La noche del lunes 25 de mayo fue muy especial para Valencia. Dave Mustaine y sus Megadeth, a los que yo llamo MegaDave, eligieron la ciudad del Turia para ser una de las sedes de su anunciada ¿“última gira”?.
Venían a presentar su reciente disco homónimo y, con la excusa, de su posible última visita, nos obligaron a acudir. El lugar elegido es el Roig Arena, un recinto que acoge al exitoso club de baloncesto de la ciudad y se ha convertido en un referente para la cultura musical en muy poco tiempo.
Los alrededores ya daban a entender que iba a ser una gran noche, repletos los bares de gente con camisetas de Megadeth y vestimenta negra en su mayoría, cervezas a mansalva, caras sonrientes y expectantes. Habían anunciado a 2 bandas teloneras. La 1ª de ellas era The Cost, con la mayor expectativa puesta en El Estepario Siberiano, su batería, pero no llegamos a verlos y no podemos decir nada al respecto. Los siguientes fueron Crisix, de los que llegamos a ver unos 20 o 25 minutos de actuación, confirmando el pensamiento que tenía antes y es que, no pegan con Megadeth. Con un sonido más moderno y menos clásico pegan mucho más con otro tipo de metal que el que acarrean Dave y sus compinches. Estuvieron entregados y contundentes, intentando siempre implicar a la audiencia.
Los protagonistas se hicieron esperar apenas 10 minutos, que eran los minutos que pasaban de las 22 horas anunciadas para su descarga. Salió Dave arrancando con el riff que da inicio a su nuevo álbum, entonando “Tipping point”, arrancando las primeras sonrisas y aplausos, porque el último disco suena muy bien y lo defendieron perfectamente en vivo. 2 temas más acabaron rescatando de dicho lanzamiento, “I don’t care” y “Let there be shred” y sonaron igualmente compactas, duras y perfectamente acopladas al setlist.
El set dejó demasiadas lagunas porque una carrera tan larga como la suya siempre deja en el tintero algún clásico o alguna canción que a ti te gusta en exceso. Cosas como dejar fuera “In my darkest hour”, “Devil’s island” o discos enteros tan emblemáticos como “Youthanasia”, “United abominations” o “Dystopia” hace daño, pero 80 minutos de concierto no dan para mucho más, centrándose en discos tan redondos como “Rust in peace” o “Countdown to extinction”.
Temas como “Skin o’ my teeth”, “Sweating bullets”, “Countdown to extinction” o “Symphony of destruction” fueron muy coreadas y alabadas por el público, especialmente la 2ª y la 4ª de estas que fueron 2 de los momentos álgidos de la noche.
Cortes como “She-wolf”, “Angry again” o “Mechanix” también fueron abrumadoras, pero los temas elegidos de su obra magna “RIP”, fueron las más jaleadas y las que provocaron más pogos y locuras entre el respetable. “Hangar 18”, “Tornado of souls” o el cierre con “Holy wars” fueron momentos para recordar, aunque el cierre completo con “Tornado of souls”, “Peace sells, but who’s buying?”, “Symphony of destruction” y “Holy wars” nos dejó en un grado de satisfacción tal que lo corto del minutaje o la falta de algún tema tan emblemático en su carrera se pasó por alto.
Dave, estuvo tan falto de voz como siempre, pero decente, y la compañía de los músicos que ahora forman parte de la banda fue extraordinaria. James LoMenzo al bajo, tan móvil, activo y simpático como siempre. Dirk Verbeuren, ese belga que sentado tras el kit de la batería no para de golpear con dureza la batería, levantarse en cuanto puede para jalear al público y demostrar que no hace falta echar de menos a Gars o Nick. Y esa bestia parda que es el finés que, bajo el complejo nombre de Teemu Mäntysaari, nos deja con la boca abierta con su destreza y absoluto control de las 6 cuerdas, combinando con Dave el protagonismo absoluto de cada canción.
Siempre se oyen voces discordantes sobre la voz de Dave, claramente deficiente, la duración de sus conciertos o la falta de este o aquel tema, pero ¡cuánto lo vamos a tirar de menos! Uno de los grandes por derecho propio.

















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