La línea Marvel Noir trasladaba la figura de varios superhéroes al universo del cine negro. Un nuevo enfoque que funcionaba especialmente bien con Spider-Man, sobre todo si tenemos en cuenta todo lo desarrollado en los distintos multiversos que conectaban tanto las películas de acción real como las cintas de animación protagonizadas por Miles Morales. De hecho, en la segunda entrega ya aparecía Spider-Noir, con la voz de Nicolas Cage.

Ahora se trasladan las aventuras de este héroe a la época de la Gran Depresión y la Ley Seca. Peter Parker deja paso a Ben Reilly, un veterano investigador privado que ha abandonado su condición de justiciero tras sufrir una tragedia personal. Se trata de uno de esos personajes atormentados, alcohólicos e irónicos que Nicolas Cage interpreta como nadie y que han terminado por convertirle, por méritos propios, en un género en sí mismo.
En «Spider-Noir» está soberbio como heredero de los detectives nacidos de la pluma de Raymond Chandler o Dashiell Hammett. El único capaz de darle verdadera réplica es Brendan Gleeson, que compone un antagonista lleno de matices y protagoniza brillantes duelos dialécticos en cada encuentro con «La Araña». Quizás lo más flojo sea el resto del reparto, pues ni Lamorne Morris ni Karen Rodríguez terminan de funcionar como compañeros y aliados del protagonista, mientras que Li Jun Li, en su papel de femme fatale, adolece de ciertos recursos interpretativos y se muestra excesivamente hierática durante buena parte de la serie.
Aun así, estamos ante un producto muy disfrutable, especialmente gracias al trabajo de Oren Uziel en la faceta de guionista. Los diálogos son brillantes, con réplicas y contrarréplicas ingeniosas, abundante sarcasmo y personajes extraídos directamente de los códigos del cine negro. No inventa nada nuevo, pero sabe contar muy bien una historia que avanza con ritmo y personalidad. Sus ocho episodios pasan en un suspiro.
Además, desde el punto de vista técnico resulta difícil ponerle objeciones. Incluso se atreven a ofrecer la serie en dos versiones: una en blanco y negro, pensada para potenciar su estética noir, y otra en color mediante el proceso denominado «True-Hue», con una fotografía saturada y luminosa. Ambas resultan igualmente atractivas.
Estamos, en definitiva, ante una propuesta que revitaliza el género superheroico al jugar con los códigos del cine clásico. Destaca especialmente el homenaje al desenlace de «La dama de Shanghái», de Orson Welles, y la manera en que combina acción y humor con naturalidad. Un equilibrio que, a mi juicio, no terminó de funcionar en el «Superman» de James Gunn.
Resulta especialmente llamativo que Oren Uziel también figure como guionista de «Supergirl», dirigida por Craig Gillespie. Ojalá consiga trasladar a DC parte de la inspiración mostrada aquí. Conviene recordar, además, que «Spider-Noir» es una producción de Sony basada en los personajes de Marvel, dentro del universo cinematográfico asociado a los derechos que la compañía japonesa conserva sobre Spider-Man desde hace décadas. Por ello, Marvel Studios no participa directamente en la producción de la serie. Vista la irregular trayectoria reciente de la compañía en la gran pantalla, quizá no sea una mala noticia.

















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