Es interesante comprobar cómo, tras la llegada de las múltiples plataformas de “streaming”, se ha globalizado el mercado de las series y películas, pudiéndose estrenar en España capítulos y largometrajes procedentes de latitudes más o menos exóticas y difíciles de visionar hasta no hace demasiado tiempo.

Un ejemplo claro es este proyecto portugués, una cinematografía cuyo mayor adalid fue el cineasta Manoel de Oliveira, quien, pese a superar los cien años dirigiendo cine y firmar títulos como el último trabajo de Marcello Mastroianni, Viaje al principio del mundo, siempre se encuadró dentro del cine de arte y ensayo. Cintas para cinéfilos.
Lisbon Noir se enmarca dentro de un género más comercial, como es el “thriller”. Son cuatro episodios que parecen servir de preludio a futuras temporadas, lo que supone un importante hándicap, pues la serie concluye justo cuando se produce el primer gran giro de guion. La historia gira en torno a un asesino en serie que se dedica a copiar los crímenes del primer “serial killer” luso: Diogo Costa, quien, mediante el método de la precipitación, se cobró setenta víctimas arrojadas desde grandes alturas.
Su émulo se dedica a homenajear a Costa despeñando a personas desde acueductos, puentes o rascacielos. Es cierto que se pierde el efecto sorpresa porque desde el primer minuto se muestra quién es, cómo vive y qué lugares frecuenta. De hecho, mantiene una improbable relación afectiva con la camarera de un bar. Un personaje excesivo, aunque lejos de otros psicópatas nocturnos y bebedores como el Fritz Honka de la brutal El monstruo de St. Pauli, de Fatih Akin, película en la que ese barrio de Hamburgo se convertía en un personaje más, algo que también sucedía con Ámsterdam en Amsterdamned: misterio en los canales, de Dick Maas.
Aquí, el decorado es la maravillosa ciudad de Lisboa, mostrada casi siempre de noche, haciendo que algunos monumentos, como la torre de la Plaza del Comercio o el acueducto, resulten especialmente amenazantes. Sin duda, es lo mejor del serial creado por Artur Ribeiro, pues el resto, sin carecer de interés, no termina de despegar y, cuando parece alcanzar el clímax, finaliza abruptamente, dejando multitud de cabos sueltos e historias secundarias abiertas.
El guion comienza con fuerza con el asesinato de un diplomático español, antiguo miembro de los servicios de inteligencia. Esto provoca que la policía española envíe a una agente a la capital portuguesa para esclarecer el suceso, pero el maníaco homicida continúa su escalada de crímenes, relegando la intriga política a un segundo plano hasta prácticamente desaparecer.
En el reparto podemos ver nombres destacados de la escena interpretativa portuguesa, como Pêpê Rapazote o Beatriz Godinho, junto a Mina El Hammani, actriz que comenzó a ganar notoriedad gracias a la serie Élite y a la que hemos podido ver recientemente en Raqa.
Aquí ninguno desentona, pero esa sensación de inconclusión y la ausencia de momentos verdaderamente memorables lastran el resultado final. Un policíaco entretenido, aunque insuficiente.
















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