Cumplimos una edad en que miramos hacia atrás para buscar de dónde vienen esas cosas que nos interesan, de dónde surgió la pasión por algo, buscando recuerdos y viviendo la nostalgia a flor de piel. Yo tengo una hermana 5 años mayor y una 2 años menor que yo pero, al poco de cumplir 2 años, mi madre le dijo a mi padre que me tenía que llevar con él a Mestalla porque ella no podía hacerse cargo de los 3 y sé que de ahí nació mi fanatismo por el Valencia C.F. Que de muy niño, como casi todos, leía los cómics que pillaba en cualquier sitio (Mortadelo y Filemón, 13 Rue del Percebe, Zipi y Zape…), pero fue “La historia interminable” de Michael Ende, la 1ª novela que consiguió hacerme viajar y de ahí nació mi amor por la lectura. Que el mejor amigo de mi padre, al que llamábamos tío, además de profesor era el director de la banda del pueblo e íbamos a verlo muchas veces, y de ahí surgió mi querencia por la música clásica. Que mis hermanas, como casi todas las adolescentes en los 80, seguían a Los Pecos, Miguel Bosé o Mecano, alejándome del mainstream patrio hacia sonoridades más oscuras y complejas como The Cure, The Sisters of Mercy o The Mission. Y así un montón de cosas más, pero voy a intentar recordar de dónde viene mi furor por el cine.

El que me conoce un poco sabe que el cine es algo más que un entretenimiento para mí. Recuerdo ver “Tiburón” (Steven Spielberg, 1975) en un cine vecinal del pueblo siendo un niño. Ver “Saturno 3” (Stanley Donen, 1980) en una parada en el traslado al pueblo, como cada viernes, y salirnos antes porque no gustaba a nadie. Mi madre quedó con una amiga para llevar a los niños al cine, y la elegida era “E.T., el extreterrestre” (Steven Spielberg, 1982) y salimos emocionados de la sala. Evoco cuando era un niño y los vecinos del chalet veraniego nos llevaban al cine a Llíria, el pueblo de al lado que tenía cines de sesión doble, y vi “Viernes 13: 3ª parte” (Steve Miner, 1982) o “Pesadilla en Elm Street” (Wes Craven, 1984), o nos ponían clásicos en las terrazas extendiendo una manta, como “Lo que el viento se llevó” (Victor Fleming, 1939), o mi padre sacaba sus cintas de animación en Super 8 para los nanos (así conocí a Tom y Jerry, Bugs Bunny o al Coyote y Correcaminos). Mis padres nos llevaban de noche a ver las películas nominadas o ganadoras de los Oscar como “Amadeus” (Milos Forman, 1984) o “La misión” (Roland Joffé, 1986). Y las primeras escapadas con amigos en Valencia (“Rocky IV”, Sylvester Stallone, 1985) o en el pueblo (“La prometida”, Franc Roddam, 1985). Llegaron los videos VHS y las tiendas de alquiler de películas, siendo cita obligada para ver todo lo existente de artes marciales asiáticas o de acción adolescente descerebrada. Nos hacíamos mayores y ya podíamos ir solos a esas sesiones dobles donde vi “Los Goonies” (Richard Donner, 1985), “Willow” (Ron Howard, 1988) o “Gorilas en la niebla” (Michael Apted, 1988).

Pero llegó la mayoría de edad, el acceso a la Universidad y la apertura de mundos comunes que para mi habían estado ocultos, pero eran tu mundo. La música, la literatura y el cine eran lo que más me interesaban. Había gente que ya estaba metida en los cómics o los video juegos, pero yo me perdía en las novelas de Stephen King o Frederick Forsyth, la discografía de Deep Purple o Judas Priest, y en el cine. Mis padres tenían el Canal Plus y entre eso y los estrenos de cine apareció un mundo paralelo que conseguía que me perdiera un par de horas. La multitud de cines existentes en la ciudad y de ciclos que se programaban en la televisión me hicieron conocer el cine clásico y el de otros países alejados del cine comercial. John Ford, Billy Wilder, Akira Kurosawa o Fritz Lang eran unos amigos más, pero esa generación, la llamada Generación X, descubrió un puñado de cintas que nos marcaron para el resto de nuestros días. Puede que algunas no te lleguen o no te parecieran nada del otro mundo, o veas que dejo fuera algunas que para ti son fundamentales pero, como digo en la introducción, este es un reportaje totalmente subjetivo y solo hablaré de las que para mí significaron algo.

Dejaré fuera cintas que sí fueron un éxito en su momento y que vi en la pantalla grande, caso de “El padrino, parte III” (Francis Ford Coppola, 1990), “Thelma & Louise” (Ridley Scott, 1991), “Terminator 2: El juicio final” (James Cameron, 1991) o “El silencio de los corderos” (Jonathan Demme, 1991), pero hablaremos de otras que, puede que en tu caso también sean recordadas con una sonrisa, son más discutidas en la filmografía de ese director en concreto o no supusieron nada para ti o, simplemente, no te gustan. Algunas de ellas sí fueron un éxito y todas o casi todas, son reconocidas y muy conocidas.

Tan dificultoso como meritorio, tan arduo como disfrutable, vamos a nombrar unas cuantas que deben de estar en esa lista, en mi lista. No pretendemos dar ninguna memoria estilística inevitable y solo englobaré  mis años universitarios, así que, como siempre, recurriremos al orden cronológico para editarla. Ahí van:

 

PELÍCULAS GENERACIONALES

 

1.- Corazón salvaje de David Lynch (1990)

Ya había visto trabajos de David Lynch que me habían gustado como “El hombre elefante” o “Terciopelo azul”, pero esta adaptación de los textos de Barry Gifford me tocaron cuando vi la película en C+.

Sailor sale de permiso carcelario y va a ver a su novia Lula, y deciden saltarse la libertad condicional y largarse del estado. La madre de Lula no quiere a Sailor y contacta con un mafioso para que se deshaga de él. La huida y persecución de los amantes centra una película hipnótica, excesiva, delirante, frenética, violenta y enfermiza, un cuento de hadas psicótico y desquiciado aderezado con la magia de El mago de Oz, el mito de Elvis, la fuerza del thrash metal y “Wicked game”, uno de los temas emblemáticos del cantante Chris Isaak.

Erotismo y violencia van de la mano, siempre con la chaqueta de piel de serpiente al frente, convirtiendo a los jóvenes protagonistas Nicolas Cage y Laura Dern en estrellas de primer nivel, aunque el apoyo de personajes excesivos interpretados por Diane Ladd, Willem Dafoe, Isabella Rossellini, Grace Zabriski, Jack Nance o Harry Dean Stanton son el punto de apoyo necesario para entender el romanticismo idílico de la filmación.

 

2.- Muerte entre las flores de Joel Coen (1990)

Tras dos películas con buenas críticas, “Sangre fácil” y “Arizona baby”, seguía la pista de los hermanos Coen y acudí al Cine Tyris valenciano para ver su nueva y aclamada producción. Creo que fui con mi hermana mayor, que solía llevarme al cine habitualmente (vi con ella “El padrino III”, “Átame” y un montón más), a uno de esos cines grandes que ya casi no existen, donde también vi “Algunos hombres buenos” o “Braveheart”. Aquí se juntó con saber que era una adaptación de Dashiell Hammett, uno de los clásicos de la novela negra norteamericana, pero con ese nuevo giro que estaban dando al cine negro llamado neo-noir.

En los años 20, el gángster Leo es el capo de la ciudad, pero su mano derecha Tom se ve en medio de la lucha contra Johnny Caspar que se ha rebelado contra su dominio. Las deudas contraídas y la relación con Verna, que también está liada con Leo, le pone en un brete cuando Bernie, hermano de Verna, es la piedra en el zapato de casi todos y quieren eliminarlo. Traiciones, muertes, palizas y demás clichés de la mafia y los bajos fondos filmados con un estilo y una clase que hicieron que me rindiera a su cine. Porque los Coen nos regalaron obras maestras como “Fargo” o “El gran Lebowski” en esa misma década y se convirtieron en un referente. Puede que hoy sea una película muy reconocida, pero en el año de su estreno, en España, y entre los jóvenes, era un desconocimiento casi absoluto.

