Ahora que ha fallecido Kirk Douglas creo que es buen momento para recordar una de sus mejores películas.

  Vayamos por partes. En 1934, el escritor canadiense Humphrey Cobb leyó en un periódico una extraña noticia que rezaba: “Francia absuelve a cinco fusilados por amotinamiento en 1915. Dos de sus viudas reciben una indemnización de un franco cada una”. Cobb, que había participado en la Primera Guerra Mundial, descubrió que, tras el fracaso de una ofensiva militar, el general francés Réveilhac había ordenado fusilar a cinco cabos elegidos al azar de entre sus propias filas. Un escarmiento ejemplar que culpaba del fracaso militar a las tropas (cobardes e insubordinadas) y no a los mandos. Incluso se llegó a ordenar bombardear las propias líneas para obligar a salir de las trincheras a los soldados. La absolución de los cinco fusilados llegaba demasiado tarde pero al menos se restauraba su honor. Inspirándose en estos hechos, Cobb publicó Senderos de gloria en 1935, un libro que conmocionó a un joven Stanley Kubrick. Años más tarde Kubrick colaboraría en la elaboración del guión.

Dicho guión fue dando tumbos por los estudios de Hollywood sin que ninguno de ellos quisiera llevarlo a cabo. Cuando llegó a manos de Kirk Douglas éste se quedó prendado y se comprometió personalmente para llevarlo a cabo. Una vez que Douglas apoyaba el proyecto, la United Artists decidió darle luz verde, era un presupuesto moderadamente bajo que seguro que recuperaría la inversión al tener en el reparto a una gran estrella como Douglas. Stanley Kubrick era un director joven que había causado buena impresión con sus dos primeros trabajos y era barato.  Cabe destacar que el final presentado a United Artists era un happy end que nunca llegó a rodarse, siendo una treta para convencer a la productora. Una vez rodado el film, se decidió no modificar el final.

El film viene a incidir sobre la idea de que la guerra sirvió para satisfacer los intereses de un puñado de militares de alta graduación de uno y otro bando. Ya desde el inicio nos deja claro quien mueve los hilos en la guerra y con qué fines lo hacen. En la conversación inicial entre dos altos mandos militares franceses, rodada con una maestría exquisita, Kubrick nos evidencia que la muerte de miles de soldados en el campo de batalla no parece tener ninguna importancia para los mandos si estos consiguen ascender en la jerarquía. Las ambiciones personales se anteponen a las vidas de sus tropas. Cualquier medio es lícito para lograr escalar en el escalafón militar, ello incluía ataques sin ninguna posibilidad de éxito, bombardear a sus propias tropas y fusilamientos por cobardía.

 Ya hemos visto que intentar justificar un fracaso mediante la insubordinación de los soldados y la forma de evitarlo fusilando a tres de ellos al azar para dar escarmiento son hechos que acontecieron realmente en la gran guerra. Así mismo, el hecho de bombardear tus propias posiciones para obligar a las tropas a avanzar parece que no fue algo infrecuente en la Primera Guerra Mundial. Kubrick parece decirnos que la guerra saca siempre lo peor del ser humano.

 Kubrick nos sitúa luego en una trinchera y nos muestra las trágicas repercusiones de las decisiones tomadas por el alto mando. El personaje de Kirk Douglas es consciente del hecho que debe liderar a sus hombres a una muerte casi segura, pero aun así debe hacerlo. Es el dilema moral de este personaje lo que dignifica al ser humano. El coronel Dax defenderá (también con muy pocas posibilidades de éxito ) a los tres soldados elegidos al azar para ser juzgados por cobardía.  Sin moralinas ni patriotismos baratos Kubrick aboga por luchar por lo que uno cree justo aunque no haya ninguna posibilidad de éxito. Es este hecho el que realmente diferencia a un héroe de alguien que sólo cumple órdenes y se escuda en ellas. Kubrick ataca así ferozmente al estamento militar.

 Técnicamente el film es impecable.  Kubrick, en su habitual y obsesiva búsqueda de la perfección, repetía las escenas decenas de veces hasta que le satisfacía el resultado. Sólo por la escena de la conversación entre la pareja de altos mandos Kubrick demuestra un excelente dominio de la técnica. Tanto la fotografía como los movimientos de cámara son sensacionales. Nada es aleatorio ni está dejado al azar, todo tiene su significado y hasta el más mínimo detalle, frase o mirada están perfectamente estudiados. Las espectaculares escenas de las cargas contra la trinchera enemiga con Kirk Douglas arengando a sus soldados son impactantes. Cabe destacar que Senderos de gloria contiene algunos de los mejores travellings de la historia del cine.

 Debo mencionar la escena final en la que una joven muchacha canta una canción en alemán ante las tropas francesas. Escena que se puede interpretar como que, al fin y al cabo, todos somos iguales y no existen tantas diferencias entre los ciudadanos de países rivales. Todos han perdido familiares y amigos en una contienda en la que solamente salen ganando unos pocos. La inicial burla de los soldados franceses se va tornando en comprensión e incluso emoción. La muchacha alemana está interpretada por Suzanne Christiane, quien sería la tercera y definitiva esposa de Kubrick.
 Obviamente, el film no gustó en la Francia de De Gaulle (que había combatido en la contienda) por la imagen que se transmitía del ejército francés. El film no sólo levantó ampollas en el país galo,  también estuvo prohibido en la España del general Franco y no se estrenó hasta 11 años después de la muerte del dictador.

Resumiendo, Senderos de gloria es una maravilla antibelicista. Una de las mejores películas (anti)bélicas de la historia y probablemente la mejor sobre la Primera Guerra Mundial.

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