¡Qué coño pasa!.¡No os dais cuenta de que estamos dando pasos para atrás a un ritmo enloquecido!. Ni el jodido P.M.R.C. en los tiempos más rancios de los norteamericanos, cuando culpaban al rock, cine de terror y videojuegos de todo aquello a lo que no podían culpar a la U.R.S.S. parecía envuelto en una espiral tan enloquecida. Por cierto, que a los supuestos puritanos del P.M.R.C. los comandaba Tipper Gore, esposa de ese al que ahora pontifican por querer consolidarse como adalid de la lucha contra la contaminación. Si ese. Porquería y basura a izquierda y derecha. La piel tan fina que parece que se va a romper con tan solo mirarla. Eso si. Me tapo el ojo, el derecho o el izquierdo, según la filiación en la que me alinee, que nos estamos convirtiendo en el país de los tuertos, ojo avizor contra el que no piensa como yo. Ojo distraído para «los míos».

No sé si será la falta de cultura. Sociedad orgullosa de no leer libros. Con memes manipulados y patrocinados en Facebook, y grupos de Whatsapp nos sobra. Así nos luce el pelo. Ahora toca cargar contra la música. Sacando las tijeras del viejo cajón. Donde debieron pudrirse junto con el viejo régimen caduco. Pero no. Cualquier cosa vale y siempre tenemos palmeros oportunistas para jalear las prácticas o torcer el gesto indignado. Según donde sople el viento.

Gobiernos locales prohibiendo conciertos. Partidos políticos pidiendo lo mismo. Asco a la derecha e izquierda. Confusión vomitiva. Al final una sola idea separada por colores. ¿Por qué nos toman por gilipollas?. ¿Por qué se creen en el derecho divino de velar por nuestra integridad moral?. ¿Acaso creen que no somos capaces de tomar nuestras propias decisiones?. ¿O no les interesa que las tomemos?

Pobre de aquel que se cree con el derecho a censurar. Maldito aquel dispuesto a vetar un mensaje. Cansado de la superioridad moral que al final termina convertida en podredumbre. La persecución a la música no es una novedad en este país. Ni patrimonio de nadie. Por desgracia. Por desgraciados. Somos lo suficientemente maduros como para no consumir lo que no nos gusta. Para no comulgar con un mensaje que nos resulta ajeno. No necesitamos censores. Mucho menos, que encima pretendan convencernos de que lo hacen por un bien público, un servicio social, un acto de justicia.

Mi apoyo a todo el que hace música. Me da igual que sea un rockero, un cantautor o alguien haciendo trap. Mi pasta para el que me convenza con su arte. Mi indiferencia para el que no lo consiga. Mi asco para quien pretenda imponernos su voluntad. ¿Censura?. ¡Que os jodan!.

 

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Licenciado en el arte de apoyar el codo en la barra de bar. Comencé la carrera de la vida y me perdí por el camino, dándome de bruces con el rock and roll. Como no pude ser una rock star, ahora desnudo mi alma cual decadente stripper de medio pelo en mi blog, Motel Bourbon.

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