 

3.- Misery de Rob Reiner (1990)

Era un joven que leía todo lo que caía en sus manos de Stephen King y, aunque soy de los que piensa que muchas de sus obras se fastidian en las últimas páginas, “Misery” es una de las que considero favoritas. La adaptación al cine corrió a cargo de Rob Reiner, que ya me había maravillado con “Cuenta conmigo”, “La princesa prometida” o “Cuando Harry encontró a Sally”, y los protagonistas eran James Caan (soy fan absoluto de “El Padrino”) y Kathy Bates (que empezó sus años dorados con ella) que ganó el Oscar a Mejor actriz por su papel de Annie Wilkes.

Paul tiene la costumbre de escribir sus novelas en el mismo hotel de Colorado, decidiendo matar a la protagonista de la saga romántica que le ha hecho rico y famoso. Al volver del hotel sufre un accidente por el mal tiempo, siendo rescatado por una enfermera que se proclama su fan número 1. La rehabilitación la pasa en su casa, casi sin poder moverse, pero el fanatismo lleva muchos problemas asociados.

La vi en el cine ABC…Park cuando todavía disponía de salas grandes y amplias, convirtiendo la historia del escritor Paul Sheldon en una angustia compartida, dejando secuencias para la historia (nadie olvida cuando Annie rompe los tobillos de Paul, o cuando deja explotar su verdadero carácter psicótico…). Mucha gente no lee o no disfruta con las novelas de King, pero todo el que ha visto esta película no la olvida.

 

 

 

4.- The Commitments de Alan Parker (1991)

Jimmy Rabbitte es un joven parado del Dublín proletario que quiere montar una banda de soul y ser su manager. Tras muchas pruebas en su casa, junta a un grupo de músicos que solo quieren pasarlo bien y vivir una experiencia, pero él se lo toma en serio y quiere llevarlos a la cumbre.

Alan Parker ya había saboreado las mieles del éxito y aquí tira de un puñado de desconocidos  maravillosos para llevar la novela de Roddy Doyle a la gran pantalla. La música y las rencillas entre músicos es el hilo que une todo el metraje. Clásicos de Otis Redding, Al Green, Aretha Franklin o Wilson Pickett pasean por toda la filmación, consiguiendo que ensayos y conciertos formen parte de una cinta que obtuvo cierto reconocimiento entre la crítica y, todavía hoy, es recordada por muchísima gente que descubrió un género tan especial como único, la voz del guetto, porque Irlanda es la voz de Europa, Dublín la voz de Irlanda y ese barrio en concreto la voz de Dublín.

Recuerdo que la vi en los Cines Aragón con mi hermana y, todavía hoy, suena habitualmente la BSO en mi reproductor. “Mustang Sally”, “Destination anywhere”, “Mr. Pitiful” o “Try a little tenderness” me siguen poniendo la piel de punta.

 

5.- Delicatessen de Jean-Pierre Jeunet & Marc Caro (1991)

Los vecinos de un edificio sito en un lugar solitario son tan raros como las costumbres que les acompañan. Un carnicero y su hija, una suicida y su marido, un tipo que busca trabajo constantemente, su esposa y sus 2 hijos, una anciana, etc…, pero sobreviven porque el carnicero consigue carne con anuncios de trabajo para el mantenimiento de la finca. Llega un tipo que trabaja en el circo en respuesta al anuncio, pero su vida sufre una alteración continua.

Primera película de la dupla formada por Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro, cuya reputación llegó a mis oídos cuando ya había pasado por algunos cines, pero tuve la suerte de que C+ la programó y su visionado me dejó alucinado con ese cuento mágico visual que mezclaba la comedia negra con un futuro fantástico, desbordando imaginación y creadores de un universo propio que les hizo atraer las miradas de todo el planeta. Ese shock me hizo seguirles y su siguiente trabajo ya lo vi en el cine, aunque no me dejó tan alucinado como este debut que es tan creativo como original.

 

6.- Tomates verdes fritos de Jon Avnet (1991)

Película realmente curiosa porque hay varias cosas interesantes. No recuerdo dónde la vi, aunque sí salta en mi memoria cuando volví a verla en el programa de TV de Garci “¡Qué grande es el cine!”. Cuenta la historia de Evelyn que, al ir a visitar en la residencia a una familiar de su marido, conoce a Ninny y le cuenta la historia de Idgie y Ruth, dos mujeres que vivieron en un pueblo de Alabama y regentaron el café de Whistle Stop. La lucha por la individualidad, la libertad, la amistad y el feminismo que, siempre me llamó la atención por lo bien rodada que estaba. La fuerza de la historia es muy grande, con la mujer y la lucha por los derechos del ser humano por delante de todo, pero su director jamás rodó algo tan bien.

Hoy en día apenas se recuerda más allá de su discurso enarbolado por el feminismo, pero ahí hay mucho más. La segregación, el poder de la voluntad y la personalidad extrema frente a la sociedad imperante y una delicadeza y sensibilidad especial al mostrarlo. Movimientos de cámara discretos y compositivos y actuaciones soberbias, con unas mujeres al frente de una producción que da mucho más de lo que vemos a primera vista. La encantadora de abejas sigue gritando ¡¡Towandaaaaa!!

Obtuvo 2 nominaciones al Oscar y fue un éxito en Estados Unidos, pero quizá sirvan estas líneas para recordar una película bastante olvidada para el público general.

 

7.- Le llaman Bodhi de Kathryn Bigelow (1991)

Película totalmente generacional, que no es lo mejor de ninguno de los que participan en ella. La directora Kathryn Bigelow terminó ganando un Oscar y otra de sus películas de esa década, “Días extraños”, es mucho mejor que esta. Keanu Reeves, uno de esos tipos que caen bien, pero que sus habilidades como actor son más que limitadas, será más recordado por las sagas de Matrix o John Wick. Y Patrick Swayze, capaz de expandir ese aura de líder místico a su personaje, siempre será el Sam de “Ghost” o el Johnny Castle de “Dirty dancing” para el gran público.

Aquí, Johnny Utah es un agente del FBI que se infiltra en una banda de surfistas que son los principales sospechosos de ser los autores de más de 20 atracos a bancos en los últimos 3 años. Bodhi es el líder de los surfistas y expande su amor por el surf, la adrenalina, la hermandad, sus actos contra el sistema en el fin de la juventud, para explotar la vida e intenta acoger a Johnny en su fraternidad.

Quizá no le haya sentado muy bien el paso del tiempo y las escenas de acción o los diálogos quedan algo trasnochados, pero esa banda sonora repleta de hits roqueros (Ratt, Red Hot Chili Peppers, L.A. Guns…) y la aparición de tipos como Anthony Kieldis (vocalista de RHCP) o Chris Pedersen dan un halo de sentimiento alternativo y llegaron a la juventud que lo vivió en su momento. Yo la vi en el Cine Acteon de Valencia, sito en una de las avenidas principales de la ciudad y ya desaparecido, aunque no recuerdo con quién y, desde entonces, la he visto un montón de veces y siempre consigue que lo pase de maravilla. Adrenalina a flor de piel que se ha convertido en un placer culpable.

 

8.- The Doors de Oliver Stone (1991)

Odiada por unos cuantos y maravillosa para otros muchos entre los que me encuentro. Fui a verla con mi hermana Ana a los cines ABC Park, cuando todavía eran dos salas grandes, una arriba y otra abajo, sin conocer a The Doors, y con 38 de fiebre. Salí alucinado y me hice con el recopilatorio que acompañaba a la película rápidamente. Ni que decir tiene que toda su discografía, directos, incluso el disco con poemas de Jim, cayeron en mis manos. El impacto y shock que produjeron en un joven adolescente de 19 años fue brutal.

