La verdad es que, a medida que cumple uno años, entiende esa especie de relatividad. Yo empecé, más o menos, a los veintidós a escribir. Por una parte, me siento igual que antes de terminar mi primera novela, pero, objetivamente, ni soy el mismo tío, ni tengo la misma sensibilidad, ni la misma experiencia. Pues aquí tenemos un menda con una historia y un tempo similar. Media vida de experiencia haciendo su arte, al principio como cantante en Kontrol Mental, después como guitarrista en los amiguetes Devizio, y ahora paralelamente con los Nómadas (ahí lo vi en directo por primera vez), y con este proyecto en solitario donde amalgama todo lo que se sale del punk y del rock. Es una historia relativamente paralela a la de Isra y, a medida que compartimos ratos y kilómetros, más me afianza en el tremendo respeto que me inspiran los músicos. Es un montón casi infinito de esfuerzo, una carrera de fondo llena de sinsabores, de kilómetros casi en balde y de salas a medio gas con gente que no te conoce de nada. Pero, aun con todo, cuando ves a alguien disfrutando con tu arte, merece la pena. No me pongo a su mismo nivel, porque pedirme que toque la guitarra es como pedirme que haga malabares con motosierras, pero sí que los reconozco como camaradas. Con ese espíritu, destripemos a este tío. Un, dos, tres… ¡Churruca!
Tango ganas de ti. Entra el saxo, y estoy pensando en Gardel Volver / con la frente marchita / las nieves del tiempo / platearon mi sien / Sentir / qué feliz la mirada / que veinte años no es nada… parece una gilipollez, poesía vacía, bonita pero inerte… hasta que las nieves del tiempo me han plateado las sienes. El caso es que vamos a empezar dando leña. Churruca suena a punk, aunque esté versionando a Las Grecas. Es como Lemmy Killmister, el de Motörhead, cantando villancicos: sí, es legítimo, pero es inevitable que la mente se vaya a otro estilo más leñero. Es como la forma de tocar. Es una guitarra acústica, pero esa púa… esa sabe cómo hacer arder cuerdas. Y justo cuando piensas en una pareja bailando con esos movimientos precisos y severos… estalla la verbena. A toda hostia, como si fueran los Misfits, pero en acústico y, después de ese arreón, un lapso de medio tempo acústico. Una montaña rusa de emociones, un eco vago a Silencio Absoluto y la sensación cuando lo escucho de saber más de música que lo que realmente sé.
Libertad. La palabra más nombrada y que casi nadie entiende. Con la de veces que me he tirado de los pelos al oír lo de «derecho natural» y «derecho positivo». Vale que barro para casa, pero veo un poco de Candelarias de la Virgen —probablemente la mejor canción de todos los tiempos—, mezclado con Bob Dylan, o un Bruce Springsteen… pero Churruca nos la vuelve a liar. Es acústico, pero es leñero, pero suena como Bob Dylan en Hurricane, con el violín dándole épica a una voz medio rota que parece soltar su última verdad. Como el estribillo de Like a Rolling Stone. Vale, estoy chocho con Bob Dylan, pero es que el tío ganó el Nobel y no le salió del nabo ir a recogerlo. El bajo es el guardián taimado en la sala de máquinas, dejando espacio al violín y al saxo para que hagan de estos casi cinco minutos una experiencia asequible y silbable. Y respirar es libertad / callarse es la cárcel de esta puta realidad / y si hablar me sienta mal / te escribiré estos versos diciéndote la verdad. Lo primero, aquí presente uno que prefiere escribir a hablar. Lo segundo, eco hernandiano, cuando dijo aquello de: Y cuando bajo la tierra mi amante cuerpo esté / tú escríbeme a la tierra, que yo te escribiré.
Lobo estepario. Más que un libro, es una experiencia iniciática. Lectura obligada por adolescentes de todo el mundo y todas las culturas desde hace décadas, y lo seguirá siendo durante milenios, como El guardián entre el centeno, Factótum… empieza con una guitarra triste, como la banda sonora de The last of us. Cuando entra la voz, con un contrabajo como eje sónico y un violín que parece ser la réplica de la guitarra, parece que vas a echar de menos la parte percusiva, pero no. Sigue con ese eco gardeliano, pero no es exactamente un tango, y esa voz, no sólo en el timbre, sino en la forma de abordar cada palabra, le da un aura de autenticidad, de confesión dicha con el corazón en la mano.
Para los que entienden lo jodido que es seguir la pasión que nos hace seguir adelante y quieran apoyar a alguien emergente, enlaces de Churruca:
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