obedece por acuerdo, pero algunos
pacen como caballos solos viviendo en un
establo universal temerosos de Dios,
sin el viento en la cara, ni el agua fresca
del río en los pies. Y dentro de ese establo
se cruzan distraídos, familias peatonales
que saben que no se ven en la línea del amor
para afianzar así su reencuentro en la eternidad.





















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