Val Kilmer se convirtió en Jim Morrison, y él mismo lo considera el mejor trabajo de toda su carrera, costándole mucho quitarse de encima a Jimbo. Pero muchos de los que participaron en ella nos acompañaron desde entones. Meg Ryan, pese a convertirse en la novia que todos querían para sus hijos protagonizando muchas comedias románticas en los 90, siempre será Pam. Kyle MacLachlan, logró mucho renombre como el agente Cooper en Twin Peaks, pero puso rostro a Ray Manzarek. Frank Whaley ha tenido una larga carrera como secundario y se le recuerda por participar en algunas películas míticas como “Pulp Fiction”, “Nacido el 4 de julio” o “J.F.K., caso abierto”, pero siempre viene a nuestra mente su Robby Krieger. Y Kevin Dillon jamás se acercó a algo parecido en su prescindible carrera (sólo salvo su papel de perdedor en la serie “El séquito”) a lo que hizo con John Densmore. Era la 1ª vez que veía los rostros de Michael Madsen, Michael Wincott o Kathleen Quinlan, incluso el propio Oliver Stone o Billy Idol tienen pequeños papeles secundarios.

Intensa, provocadora, impactante, extrema, fascinante, lisérgica, tan intensa como su protagonista. ¡¡¡Y me está subiendo!!!

 

9.- La linterna roja de Zhang Yimou (1991)

Esta película me golpeó de tal manera que me abrió la puerta del cine asiático de par en par. Yo no había visto más que cintas de artes marciales cuando era un chaval, pero aquí descubrí otro tipo de cine, otra mirada muy alejada de la que estaba acostumbrado y, puede que no guste a mucha gente, pero a mí me fascinó. Zhang Yimou se convirtió en el referente absoluto que venía del extremo oriente y me hizo girar la vista hacia China, Japón, Corea del Sur, Hong Kong, Taiwán y resto de filmografías orientales que no conocía en absoluto. La vi en C+, otro de esos descubrimientos que le debo a la cadena televisiva, y supuso un antes y un después en los encuadres, los colores, la fotografía y esa manera tan distinta de actuar y representar esos guiones tan distintos.

Aquí nos lleva a los años 20 del siglo XX en China, cuando una joven se traslada a la mansión de Chen Zouqian, cabeza de una poderosa familia, y regenta una de las casas independientes dentro de la residencia, porque es la 4ª esposa y cada una vive en una parte de ella. Las relaciones entre las mujeres de la casa, las pasiones internas, el sexo y el poder dentro de un espacio tan cerrado, es coreografiado con una belleza sublime, con mano firme y calmada, dando a la violencia otra visión.

Fue un gran éxito, ganando premios en el Festival de Venecia o en varias entregas de premios internacionales (Críticos de Los Ángeles, Boston o Nueva York, BAFTA o David de Donatello), incluso llegó a la ronda final de los Oscar como Película de habla no inglesa, y para mí fue un antes y un después. Ya era muy seguidor de directores como Kurosawa o Ozu, pero los siguientes años serían para Zhang Yimou, Wong Kar-Wai, Takeshi Kitano o Ang Lee.

 

10.- Solteros de Cameron Crowe (1992)

Los inicios de la carrera de Cameron Crowe se descubrieron para mí en la pantalla de un cine de reestreno, el Cine D’Or, uno de esos cine de reestreno de sesión doble que todavía aguantan el tirón y se convirtió en habitual para un servidor. El boca a boca me dio a conocer una historia ambientada en Seattle, esa ciudad del noroeste norteamericano de donde surgía esa música que me estaba volando la cabeza. Los primeros Pearl Jam, Soundgarden o Alice in Chains no solo aparecían en la banda sonora, sino que también salían en la filmación. Un grupo de jóvenes que viven en el mismo edificio intentan hacerse un hueco en la vida y buscan la pareja que les acompañe entre guitarras, distorsión, melenas y mucho cachondeo.

Matt Dillon es el líder de una banda (le acompañan Eddie Vedder, Stone Gossard y Jeff Ament de Pearl Jam) y tiene de vecinos a Bridget Fonda, Campbell Scott o Sheila Kelly y entrecruzan sus historias entre conciertos de Alice in Chains o Soundgarden y canciones de Mother Love Bone, Mudhoney o The Smashing Pumpkins.

Si no eres seguidor de ninguna de estas bandas puede que la encuentras divertida y tierna, pero si lo eres vas a descubrir muchas cosas más, como el mimo que interpreta Chris Cornell.

 

11.- Los amigos de Peter de Kenneth Brannagh (1992)

Otra de esas películas que vi con mi hermana mayor en los Cines Aragón, cercanos a casa, y que me descubrió el trabajo de Kenneth Brannagh. Ya había destacado con su “Henry V”, pero yo lo descubrí en esta tragicomedia sobre la amistad y la vida.

Un grupo de amigos se reúnen años después porque Peter les ha invitado a la mansión familiar para pasar la Navidad en la campiña inglesa. Andrew (Kenneth Brannagh) está casado con Carol, una conocida actriz de la televisión norteamericana repleta de complejos y bastante egoísta. Roger (Hugh Laurie) y Mary (Imelda Staunton) están casados y pasan por problemas matrimoniales porque ha muerto uno de sus dos mellizos y ella está obsesionada y tira la culpa a su esposo. Sarah (Alphonsia Emmanuel) acude con su amante del momento y vive la aventura a tope hasta que el primer problema hace que él vuelva con su esposa e hijo. Y Peter es un solitario que les ha convocado tras la muerte de su padre para recordar con sus amigos los momentos felices pasados y darles una noticia.

Los problemas de cada uno salen a la luz, la amistad, los recuerdos y la música (BSO llena de hits del pop 80´s), las filias y fobias que la edad ha sembrado en sus vidas pierden el inútil valor que cada uno les da. Canciones, comida, alcohol, abrazos y situaciones que confirman la amistad más allá del contacto diario y la cercanía.

Los acontecimientos hacen que, poco antes de las campanadas, se quedan solos los 6 amigos y Peter les diga que es seropositivo. Tras lágrimas y abrazos vuelve a sonar la música y los amigos celebran de nuevo que están juntos.

Tan sincera e íntima que te toca la patata y nos presentó a un puñado de actores que venían de la televisión británica y llegaron para quedarse (Stephen Fry, Hugh Laurie, Imelda Staunton) y a una pareja que nos dio muchísimas alegrías en los siguientes años y, aunque ya separados, y ahí siguen regalándonos su talento (Emma Thompson y Kenneth Brannagh).

 

12.- Reservoir dogs de Quentin Tarantino (1992)

Una de las cosas más maravillosas de aquellos cine-clubs o, en este caso, del novedoso C+, era el descubrimiento de mundos ajenos a tu vida hasta el momento. Aquí conocí a Quentin Tarantino como director y a la siguiente y aclamada “Pulp Fcition” ya fui hasta 3 veces al cine. Pero aquí surgió esa ventana selecta para descubrir nuevos talentos del cine moderno.

Joe (Lawrence Tierney) y su hijo Eddie (Chris Penn) son los encargados de montar una banda de desconocidos entre sí para robar unos diamantes, pero todo sale mal porque la policía les está esperando y debe haber un traidor infiltrado. Al llegar al lugar convenido para reunirse van saliendo a la luz los trapos sucios.

Maravilloso guión del propio Tarantino, con un reparto que ya ha pasado a la historia por los papeles desempeñados en ella. Harvey Keitel es el Sr. Blanco, Tim Roth el Sr. Naranja, Steve Buscemi el Sr. Rosa, Michael Madsen “Rubito” el Sr. Amarillo, Eddie Banker el Sr. Azul y el propio Quentin el Sr. Marrón.

Asombrosa ópera prima de Quentin Tarantino, con escenas que se pegan a tu pupila, como el inicio en la mesa del restaurante hablando sobre las canciones de Madonna o las propinas a las camareras, o la de M. Madsen bailando y torturando a un policía al ritmo de la música, o el tiroteo final. Sangre y violencia al servicio de las palabras que supuso la entrada por la puerta grande para un director que ha marcado el cine de los siguientes 30 años.

 

13.- Teniente corrupto de Abel Ferrara (1992)

Otra de esas películas que descubrí en C+. Abel Ferrara es uno de esos cineastas tan particular como enfermizo, llevando la trama por pasajes siniestros y oscuros, salvajes, sucios, corruptos y podridos, donde la religión, las drogas, las apuestas y el sexo componen una bajada a los infiernos en la persona de un teniente de la policía de Nueva York que se ve envuelto en una espiral de desesperación desenfrenada.

