Dentro de unos años, cuando ya no queden efectos digitales capaces de sorprendernos, recordaremos la imagen de un hombre corriendo. No hacia un enemigo, no hacia una bomba, no para salvar del mundo, sino para detener el tiempo. Porque Tom Cruise en Misión imposible no corre para llegar a ninguna parte. Corre para que el cine de acción no se acabe. La historia de Misión Imposible no empieza en 1996, sino en 1966, en la televisión: una serie coral sobre espías, elaborados engaños y máscaras que contaba con la mítica banda sonora del argentino Lalo Schifrin. Pero en los noventa Hollywood ya flaqueaba de ideas y necesitaba héroes que fueran al mismo tiempo marca, empresa y mito. Y ahí aparece nuestro cienciólogo favorito, Tom Cruise: 1,70 de altura, aunque con una energía capaz de desplazar planetas.
Misión imposible (1996)

El debut de la saga es una película que no sabe aún que será una saga aunque deja el terreno abonado. El veterano director Brian De Palma (El fantasma del Paraíso, Los intocables de Elliot Ness, Carrie) acepta el encargo de adaptar la serie de TV y construye un correcto thriller de intriga más que un blockbuster noventero. Ethan Hunt/Tom Cruise se ve atrapado en un intrigante juego de mentiras y máscaras, aunque a la historia ha pasado la escena de Hunt colgando de un cable luchando contra la gravedad y la electrizante persecución del Eurotúnel. Aquí Hunt/Cruise todavía juega a ser parte de un engranaje, rodeado de un equipo, aunque casi todos acaban muertos o son traidores. Sólo se salva el fiel Luther (Ving Rhames) que, como premio, saldrá en todas las restantes entregas de la saga. Cruise entendió algo fundamental: en un mundo de franquicias (Batman, James Bond, Jurassic Park), la supervivencia pasaba por hacerse dueño de la suya propia. Así, no solo protagonizó la película, sino que se convirtió en productor, es decir, en demiurgo. La saga Misión Imposible es, más que una serie de películas, el relato de cómo un actor decide ser su propio género cinematográfico.
Misión imposible 2 (2000)

El director John Woo, recién importado de Hong Kong, convierte esta segunda película en un videoclip operístico. Woo mete todos los elementos de su cine de acción: palomas levantando el vuelo, héroe y villano muy parecidos físicamente, pistolas que nunca se vacían, cámaras lentas, persecuciones delirantes y peleas con coreografías imposibles. Woo filma a Cruise como si fuera una mezcla de Jesucristo y estrella del pop. Pelo largo, gafas de sol y motocicletas con piruetas inverosímiles a cámara lenta. Mucha cámara lenta. Es la entrega con peor guión con diferencia, lleva a Sevilla las fallas sin ruborizarse, y en la que hay menos equipo detrás de Hunt, sólo Luther. Hay un McGuffin (un virus letal) y una inexorable cuenta atrás, elementos que serán clave en todas las entregas posteriores. La trama es lo de menos, lo importante es Tom Cruise elevado a icono pop. Cruise hace escalada y se pone cachas no por exigencias del guión, sino porque puede hacerlo. Hay una damisela en apuros (Thandiwe Newton) con la que parece que hay algo de atracción, pero no hay escena amorosa entre ellos, otro tópico de la saga. Hunt está siempre rodeado de mujeres atractivas en sus intentos de salvar el mundo, pero no hay roce alguno ni para sacarles información. No es James Bond. En la taquilla esta segunda parte arrasó, aunque la crítica la destrozó acusándola, con razón, de excesiva e inverosímil. Por cierto, Newton declaró que el rodaje fue un verdadero calvario debido al enorme nivel de exigencia de Cruise y que Woo (recordemos que era el director) no hablaba ni una palabra de inglés. Fue la última vez que Cruise contrató a un director con una personalidad tan marcada: nadie en el rodaje podía tener un ego mayor al suyo.
Misión imposible 3 (2006)

Tras 6 años en barbecho, la franquicia vuelve. J.J. Abrams, el mago de la televisión de los primeros 2000 detrás de Alias o Perdidos, llegó al rescate de la franquicia tras los excesos de Woo. Por suerte Abrams estuvo bastante comedido y no retorció la narración ni metió con calzador nubes asesinas. Posteriormente Abrams reflotaría también otras franquicias como Star Trek o Star Wars con resultados dispares. Esta tercera entrega tiene el mejor villano (un monumental Philip Seymour Hoffman), giros argumentales y explosiones, pero sin llegar al absurdo paroxismo visual de la segunda. Aquí Cruise, ya con cuarenta años, interpreta a un Ethan Hunt más humano: está retirado, tiene mujer, comete errores y sufre por sus seres queridos. Además, vuelve a haber sensación de equipo e incorpora al personaje de Benji (Simon Pegg), el contrapunto cómico que ha sido clave en el éxito de las posteriores entregas. Por cierto, hemos estado 20 años sin saber qué demonios era la pata de conejo y no nos ha importado. Esta tercera entrega corrige el rumbo tras el fiasco de la segunda. Toda la parte final, sin ser especialmente espectacular ni contener grandes explosiones, tiene una tensión tremenda.
Misión imposible: Protocolo Fantasma (2011)

