En estos últimos doce meses todo se ha precipitado o quizás sólo sea mi impresión, pero de un fantástico concierto en Sevilla con la satisfacción de comprobar cómo Mustaine se encontraba en muy buen estado físico y temperamental, la solvencia de los músicos que le acompañan… al anuncio de despedida, de un capítulo final en forma de disco y su posterior gira. Una vez que la noticia del nuevo disco tomaba forma, cada uno comenzabamos a elucubrar sobre ese deseo que anhelamos en relación con las bandas que han conseguido crear un vínculo especial en tus circuitos emocionales. En mi caso concreto, imaginaba una reunión con Marty Friedman y Junior Ellefsson, pero claro, una vez te sientas a pensarlo fríamente te das cuenta que con el guitarrista podría haber sido factible pero con el bajista… y luego me dije a mi mismo, ¿y Poland, Behler o Young o…?. Sigo dando vueltas a toda esta supuesta situación y considero que la formación actual que acompaña actualmente a Mustaine es verdaderamente muy solvente, con lo que me planteo el tema de las colaboraciones pero recuerdo mi reacción distante a que al final el último disco de Megadeth se convirtiese en un “monstruo de Frankenstein”, por lo que termino convencido de que el mejor plan es que el último baile lo ejecuten los actuales Megadeth. Como si todas estas consideraciones en realidad sirviesen para algo.

Voy a pecho descubierto, me compré el disco en preventa y me prohibí a mi mismo escuchar los adelantos y mucho menos, sucumbir a la tentación de “encontrarlo” antes de tenerlo físicamente en mis manos, como en los viejos tiempos, cuando contabas los días imaginando como será. Si algo me he grabado a fuego con el paso del tiempo es no perderme en comparaciones que van a minimizar el disfrute presente de las canciones. Al igual que si veo a Mágico González disfrutando del fútbol en la actualidad, no voy a pedirle que sea aquel futbolista único del 84, no voy a pretender que el Mustaine de 2026 sea el mismo de “Peace sells…” o “Rust in peace”. Además, he disfrutado bastante de la discografía de este siglo de Megadeth mucho más consistente que la de otros coetaneos e incluso de muchos que llegaron fuerte pisando después de ellos.. Así que puestos en antecedentes y si aún sigues leyendo, voy al lío, a las sensaciones que me produce este disco homónimo.

Como suele ocurrir no hay unanimidad si te paras a leer reseñas sobre “Megadeth”. Lo que no puedes negar es que arranca con una galopada salvaje llamada “Tipping point” que rememora el viejo Thrash Metal de mala leche e inocencia, aunque posiblemente a estas alturas a Mustaine aún le quede algo de la primera y nada de la segunda. “I don’t care” reivindica esa vena punk rock a veces más clara, otras más diluida en la carrera de Megadeth y que si bien al principio me deja un poco frío reconozco haber terminado atrapado por su crudeza. “Hey God?” es plenamente reconocible, las líneas vocales sabes que eres capaz de colocarlas en capítulos anteriores e incluso esos pasajes guitarrísticos, muy Megadeth pero quizás “demasiado”. Posiblemente uno de los puntos álgidos del disco sea la musculosa “Let there be shred”, explícita en intenciones e intensa en guitarras y es que Teemu Mäntysaari está de nota y alta durante todo el disco. “Puppet parade” reduce la velocidad que no la contundencia, recupera esa manera de cantar de Mustaine casi recitando y se corona con un estribillo pleno de melodía.

“Another bad day” se cuela entre mis prescindibles, bueno venga, entre las correctas sin más y es que me pego toda la canción esperando un arrebato de furia que no llega y su estribillo me resulta muy facilón. Casi hecho a conciencia “Made to kill” redime a medias a Mustaine volviendo a reivindicarse como figura reverencial del Thrash Metal, agresiva, rápida, pero… “Obey the call” es muy Megadeth, muy Mustaine desde el punto de vista lírico, ese recitar que escupe sílabas envenenadas sobre un continuo riff surca un camino lento que parece reforzarse en el solo y el estallido del último minuto. “I am war” destaca por sus guitarras, y es que es necesario volver a mencionar a un Mäntysaari que en esta ocasión destaca por encima de la canción y eso que “I am war” es otro de los temas que se han ido haciendo un hueco finalmente en mi lado de la barricada. Casi podríamos decir que Megadeth y por ende Mustaine dejan lo mejor para el final del final con “The last note”, para la que construyen una poderosa atmósfera, un ritmo pausado y constante que no desfallece ni un instante. 

¿Había que cerrar el círculo?. Si te pones en la mente de Mustaine no cabe duda. Seguramente sea tan innecesario como necesario que el bonus track sea “Ride the lightning” según Dave Mustaine, y es que seguramente Metallica fueron grandes al librarse de él pero la simiente de esa grandeza llegó con él también, por eso me tomo esta versión, o adaptación personal como algo simbólico más que descriptivo o comparativo, porque además en la original “aullaba” la voz de un Hetfield veinteañero cargado de rabia y ahora resuena en la voz cansada de un Mustaine de sesenta años. ¿Qué puedo decir de la despedida de Megadeth?. Pues que ojalá no se fueran pero ya que parece ser así, al menos lo hacen de forma dignamente con un disco que estoy seguro que con el tiempo -y la añoranza- va a ganar enteros en mi marcador personal

Megadeth – Megadeth

by: Carlos tizon

by: Carlos tizon

Licenciado en el arte de apoyar el codo en la barra de bar. Comencé la carrera de la vida y me perdí por el camino, dándome de bruces con el rock and roll. Como no pude ser una rock star, ahora desnudo mi alma cual decadente stripper de medio pelo en mi blog, Motel Bourbon.

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