Su cine ya me había dejado un par de cintas interesantes (“China girl” y “El rey de Nueva York”), pero esta me hizo seguir sus siguientes pasos (“Secuestradores de cuerpos”, “The addiction” o mi favorita “El funeral”) dejando su impronta indeleble en la memoria de un chaval veinteañero que estaba descubriendo el mundo.

La cantidad de cine que descubrí en C+ gracias a mis padres es inabarcable. Había gente que solo lo quería por el futbol o por aparentar, pero yo lo estrujé al máximo y esta cinta fue una de esas ocasiones.

 

14.- Drácula de Bram Stoker de Francis Ford Coppola (1992)

Recuerdo que la vi en el Cine Gran Vía con mis amigos y, desde ese mismo momento, supe que me iba a acompañar el resto de mis días. La mezcolanza de terror, romanticismo, drama, fantasía y acción, con la maravillosa fotografía de Michael Ballhaus, la fantástica música de Wojciech Kilar, , el gran guión de James V. Hart basado en la mítica novela de Bram Stoker, y un reparto espectacular me robaron la razón desde el principio.

Las extraordinarias caracterizaciones de Gary Oldman como el Conde Drácula, Anthony Hopkins como Van Helsing, Winona Ryder como Mina, Sadie Frost como Lucy, incluso el mediocre Keanu Reeves como Jonathan Harker, consiguen que el enorme complemento de secundarios como Tom Waits como Renfield, Richard E. Grant como Jack Seward, Cary Elwes como Arthur, el prometido de Lucy, o Bill Campbell como el americano Quincey, pongan cara a cada uno de los personajes mitológicos de semejante obra. Hasta recordamos con enorme deseo a las novias del vampiro, Monica Bellucci, Michaela Bercu y Florina Kendrick.

Leí la novela por esa época y se convirtió en una de mis favoritas de todos los tiempos y, teniendo a “Nosferatu” (F.W. Murnau, 1922) como el referente absoluto, consiguió dejar el clásico de Bela Lugosi o el misticismo de la saga de Christopher Lee en un segundo plano.

Ganó 3 premios Oscar de los 4 a los que estaba nominada la película y supuso la última gran película de su director.

 

15.- Instinto básico de Paul Verhoeven (1992)

El thriller erótico por antonomasia lo vi en el extinto Cine Rex con una amiga. Un cine oscuro y mítico en la ciudad que, a los pocos meses, cerró. Estaba al lado de la Plaza del Ayuntamiento de Valencia, en pleno centro de la ciudad, pero ya no aguantó más y ahora creo que es un restaurante de esos que generan dinero por ser franquicias.

Paul Verhoeven ya estaba asentado en Estados Unidos y, con grandes nombres en la producción (Michael Douglas de protagonista, Mario Kassar en la producción, Jerry Goldsmith en la música o Jan de Bont en la fotografía) abordó el salario más alto pagado a un guionista, Joe Esztherhas, con la mezcla perfecta de sexo e intriga criminal. Todo el mundo recuerda el cruce de piernas de Sharon Stone, pero la tensión dramática es de primer orden. Además cuenta con un reparto que estaba repleto de caras conocidas y solventes como George Dzundza, Jeanne Tripplehorn, Mitch Pileggi o Stephen Tobolowsky.

Un agente de la policía se encarga del caso que involucra a una escritora cuyo amante ha sido asesinado exactamente como en una de sus novelas. La investigación involucra a su amante, la psicóloga del cuerpo policial y al agente, y la propia autora que inician una relación. La tensión aguanta el paso del tiempo porque, pasado el furor por la famosa escena, la intriga creó escuela y lanzó definitivamente la carrera de Sharon Stone o el paso de Jan de Bont a la dirección.

 

16.- El mariachi de Robert Rodríguez (1992)

No recuerdo muy bien donde la vi, aunque supongo que sería otra de esas sorpresas descubiertas en C+. El director tejano centró en una pequeña ciudad mejicana esta historia que mezcla acción, música, venganza, crímenes y mucho humor.

Un mariachi aparece en la ciudad buscando un trabajo a la vez que un criminal (Azul) sale de la cárcel para vengarse de un antiguo compadre que le traicionó y le robó. Ambos visten de negro y llevan un estuche de guitarra, el mariachi con su guitarra y el delincuente con armas. Moco, el capo del que intenta vengarse Azul, manda a todos sus hombres para acabar con él y la confusión entre ambos genera muchas situaciones que el director, en su 1ª película, soluciona creando tensión con el montaje, la cámara lenta, la música… y toneladas de sentido del humor.

El propio director se encargó de casi todo, dirigir, escribir el guión, la fotografía, el montaje y la producción junto al protagonista Carlos Gallardo.

Luego volverá a salir una película de R. Rodríguez, ya en Hollywood y con estrellas mundiales, pero aquí surge directamente de la oscuridad y la inocencia, obteniendo resultados muy originales. Una gamberrada muy curiosa que será el signo personal de su estilo.

 

17.- Vidas cruzadas de Robert Altman (1993)

Robert Altman era un director que llevaba tiempo buceando las oscuridades hollywoodienses, pero el año anterior volvió a asomar la cabeza con “El juego de Hollywood”. Aquí adapta unos relatos de Raymond Carver con la ciudad de Los Ángeles como protagonista. Muchos personajes conectados entre sí intentan lidiar con la vida que les ha tocado vivir, pero todos ellos confluyen en el dramatismo de la muerte, el amor, el suicidio, las infidelidades o el terror que irrumpen en sus vidas. La maestría con la que Altman rueda y monta todo el metraje es espectacular convirtiendo el alucinante reparto con el que cuenta en un collage perfecto de personalidades distintas.

Son 3 horas que te pasan en un suspiro, que yo pude vivir en el extinto cine Martí, cercano al colegio donde cursé COU y a la casa de muchos amigos, consiguiendo algo tan difícil como cruzar historias tan variopintas con la genialidad de no desvirtuar ninguna y entender la complejidad dramática de cada una de ellas. Una genialidad que devolvió a Robert Altman a lo más alto e hizo que siguiera sin medida sus trabajos posteriores que, por lo menos a mí, me gustaron más que al resto (“Kansas City”, “Cookie’s fortune”, “Gosford Park” o esa delicia televisiva que es “Robert Altman’s Jazz ´34”)..

 

18.- Amor a quemarropa de Tony Scott (1993)

Caso especial el de esta película. La vi en uno de esos cines de reestreno que sobreviven en la ciudad, el Cine D’Or, en una sesión doble en la que íbamos los amigos con interés por la otra y terminamos flipando con esta. Recordemos que, aunque Tony Scott había dirigido alguna cinta interesante, era el hermano de Ridley. Y el guión venía firmado por Quentin Tarantino con la ayuda de su amigo Roger Avary (ambos responsables de Pulp Fiction), pero no era ni sombra de lo que ha llegado a ser.

La historia cuenta la historia de amor entre Clarence y Alabama, partiendo de un cine de 2ª fila en Detroit hasta Los Angeles, con drogas, acción, sangre, mafia, sexo y un ritmo trepidante. Christian Slater, que ya había hecho algún papel notable (El nombre de la rosa, Rebelión en las ondas…) encarnó a Clarence, y Patricia Arquette, que no había pasado de papeles secundarios en películas olvidables, era Alabama, y conformaron dos interpretaciones únicas, salvajes, brillantes, apoyándose en expertos actores secundarios de primer nivel (Dennis Hopper, Christopher Walken, Gary Oldman, James Galdonfini, Samuel L. Jackson) y jóvenes con futuro estelar y prometedor (Brad Pitt, Val Kilmer, Michael Rapaport, Chris Penn, Tom Sizemore).

La acción es tan palpitante como la magnificencia de sus diálogos. La escena de Dennis Hopper explicando a Christopher Walken el origen negro de los sicilianos, o la lucha de Patricia Arquette con su asesino James Gandolfini son ejemplos de un guión mayúsculo. Imprescindible.

