Seguimos con el amigo Whitman, y su Canto a mi mismo en la versión primera de 1855. En ella el poeta nos habla de su hospitalidad y humanidad. Así como de su capacidad de observación hacia lo que sucede a su alrededor. Y de manera delicada describe el comportamiento juvenil propio de la época de verano.

 

 

CANTO A MÍ MISMO – WALT WHITMAN

 

 

The runaway slave came to my house and stopped outside,
I heard his motions crackling the twigs of the woodpile,
Through the swung half-door of the kitchen I saw him limpsey and weak,
And went where he sat on a log, and led him in and assured him,
And brought water and filled a tub for his sweated body and bruised feet,
And gave him a room that entered from my own, and gave him some coarse clean clothes,
And remember perfectly well his revolving eyes and his awkwardness,
And remember putting plasters on the galls of his neck and ankles; 
He staid with me a week before he was recuperated and passed north,
I had him sit next me at table . . . . my firelock leaned in the corner.

 

Twenty-eight young men bathe by the shore,
Twenty-eight young men, and all so friendly,
Twenty-eight years of womanly life, and all so lonesome.

 

She owns the fine house by the rise of the bank,
She hides handsome and richly drest aft the blinds of the window.

 

 

Which of the young men does she like the best?
Ah the homeliest of them is beautiful to her.

 

Where are you off to, lady? for I see you.
You splash in the water there, yet stay stock still in your room.

 

Dancing and laughing along the beach came the twenty-ninth bather,
The rest did not see her, but she saw them and loved them.

 

                                        ♦    ♦    ♦

 

El esclavo fugitivo vino a mi casa y le detuve,
escuché sus propuestas, crepitantes las ramas del montón de leña,
Por la oscilante puerta entreabierta de la cocina, le vi cojo y débil,
y fui donde él, sentado en un tronco y le conduje dentro y le tranquilicé,
y le llevé agua y le llené una bañera para su sudoroso cuerpo y magullados pies,
y le ofrecí mi propia habitación a la que entró y le di algo de gruesa ropa limpia,
y recuerdo perfectamente bien sus renovados ojos y su incomodidad,
y me recuerdo poniéndole tiritas sobre las rozaduras de su cuello y tobillos;

 

Se quedó conmigo una semana antes de haberse recuperado y haber pasado al norte,
Le ofrecí asiento a mi lado en la mesa. . . . mi arma con el seguro apoyada en el rincón.

 

Veintiocho jóvenes se bañan en la costa,
veintiocho jóvenes y todos, tan amigablemente
veintiocho años de femenina vida, y todos tan solitarios.

 

Ella es la propietaria de la bonita casa que sube por la ladera,
Oculta su bonito y adornado vestido tras las persianas de la ventana.

 

¿Cuál de los jóvenes le gusta más?
Ah! el más casero de ellos es hermoso para ella.

 

¿En qué estás pensando, señorita? porque te veo.
Chapoteas en el agua ahí, sin embargo permaneces en reserva aún en tu habitación.

 

Bailando y riendo por la playa llega el vigésimo noveno bañista,
Los demás no la ven, si bien ella les vio y les amó.

 

 

Walt Whitman
Leaves of Grass (1855)
Traducido del Electronic Text Center, University of Virginia Library

 

 

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