Turno para el nuevo disco de los finlandeses Temple Balls, que han decidido que su quinto álbum luzca como título el nombre de la banda. Temple Balls han ido incorporando progresivamente músculo a sus discos y en este álbum homónimo, siguiendo la estela del anterior, se nota aún más ese endurecimiento de la propuesta de los fineses sin perder de vista lógicamente la melodía como faro pero asentándose en bases propias del metal melódico o del hard rock de corte más “guerrero”.

“Flashback dynamite” abre el disco en una interesante simbiosis entre el hard rock de hace unas décadas de bandas como Victory o Bonfire y sonido actual. “Lethal force” atesora unas guitarras muy buenas, guiños al rock clásico y una melodía de voz fantástica que corona con un estribillo pensado para vibrar en directo. “Tokyo love” reincide en esa fórmula de mezclar guitarras aguerridas con estribillos melódicos. “There will be blood” es otra canción que brilla del disco con Arde Teronen derrochando potencia a través de su garganta y un estribillo poderoso aunque esa parte central de corte futurista antes del solo me “chirría” un poco seguramente por esos teclados que no termino de encajarlos, lo que al final le baja un poco mi percepción dela canción.
El bajo de Jimi Välikangas comanda el inicio de “We are the night”, más melódica, incluso con ese saxo que le da muy buen toque y aunque se recreen en tesituras de un hard rock de menos revoluciones por minuto la canción sigue manteniendo su sustrato de potencia. “Hellbound” destaca y mucho, hard potente que recuerda a los primeros Pretty Maids en su estrofa y desemboca en un poderoso estribillo. “Soul survivor” no permite que decaiga el ritmo aunque vocalmente adopte tesituras más melódicas, el riff adopta músculo como unos Gotthard vitaminados. “The path within” enlaza con “There will be blood” buscando esa vía abierta por bandas como Beast in Black pero sin llegar a los postulados power metaleros que manejan estos. “Stronger than fire” es una delicia para cualquier fan del hard melódico y de nuevo, que bien trabajan Temple Balls los estribillos.
“Chasing the madness” eleva las revoluciones, directa, con unas guitarras que conjugan magistralmente fuerza y melodía. “Living a nightmare” es la última canción del disco y cumple con la premisa de que la despedida sea por la puerta grande, hard rock musculoso a lo Bonfire de los 80 que dejala premisa de que estos finlandeses han conseguido madurar cada vez más la fórmula que defina su sonido y personalidad. “Temple balls” es un disco muy, pero muy bueno, melódico pero tremendamente musculoso.
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