Interesante miniserie que bebe del mejor “noir” contemporáneo. Al ser tan sólo seis capítulos es perfecta para verla en poco tiempo pero, por fortuna, las muchas virtudes se imponen a los pocos defectos. Un buen ejemplo de alta televisión.

Su responsable Claire Oakley ha entendido una de las claves del policiaco moderno como es otorgarle gran protagonismo al paisaje. Algo en el que el principal maestro fue el sueco Henning Mankell con su serie del detective Kurt Wallander donde las pesquisas eran tan fundamentales como él mismo y la ciudad de Ystad donde trabajaba.
Aquí se nos traslada al pequeño pueblo galés de Morfa Halen, un lugar costero, con pocos habitantes y la “espada de Damocles” de una inundación pendiendo sobre sus cabezas. Uno de esos sitios donde parece que nunca pasa nada pero donde un crimen de una niña en el pasado repite el mismo “modus operandi” que uno que ocurre en la actualidad con otro infante. Para enredar más el asunto, el inspector encargado del caso fue también el del pasado aunque con otra compañera pues la anterior perdió su puesto en la policía al implicarse en demasía al ser su sobrina la víctima y vivir en Morfa Halen. Una mujer que encontró acomodo en su localidad natal pero que ahora intenta unir cabos. A partir de ahí, aparecen las rencillas entre los vecinos – acumuladas durante años- y la búsqueda del o los culpables crearan un número variable de sospechosos.
La historia es buena pero Claire Oakley como directora y guionista (algunos capítulos los realiza Mary Nighy) tiene dos poderosos aciertos como son profundizar en los personajes, por lo que sus acciones son comprensibles, no limitándose a crear meros arquetipos y su puesta en escena es brillante pues además de apoyarse en el paisaje, la serie tiene un “tempo” reposado aunque en ningún momento aburrido. Un audiovisual de otro tiempo donde el plano tiene relevancia, no primando la edición tipo “videoclip” acumulando secuencias a toda velocidad.
Y además sus dos protagonistas están espléndidos, tanto Kelly Reilly como Rafe Spall, una siempre al borde del estallido y el otro aguantando más pero sin poder superar su compleja psique ni los “fantasmas del pasado” que le asolan. Dos personas condenadas a entenderse aunque no puedan trabajar juntos. Entre los secundarios tenemos a Jonathan Pryce, dentro de un elenco brillante.
Lo que no se termina de entender es porqué en España se ha dejado su título original de “Under salt marsch”, en vez de su traducción literal “Bajo la marisma”. A saber los motivos de nuestros distribuidores. Sea con todo, estamos ante uno de los trabajos para la pequeña pantalla más interesantes de la temporada. Quizás falte algún alivio cómico pero mejora productos similares como la horrible temporada de “True detective” (la de Jodie Foster).
















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