Viernes. Madrid. Un sol de esos que dicen de justicia. Pero daba igual.

Conforme se iba avanzando en el recinto de la Caja Mágica algo, de naturaleza incomprensible invadía el ambiente. Sonidos. Melodías. Vibraciones. Vita Imana habían comenzado su espectáculo. A semejanza de su último disco Bosa, el tándem de “Calima” y “No en mi nombre” golpearon con fiereza al cielo e hicieron que, aunque pareciese imperturbable, se rompiese por dentro. No había tiempo para el descanso, tampoco ganas. “Desfiguradas” confirmó la primera impresión, que seguiría como una constante hasta el final, y dejó claro que Mero Mero es un frontman a la altura. Meter en el interludio de esta pieza la canción de El Príncipe de Bel Air sólo está al alcance de los más grandes. El resto siguió como era esperado, es decir, una auténtica pasada. “Gondwana”, “Paranoia”, “Animal” cayeron como el maná para los que allí nos encontramos, deseosos de dejarnos contagiar por su música. Finalizaron con “Un nuevo sol” y, aunque al mirar arriba el que nos alumbraba era el de siempre, preferimos el que nos regalaron Vita Imana.

 

 

Con puntualidad sonaba la intro de Children Of Bodom. Y a las 20:00 el riff de “Are You Death Yet?” hizo que la sensación vivida en el Escenario 1 se mudase al Escenario 2. La claridad que aún reinaba no fue un impedimento para que Laiho y sus secuaces nos inundasen de esas melodías que tanto identificamos con el metal finés. Pero ellos, tienen una manera única, inimitable, de hacer metal, y lo dejaron claro con clásicos como “In Your Face”, “Hate Me”, “Downfall” y “Angels Don’t Kill”, la gran sorpresa del set. Un set también en el que temas de Hexed, como “Under Grass And Clover”, y que concluyeron con “If You Want Peace, Prepare For War”. Está claro que nadie quería paz, la gente quería Bodom. Pero el tiempo es el que es y siempre sabe a poco.

 

 

En las horas siguientes se instauró una gran variedad de sensaciones musicales que, convivieron para disfrute de los asistentes. Mientras Papa Roach daba lecciones de pegada, actitud y espectáculo; Brutus hizo de contrapeso a base de temas a medio tiempo, voz melancólica y ritmos con una cadencia que hacía que tu mente viajase a otro estado. Aunque los responsables de brillar durante el crepúsculo fueron los bilbaínos The Wizards, que con su rock químicamente puro nos recordaron por qué en la música la actitud lo es todo. Y con esto no digo que carezcan de calidad musical, que les sobra. Sin duda la gran sorpresa del viernes.

 

 

Ya entrada la noche Sabaton arrasó en el Escenario 2 con su habitual puesta en escena que nunca defrauda. Sonando con una solidez envidiable, hicieron que el público corease todos y cada uno de sus temas. Sobre todo los ya clásicos “Ghost Division”, “Shiroyama” y “Primo Victoria”, “Swedish Pagans” y “To Hell And Back”.

 

 

Cuando el concierto de los suecos iba llegando al final, ya había mucha gente a la espera de que Scorpions desembarcasen en el Escenario principal. Y, como es obvio, nada más hacerlo todos enloquecimos. Aquí dejadme que sea un poco más libre. Con bandas como Scorpions, da un poco igual hablar de qué canciones tocaron, el sonido y todo eso. En serio. Es que no pienso ni molestarme. Creo que es mucho más importante hablar de lo que hicieron anoche. No fue solamente tocar, nos llevaron a todos los allí presentes a un lugar seguro. Un sitio en el que no existen los problemas ni el dolor. Donde solamente hace falta una sonrisa para entrar. Sus canciones han dado varias veces la vuelta al mundo mucho antes de que la mayoría de los allí presentes llegásemos. ¿Qué tenemos que decir? Ellos ya lo han dicho todo. Nosotros sólo podemos hacer una cosa. Escuchar. Escucharles todo el tiempo que quieran seguir hablándonos. Y cuando callen, sus palabras siempre nos acompañarán al soplar el viento.

 

 

Aún así, la jornada no había terminado. Quedaban Turbonegro, poca broma. Personalmente, tenía muchísimas ganas de verlos ya que Rock’n’Roll Machine me parece una obra maestra. Por lo tanto, podéis imaginaros cómo flipé cuando sonaron “Hurry Up And Die”, “Hot For Nietzsche” y “Special Education”. Ojala hubiesen tocado todo el disco, ahora mismo seguiría flipando. Pero yo soy un neófito en la discografía de estos ilustres señores, por lo tanto no podían marcharse sin tocar “All My Friends Are Dead” y, cómo no, “I Got Erection”. Fue totalmente inesperado, para mí claro, que se arrancasen con “School’s Out” de Alice Cooper. Y así lo celebró también el público, al cual le daba igual llevar desde la tarde para darlo todo con ellos.

 

 

Ahora sólo me queda relajarme hasta que llegue la hora de volver. Demos gracias a los festivales que hacen que por unos días nuestra pasión sea nuestra rutina.

 

[divider]FOTOS CEDIDAS POR LA ORGANIZACIÓN[/divider]

 

 

by: Pablo Ruiz

by: Pablo Ruiz

Aporreador de cuerdas tensadas que emiten bajas frecuencias. Interesado en la buena música y en todo lo que la envuelve. Aficionado a juntar letras con cualquier tipo de excusa.

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