La Fórmula 1 siempre me ha parecido un carísimo circo romano itinerante: los cascos encajando como armaduras, los motores rugiendo como bestias de metal, y esa mística masculina donde la testosterona se confunde con el octanaje. Todo muy masculino. F1, la película no pretende en ningún momento ocultarlo. Al contrario: lo abraza con la sonrisa blanqueada del star system. Aquí no hay pudor: es un monumento audiovisual a la velocidad entendida como virilidad.

La trama, por supuesto, es lo de menos. Brad Pitt interpreta a un veterano que viene a demostrar que aún le queda gasolina en su depósito. El guión sirve únicamente de excusa para encadenar adrenalíticas carreras. Entre tanta propaganda de este gran circo moderno aparece Javier Bardem: la única presencia con auténtico peso dramático, un actor que entra en cuadro y automáticamente hace que todo lo demás parezca tan artificial como realmente es. Su dicción áspera, su mirada de hierro y la naturalidad con la que encarna la autoridad convierten a Bardem en el mejor del reparto. Pole para Bardem.

 Para completar la mezcla había que meter un objetivo amoroso para el personaje de Pitt, que sigue llevándoselas a todas de calle a pesar de ser un fracasado y completo gilipollas al volante. Una forzada historia romántica surge como si alguien hubiera marcado en el guión la casilla “necesitamos interés femenino, leñe.» No aporta nada salvo más testosterona al poder: la conquista, la reafirmación del héroe que gana en la pista y en la cama (no se dice nada de pastillas azules, faltaría más, un macho americano no las necesita). Al menos, no han puesto a una jovenzuela: Kerry Condon «sólo» tiene 20 años menos que Brad Pitt. Y su personaje no es la típica chica desvalida, cuidado, que es toda una ingeniera de la escudería a la que el personaje de Pitt le da la clave para mejorar el coche. ¿Machismo? ¿En Hollywood? Nunca. ¿Queréis otra prueba? Los otros personajes femeninos con líneas de diálogo son el de una camarera, la madre del corredor novato y una joven atolondrada. Así sigue viendo Hollywood a las mujeres.

 Por supuesto, hay cameos de pilotos y personajes del mundillo del motor como Lewis Hamilton (que se produce este publireportaje), Fernando Alonso, Carlos Sainz hijo y decenas más que no conozco ni ganas que tengo. Eché de menos a Antonio Lobato (estaría rodando algún anuncio). Y sin embargo, Brad Pitt despliega todo su magnetismo. Con sus sesenta tacos encima, fulmina la cámara con su mirada y dota de nobleza a este spot de casi tres horas en el que la F1 se vende a sí misma como el último templo del hombre moderno. La película del eficiente Joseph Kosinski (Top Gun: Maverick, Tron: Legacy) es, en suma, un delirio publicitario disfrazado de epopeya pseudo-deportiva. 

¿Y la música? Arranca el film con el «Whole Lotta Love» de Led Zeppelin y también suena «We will rock you» de Queen, no han sido muy originales aunque son clásicos que siguen funcionando 45 años después. La partitura de Hans Zimmer esta vez no está a la altura de lo esperado, la de Rush (otro film sobre Fórmula 1) me gustó mucho más. Aquí Zimmer está en piloto automático.

Ya que estamos, sobre carreras me han gustado bastante más la citada «Rush» (2013) de Ron Howard y «Le Mans ’66 (Ford v. Ferrari)» (2019) de James Mangold. F1: La película sería el lado más débil de esta terna sobre el circo de las carreras de coches (me niego a llamarlo deporte).

 

F1: La película

4.5
by: Luis Cifer

by: Luis Cifer

Luis Cifer, nació en la ciudad del cierzo. Se dice que siempre viste negro, que Luis no es su nombre real y que duerme en la calle. Otros dicen que tiene un trabajo, que no bebe alcohol e incluso que es padre de familia, pero no hay nada confirmado. También se le puede encontrar en su blog de cine.

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