Callum Beattie es de esos nombres que en Reino Unido ya empiezan a sonar con insistencia. No como promesa, sino como artista que está creciendo a una velocidad de vértigo. Y en directo se entiende rápido el motivo: porque tiene buenas canciones.

Esa voz rasgada suya (áspera, rota, con personalidad) parece venir de un sitio más profundo que la simple técnica. Tiene algo de desgaste, de calle, de emoción sin maquillar. Y encima, lo que ofreció sobre el escenario fue casi una declaración de principios. Nada de producción inflada ni de fuegos artificiales sonoros. Solo batería, teclados y Callum con la acústica, Lo justo para que esas buenas canciones suyas respiraran. Lo interesante es que Beattie tiene una habilidad cada vez más rara: sabe escribir buenas canciones. Y también coros épicos de esos que te levantan el ánimo aunque no quieras. Estribillos pensados para ser gritados por miles de voces,, para quedarse en la cabeza durante días. Sus canciones sonaron limpias y directas. Como si estuvieran también construidas para sobrevivir incluso sin producción, que es la prueba del algodón musical. La batería marcaba el pulso con sobriedad, los teclados daban profundidad sin empachar y él se movía cómodo en esa mezcla de pop y rock emocional que en manos de U2 podría resultar blandita, pero que en él suena convincente.

Tuve la impresión de estar viendo a una estrella antes de que serlo, justo antes de explotar. Antes de que el precio de la entrada se dispare. Antes de que lo veas en un festival o en un pabellón con pantallas gigantes. Entre el respetable hubo inicialmente la prudencia típica del jueves, pero a medida que avanzaba el concierto la sala fue entrando en calor para acabar rendidas ante un arrebatador Callum Beattie. El de Edimburgo nos contó que llevaba 16 conciertos en 10 días, un ritmo brutal que demuestra las ganas y el hambre de triunfar de este artista. Venía presentando INDi, su nuevo LP publicado recientemente y que fue el hilo conductor del concierto. Temas on alma de himno como Two pretenders, Pins and needles o Always rains in Glasgow dejaron un inmejorable sabor de boca entre el respetable. Incluso hubo hueco para una versión del You got it de Roy Orbison, ocurre que no hay mucho repertorio todavía y el show se nos hizo corto, poco mas de 70 minutos que pillaron a alguno con una cerveza recién tirada.

Salí con la sensación de haber asistido a algo que dentro de unos años se contará como anécdota. “Yo lo vi en la Rock & Blues”. Fue un lujo ver esta una futura estrella del pop (porque eso es lo que es) en una sala donde todavía puedes ver el sudor, las cuerdas de la guitarra vibrar y el gesto exacto con el que remata un estribillo. Lo dicho, un lujo.















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