“La casa de los espíritus” fue la primera novela de Isabel Allende, publicada a inicios de los años ochenta del siglo pasado. Un superventas que entroncaba con el realismo mágico hispanoamericano de Gabriel García Márquez o Juan Rulfo y que recorre tres generaciones de una familia chilena.

De ella se rodó, en la década de los noventa, una correcta adaptación cinematográfica, dirigida por Bille August y con un reparto antológico encabezado por Jeremy Irons, Winona Ryder, Glenn Close, Meryl Streep y Antonio Banderas. Sin embargo, esta miniserie resulta bastante superior, pues aquel largometraje se quedaba corto con sus dos horas y cuarto de duración, dejando cabos sueltos y sin posibilidad de profundizar en personajes y situaciones. Y es que este tipo de historias río necesitan reposo al abarcar un periodo temporal tan amplio.
Se trata de una producción chilena que mantiene la tensión melodramática sin caer en la tentación del “culebrón”. Es cierto que la dirección de Francisca Alegría y Andrés Wood es académica, pero no se limita al plano-contraplano televisivo ni a ese acartonamiento propio de muchos seriales de época. Aquí se trabaja con un presupuesto holgado y unas ambiciones que se ven reflejadas tanto en el uso de la fotografía -magnífica en Santiago, en la hacienda de Las Tres Marías y en el desierto- como en la dirección artística y en un reparto excelente. Todos cumplen, aunque sobresale especialmente el mexicano Alfonso Herrera, que interpreta a Esteban Trueba desde la juventud hasta la vejez, mientras que Clara del Valle es encarnada por tres actrices: la niña Francesca Turco, la joven Nicole Wallace y la veterana Dolores Fonzi, todas ellas fantásticas. También destaca la Férula de Fernanda Castillo y, entre los secundarios, aparecen Eduard Fernández y Maribel Verdú.
La adaptación resulta notable y el guion se muestra respetuoso con la obra original, manteniendo intactas las motivaciones y la psicología de los personajes, sin caer en el folletín ni en el exceso de almíbar. Quizá falte algo más de ambición en la puesta en escena, pero, sin duda, gustará a su público objetivo, mayoritario en este caso.
Es un ejemplo de cómo, en la actualidad, este tipo de superproducciones en español pueden competir con cinematografías tan asentadas como la estadounidense o las de algunos países europeos de gran tradición cinéfila. Sus responsables, Andrés Wood y Francisca Alegría, han logrado implicar en el proyecto a compañías de peso como FilmNation Entertaiment o Amazon MGM Studios, además de contar con productores ejecutivos como la propia Isabel Allende, Eva Longoria o Pablo Larraín, para llevar a la pantalla una historia que comienza en los años veinte y concluye en la brutal represión de Augusto Pinochet. Uno de esos dramas destinados a permanecer en la memoria.

















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