“Savage Imperial Death March” que retumba de forma obsesiva en mi cabeza. Dos concepciones extremas de la música, la de las atmósferas densas y la demolición de los límites que precogniza Melvins, la de la brutalidad consciente de Napalm Death. Combinar agua y aceite sin que ambos se alineen en cada uno de los elementos. “Savage Imperial Death March” nos es el fruto dee la combinación de propuestas o el resultado de un nuevo sonido creado en conjunto, sino que es Melvins siendo Melvins a la par que Napalm Death siguen siendo Napalm Death.

Ambas bandas se encuentran de frente y se complementan pero no se funden ni dejan que una sobreponga su personalidad sobre la otra. Las canciones oscilan de un lado a otro con la precisión milimétrica que impide que se convierta en un puzzle donde encajar piezas. Buzz Osborne, Dale Crover, Shane Embury, Barney Greenway y John Cooke se conjuran para que el árido sludge de unos y el violento grindcore de los otros se complementen como si siempre hubiesen convivido en una inquietante armonía en la que cada cual reivindica su espacio propio dentro del espacio común que representa un disco incapaz de provocar indiferencia, menos aún si ya tienes tus pies en los universos separados de Melvins y Napalm Death que ahora conciben de manera conjunta cómo hacer que estos colisiones y de cuyo big bang surjan las canciones que componen esta marcha de la muerte imperial salvaje.
Melvins proponen los ritmos, Napalm Death los alimentan de autodestrucción a base de ferocidad inducida. Las gargantas de Osbourne y Embury comparten espacios cada uno en la absoluta certeza de su papel como a su vez ocurre con las guitarras de Buzzo y Cooke, majestuosamente juntos pero no revueltos. Se permiten mantenernos en vilo durante los nueve minutos que “Some kind of antichrist” nos mantiene en tensión con su alternancia de palm mute y distorsión. Es justo mencionar el trabajo en el disco de la base rítmica conformada por Crover y Embury, atareados en mantener ese hilo de cordura necesaria para que nunca se desarticulen las canciones. “Tossing coins into the fountains of fuck” es quizás la que mejor representa esa simbiosis y como la salvaje interpretación de Greenway impide que el dúo Buzz/Crover asuman el protagonismo absoluto.
En esta magnética marcha de la muerte imperial salvaje se dan cita a través de sus recovecos sonoros trazas que viajan desde la vanguardia experimental de los más “desquiciados” Melvins a la más absoluta distorsión de Napalm Death dejando espacio por medio al Hard Rock, al Stoner, el Doom mas agobiante el desfile cinematográfico de “Comparison is the thief of Joy”. Posiblemente en una comparación final estemos de acuerdo que ambas bandas por su lado poseen discos más brillantes, concienzudos e influyentes que esta aventura conjunta, pero eso no implica que “ Savage Imperial Death March” sea un disco que implica un continuo runrún en tu cabeza.
















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