Que nadie se engañe: escribir cuesta. Da pereza, da rabia, te puede la procrastinación… por lo menos en mi caso, las historias entran en valles, en partes menos favoritas, y cuesta sacarlas adelante. Para mí presentar el libro, con todos esos ojos clavados, se me hace un suplicio. A cada momento puedo decir algo inapropiado, cagarla y marchar directo al pilón, pero tiene una cosa buena: conoces gente. Y no gente a bulto. Gente afín, que le ha picado el mismo bicho que a mí, y al final es un buen espejo en el que mirarse y son bonitos los ratos en que conectas con algo que, más allá de la vaga idea de trascendencia, se disfruta.

 

 

El bajo de Gali. La primera, un triple, con dos cojones. Estaba pensando en Puente de los franceses, de Boikot. El principio de la cultura, sea de barrio, étnica, religiosa o ideológica, ha sido siempre oral, y este tipo de canciones, de músicos que no sabían música, ha sido la forma de transmitir conocimiento desde tiempos inmemoriales. El caso es que cuando entran los instrumentos tiene un aire a ranchera mexicana, donde curiosamente estoy oyendo un piano como eje musical. Suena a fiesta, a gente humilde, a la sonrisa al encontrar a un viejo amigo en una fecha destacada.

Restaurante chino. Una guitarra —bueno, en realidad, dos—, con un medio tempo escoltando un ramillete de voces que cuenta una historia urbana. Es como una rumba ralentizada, como si la armonía de cada estrofa languideciera un poco, a propósito, para poder darle empaque a cada palabra, mientras el violín da la réplica. Le digo que a la vida hay que decirle cuatro cosas / y que, si no se las dices, te vas a arrepentir / porque al final del camino todo acaba y nada empieza. Más vale vergüenza en cara que dolor de corazón. Resistiendo a la mercantilización del capitalismo, la filosofía del carpe diem sigue bullendo.

Opel Corsa. Cada vez que oigo una acústica, veo a Isra, y empiezo a sonreír como un gilipollas porque mentalmente me estoy trasladando a alguna presentación. Por supuesto, asociado con algo bueno: si el canta es porque yo he terminado mi parte, hora de relajarse. Creo que el violín está haciendo pizzicato (tocar las cuerdas a pellizcos, como las de un bajo. Músicos, no me peguéis, que no me gustaban las clases de música, ni la puta flauta). Tiene un aire popero, pero del buen pop, del que lo hacen músicos de verdad, no esos churros del verano machacando en la radiofórmula de turno. Salgo de mi terreno, pero mucho, así que me voy a tirar otro triple. Triángulo de amor bizarro, Underwater Tea Party… Muchas tardes con Jesús Ordovás en Radio 3… ahora me arrepiento de haber oído y no escuchado porque me quedo sin poder hacer una referencia clarita. La voz ha entrado en una especie de bucle, como cuando declamas poesía, y está sacando, desde un lado emocional, ideas filosóficas interesantes, como se protege con sus amigas, formando una suerte de familia, de círculo de confianza, cuando en casa ha habido jarana. Los humanos somos curiosos: no conozco ninguna familia que no sea un basurero, con lanzamiento de puñales como acontecimiento navideño, pero, a la vez, los grupos más fuertes suelen ser los más heterogéneos: amistades, parejas más o menos informales…

 

 

El entendimiento. Tiene un rollo a Staind en So far away, porque básicamente las dos son el poder de una acústica. ¿Es un xilófono? Tal vez sea la inducción de la música, pero lleva a la introspección. Está hablando de mirar atrás, de no tener miedo a decir lo siento, de aprender y olvidar, aun sin pretenderlo, de hacer saber que te importan los que tienes cerca. No sé si es mi generación —crecí en los 90, haciendo el saludo de Will Smith—, o es una cosa exclusivamente mía, pero eso de compartir sentimientos así por las buenas sin hacer bromitas, dejando a media luz si me río por compromiso o abiertamente de quien se expresa abiertamente… como que lo llevo mal. Se me da muy bien mandar a la mierda (voy andando por la calle y la gente me pide que los mande a giñar), pero eso de manifestar amor… seguramente me pilló aquello de «los hombres no lloran», y no me lo acabo de sacudir.

Lujuria. Si estaba fuera de mi terreno, ahora lo ponemos entre la rumba y el flamenco. Hay un truco que hacen los guitarristas con la mano que dibuja los acordes. Dejan los dedos a media presión, de forma que los acordes se cortan en seco en lugar de durar unos segundos. Eso le da a la guitarra cuatro compases intermedios, como latidos de corazón, entre la base instrumental debajo de las voces. El cajón, como si se hubiera diseñado a propósito, aún enfatiza más esa disposición.

Besos de mariposa. Unas palmas y una guitarra heredera de Paco de Lucía, de las que parece que van a hablar y, justo cuando parece que va a hacer un solo que flipas… sale con una rumba a lo Peret. No se me nota porque soy listísimo y un gran actor, pero el ochenta por ciento de lo que sé en estas lides se lo debo a Isra. Él escuchaba rumba, Huajolotes… yo Sepultura.

 

 

Hipertensión. Vale que lo uso para darme pisto, pero una guitarra y un violín… joder, es como ver a Isra y a Adriana tocando Candelarias de la Virgen. Bueno, para que no se diga que soy un poco egocéntrico, también tiene un rollo al Adagio, de los Boikot. Es interesante cómo los coros, casi enterrados entre las voces femeninas y la parte instrumental, dan un montón de matices al tema. Parece algo secundario, pero, si lo quitas, estoy seguro de que la canción empieza a cojear.

Aparición divina. Convertido casi en grupo a capela, apenas con una maraca, hacen un crescendo que se parece ligeramente a la canción de James Bond, pero termina en una especie de funk rumba. La batería hace maravillas con la caja en pos de integrarse en el tema y no entrar como un elefante en una cacharrería, machacando todo alrededor. El piano le da un aire latino, de son cubano, y el bajo es el que pone el aire más Funky, entre Flea, el de Red Hot Chilli Peppers, y Jamiroquai.

No quiero saber. ¡Esto es otra cosa! A ver, no es que sean MetallicA a toda mierda, pero tiene un rollete. Suena un poco ramoniano, pero es más un punk rock de verbena de pueblo, tipo aquello de Horror en el supermercado, o aquellas canciones de Almodóvar y Mcnamara. Por decirlo así, un punk rock ye-ye. Acabo de sentirme ligeramente aludido al oír deja ya de hablar de ti / o si no me pego un tiro. Vale que soy tan inteligente y tan hermoso que me cuesta mirar al resto del mundo, pero igual es momento de mirar al resto del universo. Más allá del valor estético de la canción, es muy inteligente incluirla a estas alturas para hacer un quiebro estético con respecto al resto del disco. Es una forma de despedirse con fuegos artificiales.

Para los que siguen creyendo en la fuerza de la gente, de formar una banda, de hacer canciones y crear arte por encima del sacrificio, enlaces de la banda:

Instagram: https://www.instagram.com/melocoton.gigante/

Bandcamp:  https://melocotongigante.bandcamp.com/

Melocotón Gigante – Mutante (2024)

by: Teodoro Balmaseda

by: Teodoro Balmaseda

Escritor de ficción y crítico desde la admiración. Si te gustan mis reseñas, prueba 'Buscando oro' en tu librería o ebook.

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