METALLUM ANTIQUUM

Publicado el 13/10/2018 | por Pablo Ruiz | Especiales

El otro día, mientras hacía tiempo para prepararme para la boda de un amigo, me puse a ver un documental en YouTube, concretamente la primera parte, que versaba sobre la historia de una de las bandas más importantes de mi adolescencia metalera. Una cuyos álbumes han puesto música a muchos momentos de mi juventud: Blind Guardian.

El documental hacía un recorrido sobre sus orígenes; cómo se conocieron y cómo se formó la banda, el salto que supuso grabar su primer disco, etc. En el momento en el que escribo este texto solamente he visto la primera parte, pero eso no importa. Mi intención no es hacer una reseña del documental, si no hablar de algo que me impactó a los pocos minutos de ver a los cuatro miembros originales de la banda (para la ocasión llamaron a Tomas Stauch, su anterior batería) hablando sobre su carrera. ¡Y es que ya se estaban haciendo mayores!

Sé que muchos de los que leáis esto diréis “¡Será idiota! Pues anda que no los hay más viejos. ¡Mira a Ozzy!”. ¡Pero es que Ozzy ya había superado la cincuentena cuando yo tuve conciencia de ser un metalero! Lo mismo pasa con Iron Maiden, ya tenían una edad los chavales cuando los vi en Jerez en el año 2003 (la primera vez que ves a Maiden jamás se olvida). Y esto son dos ejemplos entre muchos que hay de músicos del rock y del metal que encaminan la senectud (algunos mejor que otros, unos activos y otros no). Pero el hecho que me llamase la atención de una forma distinta se debe a la conexión con mi “infancia” metalera.

Blind Guardian ha sido una de las bandas que, como tus padres cuando eres pequeño, te acompaña de la mano en tus primeros pasos. Y ver que algo que das por hecho que está siempre ahí, inalterable (como tus padres), también sufre los embates del tiempo.

Aún recuerdo vívidamente cuando me compré mi primer disco de ellos, ya que hasta el momento sólo los escuchaba a través de los discos de mi primo. El álbum en cuestión era A Night At The Opera, cuya salida a la venta esperaba con impaciencia. Sobre todo tras haberme hecho con el single de And ThenThereWasSilence, que me flipó. Tanto lo deseaba que el dependiente de la tienda donde lo compré permitió que me llevase un single de promoción que regalaban y que, por errores logísticos, llegó días antes que el CD, bajo la promesa de pillarlo en cuanto llegase. Promesa que, por supuesto, cumplí.

Tampoco olvidaré la primera y única vez que los vi en directo en el Metalway de 2006 (también en Jerez, a escasos metros de donde vi a Maiden). Acontecimiento que va acompañado de una anécdota que no me resisto a contar. Mi colega Jorge y yo nos pusimos a hacer cola para las firmas de discos y yo, iluso e idiota de mí, que no me había llevado ningún libreto para que me firmasen, pensaba que tendrían algún tipo de postal para que te garabateasen, como hicieron el día anterior Helloween (y que por cierto me la robaron de mi bolsa en la tienda de campaña). Entonces, ante la desesperación de no tener una mísera hoja de papel, Jorge sacó de un bolsillo una etiqueta de Budweiser, que jamás supimos (o al menos yo no recuerdo) por qué la tenía. Me la dio justo cuando más la necesitaba, y la verdad es que no puedo imaginar un soporte mejor en el que firmasen. Y estas firmas no me las robaron.

Lo que sigue a continuación no es más que una historia similar a la de todos vosotros. Conoces más bandas, más estilos, más discos, vas a más y más directos, festivales y un largo y familiar etcétera. Pero siempre quedan esos recuerdos anclados a esas bandas que han sido decisivas en nuestro crecimiento en la música y, casi de forma indivisible, en la vida.

Así que os agradezco que me hayáis concedido estas líneas para hablar de lo que significa que los que han sido tus ídolos envejezcan. Porque viéndolos hacerse mayores te das cuenta de que, junto a ellos, también lo haces tú. Aunque por un brevísimo instante, mientras tecleaba estas palabras, he vuelto a ser ese quinceañero que corría hacia su casa para poner su recién comprado A Night At The Opera en el equipo de música y disfrutar de su música mientras leía, con pasión, las letras contenidas en el libreto.

Sobre el autor

Aporreador de cuerdas tensadas que emiten bajas frecuencias, apasionado de la música, sin prestar la más mínima atención a qué estilo pertenezca, y de la literatura: ensayo, novela, comic, etc (puede que exagere un poco con lo de apasionado, pero es que me gusta mucho todo lo antes mencionado). Además, archivero y aprendiz de aikidoka. Todo con A, así queda más ordenadito.

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