El rumbo a seguir en el futuro. Brad Bird era un director que venía de la animación (Los Increíbles, Ratatouille, El gigante de hierro), y se nota: su Ghost Protocol es casi un dibujo animado con personas. El humor entra de lleno en la saga y con él la sensación de parque de atracciones cinematográfico. La escena de Cruise escalando el Burj Khalifa es la primera en venderse como “Tom Cruise lo hace de verdad”. A partir de ahí, la saga se convierte en un documental encubierto sobre un actor que arriesga su vida para convencernos de que aún merece estar en el centro de atención. Cruise ya no interpreta a Ethan Hunt: interpreta a Tom Cruise interpretando a Ethan Hunt. Me parece la entrega más redonda, con los mejores secundarios (Jeremy Renner, Léa Seydoux, Paula Patton) y las escenas de acción más electrizantes. Un blockbuster perfecto.
Misión imposible: Nación secreta (2015)

Tras trabajar juntos en Jack Reacher (2012), Cruise encuentra en el guionista y director Christopher McQuarrie su escudero ideal. Es un guionista muy sólido (suyo es el guión de Sospechosos habituales o Valkiria) y aporta su toque a los guiones. Básicamente, McQuarrie traduce las obsesiones de Cruise a imágenes. Cada película es un reto contra la muerte del propio Tom Cruise. El personaje de Hunt es ahora secundario: la estrella es Cruise en combate directo contra el paso del tiempo. En esta quinta entrega tenemos acción, humor y Tom Cruise jugándose la vida una y otra vez. Cruise lo hace todo sin especialista (o meso dice) y le agradecemos su entrega. El “cómo se hizo” de la escena inicial del avión fue la mejor publicidad posible. Aparece la espía británica Ilsa (Rebecca Ferguson) y el segundo mejor villano de la trama (Sean Harris) que repetirá papel en la siguiente. Otro blockbuster simplemente perfecto.
Misión imposible: Fallout (2018)

La fórmula magistral sigue dando sus frutos. Cada nueva película será un reto contra la muerte de Tom Cruise. El personaje de Hunt es ahora secundario: la estrella es Tom Cruise en combate directo contra el paso del tiempo. ¿Que se rompe un tobillo en un salto? A publicitarlo. Todo encaja en esta película para ofrecer un espectáculo total. Un blockbuster muy divertido para evadirte. Todo el último tramo con los helicópteros y la pelea con Henry Cavill en el acantilado me parecen fascinantes y un prodigio del cine de acción. Una vez más hay una cuenta atrás y los buenos ganan en el último segundo. Creo que hubiera sido un colofón más que digno para la franquicia, pero Cruise debía demostrar que era capaz de arriesgarse aún más en los rodajes y que ni el tiempo ni la gravedad pueden con él.
Misión imposible: Sentencia mortal (2023)

Ni el covid detuvo a Tom Cruise, solo retrasó el rodaje. Eso sí, la saga empieza a perder fuelle. Creo que es un film con muy buenas escenas de acción, aunque un pelín largo. Quizás no fue buena idea dividir esta historia en 2 partes. El villano de turno no acaba de resultar amenazador y lo de La entidad como una IA capaz de acabar con los seres humanos tampoco es muy novedoso, la verdad. Tampoco lo del submarino es muy original, ya salía algo muy similar en el film de 007 Sólo para sus ojos (1981). Se agradece la inclusión de caras nuevas como la carterista interpretada por Hayley Atwell y la letal sicaria a la que da vida Pom Klementieff (otras 2 féminas a las que Hunt/Cruise no presta ninguna atención). Eso sí, la escena del salto de la moto (perfectamente publicitada mese antes de su estreno) y todo el tramo final en el tren son para dejarte clavado en el asiento con la boca abierta. Sin embargo, no recaudó lo que se esperaba, dando muestras de cierto cansancio entre el público.
Misión imposible: Sentencia final (2025)

Pero todavía nos quedaba la pirueta final de Tom Cruise. Un intento demasiado forzado y evidente de cerrar la franquicia dándole un toque de coherencia y unidad que nunca tuvo. No se hace pesada pero el ritmo se resiente. Los continuos flashbacks y explicaciones innecesarias lastran un poco el visionado. Realmente hay sólo 2 escenas de acción (la de submarino y la de las avionetas) aunque son de sobresaliente. Por un momento pensé que Cruise le iba a echar bemoles de verdad e iba a matar a Ethan Hunt. Pero no. Cruise es el verdadero motor de una de las sagas más exitosas de la historia del cine y no va a dar muestra de flaqueza jamás. A sus sesenta años, sigue saltando desde aviones para convencernos de que todavía se puede ser inmortal si uno corre lo bastante rápido. Y se reserva una escena de acción en calzoncillos, ¡¡con sesenta años!! Cierto que todo el final se parece mucho al de Fallout (cambiando helicópteros por avionetas) pero esa escena es brutal. ¿Qué necesidad había de subirse realmente a una avioneta a hacer uno mismo las acrobacias? Ninguna. Tom Cruise es así.

Quizás por eso esta franquicia fascina tanto: porque en ella no vemos a Ethan Hunt salvar el mundo, sino a Tom Cruise salvarse a sí mismo y al cine de acción. Cada película es un exorcismo de Tom Cruise contra el tiempo, la gravedad y la lógica. La verdadera misión imposible no es impedir la catástrofe nuclear ni derrotar a los villanos. La verdadera misión imposible es que Tom Cruise consiga que el tiempo no pase. Y, hasta ahora, contra todo pronóstico, lo está logrando. Qué cabrón.



















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