Hay conciertos que se sostienen sobre la nostalgia, y otros que demuestran que el paso del tiempo puede jugar a favor. Lo de FM en la Sala Custom de Sevilla fue claramente lo segundo: una lección de cómo envejecer con elegancia dentro del hard rock melódico.

Desde el inicio, la banda dejó claro que no venía a cumplir expediente. Con un sonido limpio y bien equilibrado, el quinteto británico ofreció un directo sólido, sin artificios, donde cada canción estaba al servicio de la melodía. La sala, con una entrada respetable (aunque lejos del “no hay billetes”), respondió desde el primer momento con ese entusiasmo tranquilo pero constante tan propio del público del AOR.
El concierto giró en torno a Indiscreet, su disco debut, interpretado prácticamente al completo. Lejos de sentirse como una pieza de museo, el repertorio sonó vivo, actual incluso. Temas como “That Girl” o “Other Side of Midnight” no solo despertaron la nostalgia, sino que funcionaron con una frescura sorprendente, coreados por buena parte de los asistentes.
Si hubo un elemento que marcó la diferencia, fue la voz de Steve Overland. Su interpretación fue impecable: control absoluto, calidez y una naturalidad que evitó cualquier sensación de esfuerzo. No intentó demostrar nada, simplemente cantar bien… que ya es mucho decir después de tantos años.
A nivel instrumental, la banda funcionó como un bloque compacto. Sin alardes innecesarios, cada músico cumplió su papel con precisión, dejando que las canciones respiraran. Ese enfoque, lejos de restar intensidad, reforzó la esencia del directo: elegancia, equilibrio y respeto por el material original.
La conexión con el público fue otro punto fuerte. Sin grandes discursos ni gestos grandilocuentes, FM logró crear un ambiente cercano, casi íntimo por momentos. Hubo complicidad, sonrisas y esa sensación de estar compartiendo algo más que un simple concierto: una historia musical que sigue teniendo sentido hoy.
En conjunto, fue una noche sin giros inesperados, pero tampoco los necesitaba. FM no vino a reinventarse en Sevilla, sino a recordar por qué sus canciones siguen funcionando. Y lo consiguió.
Un concierto sobrio, honesto y muy bien ejecutado, que confirma que el buen hard rock melódico no tiene fecha de caducidad.





















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