mdLa enorme falta de ideas del cine actual puede haber servido para que George Miller revisite ese polvoriento futuro post-apocalíptico que nos tanto nos gustó en su saga de Mad Max.

¿Es esta Mad Max: Fury road una secuela, una precuela o un reboot?  Poco importa. Lo único que le podíamos pedir a esta revisión es que fuera lo suficientemente violenta, salvaje y macarra como lo fue Mad Max 2 (la mejor de la saga) hace ni más ni menos que 35 años. Cualquier otra cosa hubiera sido una gran decepción. Nadie quiere una revisión naif/edulcorada/adolescente de un clásico del cine post-apocalíptico ni otro insulso remake como Robocop. Por suerte, George Miller esta en plena forma a sus 70 años y nos entrega un gran espectáculo lleno de violencia y velocidad. Las escenas de acción son trepidantes y el espectador no tiene apenas ni un segundo de respiro. Mad max es un torbellino incontrolable de polvo y sangre. Es lo que todos esperábamos. Bravo.

Mad Max: Fury road es puro entretenimiento. Miller ha vuelto para reclamar el trono del cine de acción y velocidad que parece que le había robado la saga de The fast & the furious. Miller se ha adaptado increíblemente bien a las nuevas directrices de un género que él ayudó a parir. El tiempo no ha pasado en balde, su film tiene 2.700 cortes frente a los 1.200 de la segunda entrega. El cine de acción se ha hecho mucho más vertiginoso en estos años. Como bien se dice en la publicidad del film, el futuro pertenece a los locos. Amén.

Miller nos regala varias escenas simplemente geniales, desde el prodigioso inicio hasta la batalla final, el film está plagado de algunas de las mejores escenas de acción de los últimos 15 años. Y mira que hemos visto cine de acción (alguno realmente bochornoso). Mad Max: Fury road es un prodigio perfectamente rodado a la vieja usanza (sin dejar que lo efectos especiales tomen el control) y con un montaje alucinante. Escenas como la de la cadena o el árbol me dejaron clavado al asiento y con la boca abierta.

¿Y el guión? La historia es una mera excusa para las escenas de persecución. No hay más vueltas. La película es tan simple en su historia como compleja en su ejecución. Obviamente, se han invertido muchas más horas en el rodaje o en la sala de montaje que escribiendo el guión. Sin embargo, Miller ha sido lo suficientemente hábil para incluir atractivas novedades como la religión y las drogas como incentivos de las masas. Su villano es un tirano de libro que usa cualquier medio para dominar a su pueblo. La sociedad mostrada en el film ya no depende solamente del agua o la gasolina, también la sangre y las balas son fundamentales. La sociedad mostrada esta vez por Miller ha mutado de la anarquía a la tiranía existiendo un perverso orden social. En su mirada a la sociedad me pareció ver ecos de Jodorowsky, sobre todo en el uso de enanos y amputados.

Que tampoco nadie busque una aguda crítica social o profundidad psicológica en este tipo de cine.  No hay tiempo ni ganas de saber el pasado de los personajes. Con trazo grueso y leves apuntes Miller nos informa del carácter de cada uno de ellos. Es un mundo cruel en el que preguntar antes de disparar te costará la vida más pronto que tarde. Ni siquiera pierde tiempo en contarnos el pasado del protagonista, sería repetirse respecto a la película original. Con una voz en off y unos flashbacks tenemos resuelto el traumático pasado de Max. Miller va directamente a la acción y nos obliga a agarrarnos fuerte al asiento si no queremos salir despedidos de la sala de cine en la próxima curva o perder la cabeza con el próximo disparo. Yo me lo he pasado de coña. Debo destacar el sobresaliente diseño de producción. En especial, las máscaras, los vehículos y los volantes me han parecido fascinantes. Miller ha realizado al fin la película que muchos de sus imitadores llevan décadas intentando.

En cuanto a los actores, todos cumplen, el tándem formado por Tom Hardy y Charlize Theron conforma una atípica pareja protagonista de lo más efectiva. No es que Hardy tenga muchas líneas de diálogo, de hecho, durante buena parte del metraje se limita a monosílabos, pero el tipo sabe dotar a su personaje del carisma necesario y no imita a Mel Gibson. Como pasaba con la saga original, Max me parece el personaje menos interesante de todos. Por su parte,  Charlize Theron compone unaImperator Furiosa que se suma a esas sufridas heroínas que reivindican el personaje de la mujer dentro del cine de acción. Ya era hora que, salvo honrosas excepciones, las mujeres sean en el cine algo más que objetos sexuales y desvalidas damiselas. En esta Mad Max del siglo XXI las mujeres tienen mucho que decir. También aparecen  Zoë Kravitz y Rosie Huntington-Whiteley. Como dato curioso y guiño a los seguidores de la saga original tengo que destacar que Hugh Keays-Byrne (quien ya interpretó a Cortauñas en la primera película) vuelve a interpretar al villano de turno, un Immortan Joe realmente carismático. Un clásico desde ya mismo.

 Debo mencionar que me gustó la adrenalítica música del DJ Junkie XL (a base de tambores y guitarras), sin embargo, su música orquestada para los momentos más calmados me resultó demasiado obvia. Pueden ser manías mías.

No se pierdan Mad max: fury road, una montaña rusa mortalmente entretenida.

MAD MAX: FURY ROAD

by: Luis Cifer

by: Luis Cifer

Luis Cifer, nació en la ciudad del cierzo. Se dice que siempre viste negro, que Luis no es su nombre real y que duerme en la calle. Otros dicen que tiene un trabajo, que no bebe alcohol e incluso que es padre de familia, pero no hay nada confirmado. También se le puede encontrar en su blog de cine.

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