 

19.- En el nombre del padre de Jim Sheridan (1993)

Vi esta película en el Cine Martí con unos amigos y todos estudiábamos Derecho. El impacto fue tremendo. Un caso real que implicaba una trama criminal en el Gobierno para implicar a unos inocentes en unos atentados del IRA que conmovieron a toda la sociedad británica. La disputa de Giuseppe Conlon, su hijo Gerry y la abogada que, 15 años después, lucha por descubrir la verdad y limpiar el nombre de sus defendidos y liberarlos. El drama judicial es tan potente como el drama carcelario y ambos escenarios son de una potencia primordial.

Jim Sheridan vivía sus años de esplendor, empalmando grandes películas, con Daniel Day-Lewis al frente de varias de ellas, e Irlanda como decorado habitual de sus historias. Su éxito fue tremendo, pero se topó con el año que Steven Spielberg presentaba “La lista de Schindler”, y su brillantez se vio opacada por la obra maestra sobre los campos de concentración y la llamada solución final del problema judío.

Con un reparto plagado de nombres ilustres del cine británico, encabezado por Day-Lewis, Pete Postlethwaite y Emma Thompson, pasa a la lista de lo mejor de la década y una de esas películas que marcaron a toda una generación.

 

20.- Kalifornia de Dominic Sena (1993)

Un thriller oscuro y perturbador sobre los asesinos en serie que juntó a unos jóvenes actores en carrera ascendente y a un director novel que venía de dirigir video clips para estrellas de la música pop. La vi en el Cine ABC… Park y, más que la confirmación de Brad Pitt o Juliette Lewis como estrellas absolutas del panorama cinematográfico, y justo antes de que David Duchovny reventara las televisiones de medio mundo con «Expediente X”, supuso el descubrimiento de una actriz a la que me costó muchos años volver a ver en un papel a su altura y que me dejó totalmente alucinado por su presencia, atractivo e imán de todas las miradas cuando ella sale en pantalla.

Cuenta la historia de una pareja, él escritor y ella fotógrafa, que viajan a California y acogen a otra pareja de desconocidos para compartir gastos en un viaje de costa a costa norteamericana. En ese viaje descubrimos la verdadera personalidad de cada uno de ellos y, lo que más me gustó y atrapó, haciendo que lo que veíamos pareciera real.

Brad Pitt tardaría nada en convertirse en una estrella, demostrando que su talento era muy superior a lo que veían las chicas en su rostro, Juliette Lewis confirmaría las trazas que ya había demostrado en sus trabajos anteriores, y Duchovny revolucionó las series televisivas con su papel de Fox Mulder. Desgraciadamente me quedé con la imagen de Michelle Forbes en esta cinta, pues hasta su aparición en la adaptación norteamericana de la serie danesa Forbydelsen, The Killing, no volvió a noquearme como aquí.

Una película olvidada por casi todo el mundo, pero que a mí me gustó mucho en su momento y al volver a verla tantos años después.

 

21.- Reality bites de Ben Stiller (1994)

Otra de esas películas que tuvieron su momento, con escenas que pasaron a la cultura popular y dio una supuesta visión más trascendental a las relaciones de la generación X. Lelaina comparte el piso de alquiler con su amiga Vickie y su amigo Troy, y Sammy está casi siempre con ellos. Ella es ayudante de producción en una cadena televisiva, Vickie trabaja en una tienda de ropa y Troy es músico y lo han despedido de su curro en un quiosco, y ponen cara a las dudas existenciales y vitales de toda una generación de jóvenes que no saben cómo afrontar lo que se les viene encima. Ben Stiller dirige además de actuar en la película, dando a Steve Zahn, Janeane Garofalo y, especialmente, a Ethan Hawke y Winona Ryder el protagonismo absoluto.

La vi en el Cine Martí, cuando era un edificio grande con varias salas en las que elegir en la cartelera (nunca olvidaré que allí vi “El silencio de los corderos”) en una época bastante confusa y puede que solo tuviéramos que saltar y gritar a todo pulmón My Sharona en una gasolinera.

 

22.- Clerks de Kevin Smith (1994)

Otra de esas películas que descubrí en C+ porque había oído hablar de su director y su acogida en el festival de Sundance. Basado en los años que trabajó en una tienda de ese tipo, las relaciones con los clientes y amigos, Kevin Smith escribió este debut en el mundo del cine. Su impacto fue tremendo y me llevó a seguirlo durante los próximos años (“Mallrats”, “Persiguiendo a Amy”, “Dogma”), mostrando un sentido del humor muy adolescente, directo y cachondo.

Dante (Brian O’Halloran) trabaja en una tienda de 24 horas y Randal (Jeff Anderson) en el video club que hay justo al lado. A través de ellos cuenta un día en su vida, cuando la ex novia de Dante aparece en la prensa del día al casarse con su novio asíatico. Ello genera una serie de situaciones divertidísimas, muy espontáneas y con diálogos emblemáticos para toda una generación. Y eso que no le tocaba trabajar ese día.

La pareja de colgados que trafican con drogas en la puerta del establecimiento, Jay (Jason Mewes) y Bob “el silencioso” (Kevin Smith) fueron un referente en todas las charlas con amigos y la BSO acogió un tema de una de las bandas más emblemáticas de la época, “Got me wrong” de Alice in Chains. ¿¿¿¡¡¡36!!!???

 

23.- El profesional (León) de Luc Besson (1994)

No soy seguidor de Luc Besson, pero esta película me dejó alucinado desde que la vi en el Cine Tyris con una amiga. Tan solo por el descubrimiento de una actriz tan enorme como Natalie Portman ya merecería ese trofeo (os recomiendo que la veáis en versión original si podéis), pero además cuenta la historia de un profesional (asesino a sueldo) europeo en Nueva York, tan solitario y competente en su trabajo que la aparición de una niña de 12 años en su vida le tambalea de tal forma que su vida cambia.

Gary Oldman está muy pasado, Danny Aiello perfecto como el capo que organiza todo desde su restaurante italiano, pero la pareja formada por Jean Reno y Natalie Portman se llevan todos los honores en una cinta excesiva en casi todo, pero sensitiva y dramática en lo personal.

Bastante odiada por la crítica, desde el principio, pero que a un chaval de 20 años le abrió una rendija dentro de ese cine de acción y armas que no le solía gustar y le hizo seguir la carrera de sus protagonistas, aunque su director siguió demostrando que no le interesaba nada.

 

24.- Entrevista con el vampiro de Neil Jordan (1994)

Esta película la vi en el Cine Tyris, muy cercano al también extinguido Martí,  porque era muy fan de la saga vampírica de Anne Rice. Neil Jordan ya me había llamado la atención con un par de trabajos anteriores (“En compañía de lobos” y “Juego de lágrimas”), pero Brad Pitt aun no era la estrella universal en que se convertiría y Tom Cruise nunca había sido de mi agrado. De hecho, pese a ser recordado por multitud de películas (“El color del dinero”, “Top Gun”, “Rain man”, “Nacido el 4 de julio” o la saga Mission imposible), siempre he considerado que este es su mejor trabajo, dotando a Lestat de maldad, ironía, romanticismo necrológico y sarcasmo, además de presentarnos esa maravilla interpretativa que es Kirsten Dunst que, desde que dijo “quiero más”, me ganó.

Siempre ha sido denostada por la crítica, pero esa historia victimista del vampirismo, donde Lestat convierte a Louis en uno de ellos, pasando por el New Orleans de finales del siglo XVIII y principios del XIX, París o San Francisco, siempre me ha maravillado. Solo había leído la novela homónima hasta la fecha, pero me incitó a seguir adentrándome en la saga. A la mayoría de cinéfilos no les gusta, pero voy a hacer una cosa, volved a verla y “voy a daros la oportunidad de elegir que yo no tuve”.

 

25.- Killing Zoe de Roger Avary (1994)

La vi en el cine Metropol, un cine de reestreno valenciano, al ir por 3ª vez a ver “Pulp Fiction”, de la que Roger Avary también era guionista. Me la encontré sin querer y, aunque a Eric Stoltz lo conocía de la propia película de Tarantino, descubrí a Julie Delpy aquí, antes de sus colaboraciones con Kieslowski o Linklater.

