtasis, en el que todo se deshilacha y se descompone preconfigurando lo que décadas más tarde están haciendo bandas como Imperial Triumphant o los grupos que se encuadran en el llamado metal especulativo. Tras este caramelito aparece la otra canción que me encanta del disco, Dance of Cannibals, aquí podemos rastrear el gusto por Dying Fetus sin ningún tipo de problema, así como la obligada referencia al maestro Chuck Schuldiner y sus Death en un breve pasaje que prepara el ambiente para cerrar el tema. Como regalo de despedida se marcan un cover de BaphometThe Suffering, que rematan con un guiño a cierto clásico que dejo en el silencio para estimularte a escuchar el disco hasta el final y llevarte la agradable sorpresa que también me llevé yo. La alegría hay que compartirla. 

 Una reliquia rescatada del olvido que reclama ser degustada por las orejas doloridas de quienes gozan de estos menesteres. Un trabajo de arqueología y restauración que cierra un círculo que quedó abierto durante demasiado tiempo. Hubiese sido interesante un segundo disco del proyecto en el que todas las influencias maduraran y cristalizaran en un discurso propio al que el material que compone esta obra está apuntando en todo momento. Con los mimbres que manejaban la cosa prometía mucho más. Por suerte tenemos muchos otros discos, anteriores y posteriores, así como espero que futuros, de todos los implicados con los que poder seguir ennegreciendo nuestros conductos auditivos y presionando nuestro espíritu hacia abajo, hacia el lodo, hacia los paisajes más siniestros de la existencia que cada día muestran con más ferocidad su rostro. Un disco que no puedes dejar pasar, toda una obra de culto. 

Priapism – Ascending to the vortex of the dead

by: Felix Morales

by: Felix Morales

Otro que pasó por la universidad para nada, como tantos. Culo inquieto, curioso insaciable, músico inclasificable y escritor para minorías. Nihilista nato. Autor de La senda del hipopótamo y Crisis de identidad. Mente perturbada tras ((((L)))) FAN ((((T)))). Toco en un grupo pero no me dejan decir cuál es. ¡Qué puta es la vida!

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