Taylor Sheridan se ha convertido, por méritos propios, en el gran cronista de la América tradicional: aquella que huye de los grandes núcleos urbanos para ensalzar la vida de antaño y el entorno rural. De Texas a Montana, retrata poblaciones que viven sin muchas de las comodidades actuales, pero que parecen más felices en comunión con paisajes idílicos.

En The Madison nos encontramos con una familia adinerada de Nueva York que, tras la muerte del marido en un accidente en la Montana que tanto amaba, viaja hasta allí para superar el duelo por la pérdida del esposo y padre. Allí descubrirán un territorio en principio hostil que, una vez comprendido, se convierte en un extraordinario viaje de aprendizaje y conexión con una naturaleza salvaje y hermosa.
Como es habitual, Sheridan toma partido y defiende esos paisajes vírgenes frente a un Nueva York donde, según su visión, sus habitantes pierden parte de su humanidad, envueltos en preocupaciones propias del mundo urbano. Resultan especialmente significativos algunos momentos: la falta de empatía de una joven que justifica la muerte en avioneta por su impacto climático, las niñas que reprochan un supuesto comentario racista a quienes intentan ayudarlas o la escena en una cafetería donde nadie pide leche “normal”.
Así, pese a lo agreste de Montana y a la falta de comodidades —que se traducen en problemas como picaduras de avispas o dificultades cotidianas—, los personajes evolucionan, especialmente la matriarca, que acaba comprendiendo por qué su marido amaba tanto esa cabaña aislada en mitad de la nada.
La fotografía es magnífica, a cargo de la habitual Christina Alexandra Voros, a quien Sheridan también ha confiado gran parte de la dirección de los seis episodios que componen esta primera temporada. Los guiones siguen siendo uno de sus puntos fuertes, con esos diálogos tan característicos que combinan una cuidada puesta en escena, acertados flashbacks y planos casi de postal con el desarrollo dramático de los personajes.
En el apartado interpretativo sobresale una brillante Michelle Pfeiffer, que sostiene gran parte de la tensión dramática y construye una protagonista sólida. También destaca Kurt Russell, aunque su personaje resulta algo idealizado; no obstante, esto se justifica por su condición de recuerdo. Funciona igualmente la dinámica de conflicto entre los personajes de Beau Garrett y Elle Chapman.
En conjunto, todos ellos logran llevar a buen puerto esta nueva historia de Taylor Sheridan, dejando el listón alto para futuras entregas. Queda por ver si The Madison terminará conectando de forma más directa con Yellowstone, ya que en esta primera temporada comparten únicamente el escenario.
















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