Zed (E. Stoltz) es un especialista en cajas fuertes que regresa a Paría 11 años después porque su amigo de la juventud Eric le ha llamado para un trabajo. Al llegar llama para la noche a una joven prostituta (J. Delpy) con la que crea un vínculo especial. Eric le presenta a la banda y se lo lleva a conocer los bajos fondos de París entre drogas, alcohol, ruido y un ritmo frenético. Al día siguiente deben robar el Banco Internacional de París, único que permanece abierto durante la fiesta nacional francesa.

Adrenalítica, ruidosa, salvaje, que lleva el cine de Tarantino a un lado canalla que puede que no termine de cuajar, pero que me fascinó en su momento. Sangre, tiros, drogas de todos los tipos y un nihilismo increíble dotado de ciertas señas del noir clásico, pero con todos los condicionantes del mundo criminal galo.

Un thriller de acción sobre un atraco a un banco que convierte a París y su noche en un actor más y deja el excesivo trabajo de Jean-Hughes Anglade tan extremo como inolvidable.

 

26.- Heat de Michael Mann (1995)

Otra de esas películas que vi con mi hermana mayor en el extinto Cine Tyris valenciano, y marcaron el thriller de acción para toda una generación de jóvenes que no habíamos visto nada igual. Michael Mann, director, guionista y productor se basa en hechos reales acontecidos en Illinois en los años 60 para enfrentar, por primera vez, a Al Pacino y Robert De Niro, 2 de los más grandes de la historia del cine.

Neil (De Niro) y su banda criminal se dedican a atracar, y Vincent (Pacino) es un policía de Los Ángeles cuyo objetivo es atraparlos. Las 3 horas de metraje pasan en un suspiro al manejar de forma mayúscula la adrenalina de las soberbias escenas de acción y la calma sobria de las escenas más íntimas y familiares, tan importantes en las relaciones de todos los participantes. La crítica se postró ante la demostración de Mann y el recibimiento por el público fue magnífico, y podemos contar con las manos las cintas posteriores del género que merecerían compararse con ella.

El reparto es escandaloso, con Al Pacino al frente del sector policial, acompañado por Ted Levine, Wes Studi, y familiar, con Diane Venora y Natalie Portman. Robert De Niro encabezaba el lado criminal, con Val Kilmer, Tom Sizemore o Danny Trejo, y Ashley Judd o Amy Brenneman el familiar. Pero debemos unirles la aparición de nombres como los de Hank Azaria, Henry Rollins o o Jeremy Piven en papeles secundarios, completando un casting difícilmente superable.

 

27.- Smoke de Wayne Wang (1995)

Otras de esas películas que vi en los Cines Aragón, creo que con mi hermana Ana, y me ha acompañado durante todos estos años. Me descubrió a Wayne Wang y su cine tan particular, a Ashley Judd antes de convertirse en una estrella, volví a ver a Stockard Channing después de muchos años poniéndole cara a Rizzo en “Grease” cada vez que la ponía mi hermana pequeña, y me confirmó que Harvey Keitel, William Hurt o Forest Whitaker eran estrellas por derecho propio.

Auggie (H. Keitel) es el dueño de un estanco en Brooklyn y hace la misma foto todos los días a la misma hora desde la misma posición desde hace muchos años. Su estanco es el lugar de encuentro de un montón de lugareños, entre ellos Paul Benjamin (W. Hurt) un escritor viudo que fuma mucho y acoge a Rashid después de salvarle de morir atropellado. Rashid es el hijo de Cyrus (F. Whitaker), que no conoce su existencia, y tiene un taller de coches a las afueras y está casado y con un hijo. Ruby (S. Channing) aparece en el estanco y le dice a Auggie que su hija también es de él y vive en NYC con su novio camello y embarazada. Las relaciones que se establecen entre todos ellos, la poesía que acompaña a las imágenes y a las historias de cada uno, la magia que traspasa la pantalla le hizo ganar varios premios a nivel internacional y se rodó, a la vez, una 2ª parte del mismo estilo, aunque menos lograda, “Blue in the face”.

Con guión de Paul Auster o canciones de Tom Waits, se coló en nuestra memoria, cuando un cigarro o un secreto es la fuente principal de una película maravillosa.

 

28.- Sospechosos habituales de Bryan Singer (1995)

Creo que la vi en el cine Aula 7 (aquí vi “El Padrino III con mi hermana), junto a la Plaza de Toros de la ciudad, con una amiga y actualizó el thriller negro de manera maravillosa. El agente Kujan interroga en comisaría al único superviviente de un incendio en un barco en el puerto de Los Ángeles y Roger le cuenta toda la historia desde el principio, con todo lujo de detalles. La historia de cada uno de los participantes, sus motivaciones y todo lo que pasó desde que una rueda de reconocimiento les unió hace casi 2 meses.

Una de esas películas que se te quedan grabadas en la cabeza, con un final espectacular y un guión milimétrico, donde cada personaje da lo mejor de sí mismo, estando en cada momento en el momento preciso.

El reparto supuso lo mejor de la carrera actoral del menor de los Baldwin, Stephen, o la confirmación en el estrellato cinematográfico de un actor espectacular que la moral norteamericana ha intentado hundir por todos los medios, pero ciñéndonos a su profesión es un grande, caso de Kevin Spacey. Los rodean tipos tan solventes como Chazz Palminteri, Gabriel Byrne, Pete Postlewaite o Benicio del Toro, y secundarios fantásticos como Kevin Pollak, Dan Hedaya o Giancarlo Esposito, otorgando el primer Oscar para Spacey como Actor secundario y a Bryan Singer como guión original, antes de meterse de lleno en las películas de super héroes (X-Men, Superman returns).

 

29.- Beautiful girls de Ted Demme (1996)

Wiilie es un pianista que vuelve al pueblo para la fiesta de antiguos alumnos del instituto y reencontrarse con la familia, los amigos y aclarar las ideas de su vida. Mo, Tommy, Kev y Paul son sus amigos que le inundan de problemas y alcohol, pero se siente como en casa para resolver su relación con Traci. Un pueblo pequeño del norte de Estados Unidos, con nieve por todos lados, reuniones en el bar de Stanley, la llegada de la prima Andera, y las charlas con su vecina Marty ponen sus pies en el suelo, mientras su hermano Bobby y su padre siguen como siempre.

La treintena está a la vuelta de la esquina y los sueños de juventud se han desvanecido, y Ted Demme, el hermano pequeño del conocido Jonathan, nos regala una maravillosa y entrañable filmación sobre la vida y los momentos agrios y dulces que la acompañan. Porque todos tenemos una “Sweet Caroline” para cantar con los amigos y dejar de pensar en todo lo demás.

El reparto es genial, con Timothy Hutton, Noah Emmerich, Matt Dillon, Michael Rapaport, Pruitt Taylor Vince o David Arquette entre los chicos, y Natalie Portman, Mira Sorvino, Uma Thurman, Martha Plimpton o Rosie O’Donnell entre las chicas.

La vi en el Cine Gran Vía, en la Gran Vía Marqués del Turia de Valencia, ya desaparecido, muy cercano a una zona de marcha local, aunque muy poco después cerraría definitivamente.

 

30.- Abierto hasta el amanecer de Robert Rodríguez (1996)

Ya conocía a Robert Rodríguez por su capítulo de “Four Rooms” y, especialmente, por “El mariachi”. Esta la vi en el Cine D’Or, de reestreno, descubriendo a George Clooney o Salma Hayek, rescatando a Tom Savini, Fred Williamson o Cheech Marin, la seguridad de Harvey Keitel y la confirmación de Juliette Lewis como estrella del celuloide.

Aquí vemos una cinta dividida claramente en 2 partes. Una 1ª más cercana al thriller y a las road movies, con Seth (G. Clooney) y Richard (Q. Tarantino) dos hermanos criminales que han robado un banco y secuestran la autocaravana de Jacob (H. Keitel) y sus hijos Kate (J. Lewis) y Scott (E. Liu), para huir a Méjico y pasar la frontera, donde ha quedado con Carlos (C. Marin) para esconderse.

