La historia del Heavy Metal es una continua carrera de fondo, con momentos más álgidos, otros de perfil más bajo pero al final siempre con el sustento de una fidelísima base de fans a los que el tiempo no ha sido capaz de derrotar por mucho que los vaivenes de la vida haya tratado de erosionar sus dogmas de fe en el Metal. Pero no son las palabras, los relatos lo que confirman realidades sino la constatación de los hechos, que en esta música nuestra se materializa en forma de conjunto de canciones que se recrean dentro de discos que siguen reivindicando que tenemos el Heavy Metal en la sangre. Noruega, más bien el norte de Europa, se refrenda como reserva espiritual del género.

De allí, como tantos otros grupos, vienen Rozario con su segundo disco bajo el brazo producido por Trond Holter (Wig Wam) que por cierto ha conseguido un sonido muy poderoso especialmente en las guitarras que dominan este disco. “Northern Crusaders” es una demostración excesiva -en el buen sentido, claro- de Heavy Metal sin recesos ni distracciones que puedan apartar a Rozario de su principal atención, construir himnos eléctricos. Pero cuidado, que Rozario huyen como alma que persigue el diablo de cualquier atisbo de linealidad. Aquí no consiste en salir a piñón autoconvencidos de que dolo hay un camino. Rozario son capaces de sonar más oscuros o más melódicos, afilar sus riffs o basarlos en la clntundencia, abrir un espectro dentro de unos límites establecidos.
Si tengo que reseñar, señalar canciones, me gusta el rollo épico de “Crusader”, la intensidad de “Free…Forever”, la contundencia de “Down low” y sus tonos oscuros, tenebrosos o el dramatismo de “Betrayed”. No queda, al menos en lo que a mi concierne, que “Northern Crusaders” es un disco bueno, notable, pero con el que pincho en una escucha continuada, una leve -quizás- apreciación que no debe empañar la consideración global y final del disco
















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