Adoro a Pink Floyd. Es una de mis grupos favoritos de todos los tiempos. Si bien debo admitir que desde que Roger Waters abandonó la banda, buena parte de la magia se esfumó con él. Fue la conjunción de esos cuatro geniales músicos lo que produjo discos tan geniales como Meddle (1971), Animals (1977), wish you were here (1975), The Wall (1979) y, por supuesto, The dark side of the moon (1973). Cuando el ego de Roger Waters acabó por imponerse al del resto de sus compañeros, la calidad de sus discos descendió a marchas forzadas. Ya en The Wall se nota que Waters había tomado el control y asfixiaba buena parte del disco con sus obsesiones. La cosa fue a peor todavía en The final cut (1983) con esos recitados de un Waters que apenas dejaba participar al resto del grupo. Tampoco creamos que tras la marcha de Waters la cosa mejoró lo más mínimo en Pink Floyd, A momentary lapse of reason (1987) y The división bell (1994) son discos muy irregulares (vamos a ser generosos) aunque todavía contienen algún atisbo de genialidad por parte de David Gilmour.
La carrera de Waters en solitario ha tenido discos más que apañados como Amused to dead (1992) aunque nada que se pudiera comparar con lo que había hecho junto a sus compañeros en Pink Floyd. Es más, Waters pretendió que Pink Floyd desapareciera tras su marcha y ello provocó una encarnizada guerra judicial tras la cual Mason, Wright y Gilmour pudieron seguir usando el nombre Pink Floyd y Waters podía seguir tocando en directo las canciones que había compuesto en el seno del grupo.
Pero la joya de la corona de Pink Floyd siempre fue The dark side of the moon y Waters no estaba dispuesto a renunciar a ella. Incluso hizo una gira en la que tocaba el LP entero (hizo lo mismo con The Wall) como reclamando su autoría en solitario. Ahora que se cumplen 50 años de su obra maestra colectiva, Waters se ha decidido a grabar una nueva re interpretación del mítico disco y, a priori, podría haber resultado interesante pero al escucharla nos damos cuenta que ha sido un tremendo error.
Roger Waters no es Pink Floyd, fue una parte fundamental del grupo, cierto, pero esta reinterpretación evidencia las flaquezas de Waters. Ha sido un gran letrista y un compositor más que envidiable pero en esta redux se echan muy en falta la guitarra y la voz de Gilmour así como los teclados de Richard Wright. Lo que hacía mágico a Pink Floyd era la unión de todos sus miembros y Waters inunda con su personalidad cada surco de esta nueva e innecesaria aproximación.
Waters se empeña en ofrecernos un sonido espartano, sin apenas detalles ni instrumentos. Todo muy minimalista y simple que es lo opuesto al sonido Pink Floyd y el mayor error de Waters en solitario. Cargarse temas tan míticos como Money con esa larga letanía me parece un crimen. Joder Speak to me con ese texto recitado por la ajada voz de Waters es simplemente un muy mal inicio. El texto puede tener su interés (para el que sepa inglés o tenga ganas de traducirlo) aunque para el oyente no anglo parlante puede resultar tedioso. Waters siempre le ha dado mucha importancia a la letra pero en Redux se ha cargado la música. Más parece que ha transformado The dark side of the moon en su autobiografía y nos la quiere vender.
No te lo pierdas. Como era de esperar, Waters lo tiñe todo de sus ideas políticas (que nos importan un bledo) y sus experiencias vitales (lo mismo). El tono pesimista de un señor de 80 años me resulta muy poco alentador. Una pena. Que se ponga a recitar en On the run o a leer una carta en Great gig in the sky es una sonrojarte manera de cargarse estos clásicos inmortales. Waters se empeña en un tedioso tono intimista que no encaja con el concepto del disco original. Por si fuera poco, casi todo el tiempo se limita a recitar las letras. Su voz nunca ha sido una maravilla pero aguantarlo ahora mismo susurrar sus pomposos nuevos textos se me hizo muy cuesta arriba. ¿He dicho ya que lo que le ha hecho a Money es de juzgado de guardia? Ha convertido una canción prodigiosa en un tostón insoportable. Sólo Time y Breathe creo que han quedado apañadas, sin más, el resto de los cortes me resultan aburridos y no tengo ninguna gana de volver a escucharlos, la verdad sea dicha. Creo que este redux quedará como una anécdota o un mal sueño y los fans siempre volveremos al The dark side of the Moon original, el de Pink Floyd.
Este The dark side of the moon redux es innecesario y aburrido. Un ejercicio onanista del ego desorbitado del señor Waters.
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