La 2ª parte está mucho más apegada a las comedias terroríficas, con vampiros, sangre y algunas de las escenas más recordadas del cine del tejano. El baile de Satanico Pandemonium (S. Hayek), la aparición de Sex Machine (T. Savini) o Frost (F. Williamson) o la música de Tito & Tarantula, con temazos como “After dark” o “Cucarachas enojadas”, te dejan una imagen indeleble de una película muy gamberra, excesiva, uniendo demasiados géneros y desmesurada en la supuesta aceptación del público que ya ha cumplido una cierta edad.

No es lo mejor de ninguno de los participantes, pero esta cinta dejó una huella que, todavía hoy, se recuerda.

 

 

CINE ESPAÑOL: 

Y el cine español también tuvo un papel importante en mi crecimiento de esa época. Como en los casos anteriores, recuerdo ir con mi hermana a ver algunas películas como “Átame” (Pedro Almodóvar, 1989) o que mis padres me enviaran de carabina con mi hermana mayor y su amigo a uno de los cines del pueblo vecino para ver “¡Qué tía la C.I.A.!” (Mariano Ozores, 1985) como excusa para achucharse, pero llegados los 90, hubo un puñado de directores jóvenes que me metieron de lleno en el cine patrio, tan particular como atrayente para un joven adicto a experiencias nuevas. Ahí va una pequeña selección de películas que, todavía hoy, me siguen gustando tanto como entonces:

 

1.- Alas de mariposa de Juanma Bajo Ulloa (1991)

Otro de esos descubrimientos que me regaló C+. El cine surgido del País Vasco, con Julio Médem, Álex de la Iglesia, Enrique Urbizu y Juanma Bajo Ulloa a la cabeza, nos dejó un puñado de películas inolvidables durante todos esos años, pero esta fue la 1ª que me dejó totalmente impactado. Juanma Bajo Ulloa destrozó las taquillas españolas con su posterior “Airbag”, pero sus primeros trabajos distaban mucho del humor. Aquí narra la vida de un matrimonio que quiere tener un hijo, pero el embarazo deviene en niña, una niña con una sensibilidad especial y unos ojos azules alucinantes. Con los años sí tienen un hijo varón, provocando un cisma en la relación entre los padres y la niña.

Misteriosa, aterradora, cruel, oscura, siniestra, incluso enfermiza en algunos aspectos, muestra la visión especial de un director que se salía de la norma de la época. Los fantásticos Silvia Munt y Tito Valverde dan vida al matrimonio, y Laura Vaquero de niña y Susana García de joven ponen rostro a Amy.

El drama hilado con perfección claustrofóbica demuestra un genio especial para el plano visual y un talento en ciernes.

 

2.- Un lugar en el mundo de Adolfo Aristaraín (1992)

Una de esas películas que me descubrió el cine argentino y de Adolfo Aristaraín. Apenas conocía nada de ello, pero su nominación al Oscar (aunque terminó retirada por un conflicto interno) me hizo lanzarme a verla en el cine ABC… Park valenciano, uno de esos que todavía sigue abierto, con muchas de salas pequeñas en lugar de las pocas grandes que había por entonces.

Conocía de sobra a José Sacristán, pero me descubrió a Cecilia Roth y, especialmente, a uno de los actores más impresionantes que ves al visionar una película. Porque Federico Luppi es algo más que un actor, es una presencia, una voz, una manera de ver las cosas.

Hans (J. Sacristán) es un geólogo que viaja a la región argentina de San Luis para trabajar para el potentado local en busca de petróleo. Allí conoce a Ernesto (Gastón Batyi) y a sus padres Mario y Ana, que vivieron en el pasado en Madrid y volvieron tras la dictadura militar para montar una cooperativa que ayude a los vecinos. La visión del director sobre la justicia, el compromiso o la nostalgia de los recuerdos es de una viveza tan sincera y emocionante que la convirtió en un referente absoluto en mi vida cinéfila. Seguí su carrera desde entonces, convirtiéndose en uno de mis favoritos, y la simple presencia de Luppi o Roth en una producción ya la hacían atractiva para mí. Puede que no te guste, o que no significara para ti lo que supuso para mí, pero es una de esas cintas que te abren una puerta y, para mí, jamás se cerró desde entonces.

 

3.- Todo es mentira de Álvaro Sánchez Armero (1994)

Esta película no es nada, no gusta a nadie, no supuso casi nada para los que participaron en ella, pero a mí me encanta. La vi en el Cine ABC…Park, pero cuando la pusieron en tv la grabé en un vhs y la vi un montón de veces, varias de ellas cuando venía mi prima María a casa porque le encantaba Coque Malla y Los Ronaldos.

Pablo (Coque Malla) lo odia casi todo, pero conoce a Lucía (Penélope Cruz) y viven juntos. Sus caracteres son totalmente opuestos y, tanto los amigos de él como la familia de ella, son puntos sobre los que discutir.

La juventud del momento, viviendo en el Madrid clásico, con todos los problemas y situaciones de pareja que sirven para acometer con frescura y destreza una comedia romántica ágil y divertida.

Se nutre del imán que Coque y Penélope trasmiten, pero también de los conocidos rostros secundarios (Christina Rosenvinge, Jordi Mollá, Fernando Colomo, Gustavo Salmerón, Mónica López) o de los cameos cachondos de Ariadna Gil, Santiago Segura o Javier Manrique.

Obtuvo 2 nominaciones a los Goya, pero no va más allá de diálogos y pensamientos ingeniosos, y muy de su época, y unas ganas desesperadas de ir a Cuenca.

 

4.- El día de la bestia de Álex de la Iglesia (1995)

Estos 90 fueron una época de muchas películas emblemáticas, pero “El día de la bestia”, sin duda, fue una de las más significativas. Ya conocía a Álex de la Iglesia y Álex Angulo porque mi amigo Emilio me descubrió esa maravilla de cortometraje que es “Mirindas asesinas”, y con Santiago Segura me pasó lo mismo porque, además de sus papeles secundarios, descubrí en su casa a “Evilio vuelve (El purificador)”, otro de esos cortos que inundaban nuestras televisiones y festivales de cine.

Un sacerdote vasco, catedrático de Deusto, viaja a Madrid porque cree averiguar la fecha del nacimiento del Anticristo, esa Nochebuena. Allí conoce a José Mari, que trabaja en una tienda de discos, amante del metal extremo, que le ayuda en su propósito, y al Profesor Cavan, un sinvergüenza de la televisión que presenta un programa sobre el ocultismo. Imágenes icónicas como verlos colgados del cartel de Schweppes, las peleas en que se ve envuelto el padre Ángel o las Torres Kyo como el lugar elegido para la descomposición del mundo.

Música heavy (BSO compuesta por Def Con Dos, Ministry, Ktulu o Negu Gorriak), un ritmo espectacular y el gran acierto de mezclar lo sobrenatural y fantástico con la comedia, suponiendo un montón de premios y el nacimiento definitivo de un icono del cine patrio como es Santiago Segura.

La vi en el Cine Gran Vía, una sala en la que disfruté de algunos clásicos definitivos del séptimo arte (“Terminator 2: el día del juicio final” o “Thelma & Louise”) y ya desapareció hace mucho, demasiado tiempo.

 

5.- Hola, ¿estás sola? De Icíar Bollaín (1995)

Lo especial de esta película es que supuso el descubrimiento de la Icíar Bollaín directora y de las actrices Silke y Candela Peña. Todos recordamos a la Icíar niña de “El sur”, pero aquí empezaba una carrera como directora fantástica. Silke supuso un soplo de aire fresco que, en esos años, causó mucho impactó. Y Candela Peña ya demostraba un carácter y una personalidad espectaculares y le han llevado a tener una carrera longeva y más que notable. Además se acompañaban de insignes como Álex Angulo o Elena Irureta y de jóvenes que supondrían el futuro para el cine español como Daniel Guzmán y, especialmente, un joven Antonio de la Torre.

