Entrar en consideraciones sobre este “acto” de teatralidad impide centrarse exclusivamente en los aspectos musicales de “Liturgy of death”, séptimo disco de una de las bandas magnas de la historia del género, cuyo disco “De Mysteriis Dom Sathanas” sirvió para forjar a fuego las normas del Black Metal, disco fundamental a pesar de la disparidad de opiniones que levanta entre gente cercana cuya opinión sobre temas musicales suelo considerar habitualmente interesante más allá de que coincida o no con ella. Mayhem, continúan siendo parte importante de un movimiento que partiendo en sus inicios de una base de fans de opiniones muy “introspectivas” ha evolucionado en una dirección y forma seguramente inconcebible consolidándose con una salud musical excelente dejando atrás una espiral de controversia que no consiguió aniquilarlo.

Aún así Mayhem continúan levantando a su alrededor el eterno debate sobre su autenticidad y autoridad dentro de un mundo tan sui generis como el del Metal. Mayhem han sabido sacar partido a su propia historia para consolidarse como guías espirituales de las estructuras más mundanas y ala vez tétricas del Metal. El regreso de Attila Csihar en su momento me pareció un efectivo y acertado golpe de efecto y parece que el tiempo les continúa dando la razón. Mayhem continúan embarcados en su propósito de liderar la facción que enarbola el estandarte del True Black Metal aunque renuncien a conciencia y con premeditación a los arraigos más viscerales de violencia sonora en favor de atmósferas de corte cinematográfico construidas por las guitarras de Ghul y Teloch insistiendo en esos desarrollos tensos y opresivos a los que los detalles “operísticos” de las voces o las incursiones milimetradas de tétricas melodías como rayos de luz que han sido maldecidos para poder convivir con la maldad todo ello bajo el continuo influjo percusión de Hellhammer.
Vuelvo a escuchar completo “Liturgy of death” abstrayéndome de cualquier signo exterior de distracción para no perderme ningún indicio que fluyan enrevesados en las canciones que lo componen. Comprendo que se puedan producir ciertas grietas en aquellos que evidencia cierto rechazo al sonido más pulcro o limpio que la producción por un lado y probablemente que tanto Ghul como Teloch no se hayan sentido atenazados de tener que rendir pleitesía o quizás sea más adecuado continuidad y se hayan convencido de la necesidad de autoabastecer con su propia inspiración esa telaraña sónica que crean para mantener el influjo insano que al final subyace en la música de Mayhem y esa perversa epicidad que adopta esta liturgia de la muerte que seguramente -y en este tipo de bandas y más aún con la gran versatilidad que está mostrando el Black Metal- provoque disparidad de opiniones y división sobre el resultado final. La mía es que “Liturgy of death” es un buen disco de Metal y que confirma que Mayhem consiguen hilar con éxito ese fino hilo que le coloca como figura visible de la concepción más “true” del estilo a la vez que les facilita el acceso al público del Metal en general.



















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