2 amigas que viven en Valladolid deciden largarse para ganar pasta y buscar su lugar en la vida. Primero en Málaga y luego en Madrid viven una noria de vivencias y emociones que relatan de manera sencilla y directa el sentido de la amistad y el amor. La frescura de su guión y la química de sus protagonistas la convirtieron en una pequeña sorpresa que dejaron claro que ahí había mucho material para pulir y extraer oro.

 

6.- Tengo una casa de Mónica Laguna (1996)

Una película pequeñita sin ninguna pretensión y que, desde que la vi en C+, me conquistó, porque sin ser nada del otro mundo y sin pretenderlo, siempre me hacía sonreír y mejoraba mi ánimo cuando la veía en esa cinta de VHS que había grabado del Plus. Recurrente en las visitas de mi prima María y con una banda sonora maravillosa por parte de Los Enemigos, tan perdedores como el Bólido, el personaje que interpreta Nancho Novo.

Nico es un guitarrista expulsado de la banda que recorre las fiestas y festejos populares, y Ferrari un sinvergüenza que se ve solo con un cochambroso 1500 al dejarle la novia a mitad camino. Su unión les lleva a una casa perdida en el bosque que es del Bólido, recientemente despedido y dejado por su chica. Allí conocen a Kelly, una joven salvaje enamorada del Bólido que les ayuda a arreglar el coche.

Su falta de exigencias, su simpleza y amabilidad la han apartado del gran público, pero siempre ha permanecido fiel en mi memoria. Ernesto Alterio y Silke estaban comenzando en el cine español y las apariciones secundarias de El gran Wyoming o Santiago Segura la hacen más entrañable con el paso de los años. Un pequeño recuerdo de tiempos pasados.

 

7.- Tierra de Julio Medem (1996)

La expresión máxima del cine de Julio Medem. Ya me gustaron mucho “La ardilla roja” y, especialmente, “Vacas”, pero aquí me convirtió en un devoto seguidor. La vi de reestreno en el cine D’Or y salí totalmente enamorado de su propuesta, tan psicológica como romántica, tan especial.

Volvía a reunir a Carmelo Gómez y Emma Suárez, que llevaban unos cuantos trabajos juntos, y tiró de actores habituales en sus obras como Nancho Novo o Karra Elejalde, además de convertir a Silke en el icono en que se convirtió en esa época.

Ángel (C. Gómez) llega a un alejado paraje rojizo para fumigar la tierra que está plagada de cochinilla. Allí conoce a Ángela (E. Suárez) y su familia, su marido Patricio (K. Elejalde), su padre Tomás (T. Blasco) y su hija Ángela (A. Sánchez), pero también a Alberto (N. Novo) y su hermana Mari (Silke). Su doble personalidad le lleva a entablar distintas relaciones con todos y la magia del guión y los personajes van de la mano de otros elementos tan importantes en sus propuestas como la música (obra de Alberto Iglesias) o la fotografía (responsabilidad de Javier Aguirresarobe).

La electricidad del cielo  es tan fascinante como la poesía que emana de sus imágenes. Puede que no entres o no te guste ese tipo de cine, pero si abres la puerta del todo estás perdido.

 

8.- Tesis de Alejandro Amenábar (1996)

Sí, claro, no podía faltar la película que más impactó en los años en 90 en nuestro país. Fue el descubrimiento de un director brillante y de un modo de hacer cine muy fresco y novedoso con base en el clasicismo.

Ángela (A. Torrent), estudiante de imagen en la universidad, prepara su tesis sobre la violencia en el cine y la televisión. Ello le lleva a conocer a Chema (F. Martínez) e investigar sobre las cintas de terror y gore que él tiene. El maestro Figueroa, que le lleva la tesis, aparece muerto y ella se hace con la cinta que le ha provocado la muerte, siendo el profesor Castro el que toma el relevo. Y la aparición de Bosco, el guaperas de la universidad, termina por descolocar a la estudiante por completo.

La mezcla de terror, intriga, drama, morbo y una tensión en constante crecimiento, convirtieron a Alejandro Amenábar en el futuro del cine español. Rescató a Ana Torrent, ya adulta, de la imagen infantil con la que todos la recordábamos, y nos presentó a Fele Martínez, extraordinario en su papel de rebelde maleducado y extraño, y a Eduardo Noriega, guaperas oficial del cine patrio.

Su éxito fue abrumador y, pese a dejarla pasar, la rescaté en un cine de reestreno de doble sesión, el D’Or, dejando el nombre del director grabado a fuego en mi mente, y siguiendo su carrera desde entonces. Obtuvo 7 Goya, incluyendo película y guión, y el futuro otorgó a Amenábar muchos más Goya y premios internacionales, incluso un Oscar a Mejor película extranjera por “Mar adentro”.

 

9.- Cosas que nunca te dije de Isabel Coixet (1996)

Esta película supuso varios descubrimientos para mí. La descubrí en C+, en una cinta que dejé a grabar y me dejó totalmente k.o. Mucha gente no disfruta del cine de Isabel Coixet, pero a mí siempre me ha fascinado, desde que  la conocí con esta película. Apenas conocía a Lili Taylor de algunos personajes secundarios que había hecho, hasta que me enamoró en “Vidas cruzadas” de Robert Altman y, de repente, era protagonista en el 2º trabajo de una directora española que manejaba unos hilos muy distintos al cine comercial que mandaba. Aquí hacía un canto sincero y arriesgado sobre la soledad y la derrota.

Don es un vendedor de casas que, por las noches, colabora con el teléfono de la esperanza, y Ann es una joven que trabaja en una tienda de fotografía y video cuyo novio se ha ido a Praga por trabajo y la acaba de dejar por teléfono. Sus vidas se cruzan cuando él va a comprar una cámara para su trabajo y nada vuelve a ser como era. Ella está haciendo unos videos para que su novio sepa lo que realmente pasa por su cabeza.

La frescura con la que está rodada, la verdad que transmite, sin artificios, la belleza de la cotidianidad y el magnetismo de sus protagonistas, especialmente Lily, la convirtieron en una de esas películas a las que recurría habitualmente cuando me la compré en DVD, porque todos merecemos probar el Chocolate Chocolate Chip o el Capuccino Commotion.

 

10.- Familia de Fernando León de Aranoa (1996)

Santiago celebra su cumpleaños y contrata a una compañía de actores para que se hagan pasar por su familia. Su madre, su esposa, sus 2 hijos, su hija, su hermano y su cuñada, todos son actores interpretando un papel. Es un día especial y la tarta con las velas, los regalos, las felicitaciones, la barbacoa para cenar, etc… todo son piedras que deben sortearse para cumplimentar el contrato firmado.

Fernando León de Aranoa llegó al cine por la puerta grande. Guión y dirección son suyos, y contó con un reparto solvente encabezado por Juan Luis Gayardo y Amparo Muñoz, pero cerrado con un plantel fantástico con Chete Lera, Ágata Lys o los inicios de Elena Anaya. Es una película muy acertada, inteligente y con un ritmo fantástico al desarrollarse en un día en un único escenario y mezclar la comedia y el drama de forma tan sugerente. Supuso el inicio de la exitosa carrera de su director, logrando el Goya a mejor director novel, anticipo de todos los que recibiría en el futuro.

Fue otro de esos descubrimientos vistos en C+, porque también el cine español proporcionaba alegrías inesperadas.

 

Podría extender  más la añada, pero a los pocos meses terminé la universidad y ya debería parar en algún momento. Son años de más películas que marcaron a mucha gente, como “Trainspotting” (Danny Boyle, 1996), “El gran Lebowski” (Joel Coen, 1998), El club de la lucha” (David Fincher, 1999) o “Matrix” (Hermanas Wachowski, 1999). También llegó José Luis Garci a La 2 de Televisión Española con su maravilloso “¡Qué grande es el cine!”, donde conocí y descubrí tanto cine clásico que daría para otro artículo, pero ya tenía un título universitario y la vida debía cambiar, aunque nadie es perfecto y ese fue el inicio de otra gran amistad.

by: Eduardo Garrido

by: Eduardo Garrido

Roquero, cinéfilo, lector empedernido que estudió Derecho para trabajar en una biblioteca y disponer de pelis, discos y libros a mano

1 Comentario

  1. Mercedes

    Fabuloso . como siempre.

    Responder

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