Suecia se ha convertido en esa especie de tierra prometida de donde siguen saliendo y saliendo discos fantásticos en todas las vertientes que acaparan desde las orillas más melódicas del rock duro a las más oscuras y extremas. Llega el turno de Blue Mountain, músicos ya curtidos que para este segundo álbum enrolan en sus filas al vocalista H.B. Anderson y aumentan el filo de potencia de sus guitarras respecto a su debut para ofrecernos un fantástico disco de Hard Rock de corte nostálgico de aquellos 80 pero que no suena desfasado ni un solo instante.

Tras tan largo título y una portada que podría despistar nos encontramos con un disco mayúsculo que consigue equilibrar de manera magistral dos factores tan importantes y fundamentales como son la potencia y la melodía para que ambas se complementen. Realmente la labor vocal de Anderson destaca de manera incesante. El disco se abre con “Outrageous (cold day in hell)” un potente riff a lo Whitesnake era 1987 (por poner un ejemplo) y es que en un sencillo ejercicio de memoria y afinidad podemos traer a escena muchos nombres de bandas y discos que nos hicieron -y siguen haciendo- disfrutar como referencia que nos copia, ya que Blue Mountain poseen suficiente personalidad. “Automagic” contiene en sus guitarras de Joachim Nilsson aromas a los Europe de “Out of this world” pero en una potencia mucho más elevada de la que desataba Kee Marcello mientras vocalmente es justo destacar una y otra vez la labor de Andersen.
Blue Mountain también son capaces de rebajar el nivel de fuerza para adentrarse en territorios más melódicos como los de “When heaven falls down (ode to Mange) a la que ayuda esos teclados y los fraseos de guitarra. “Common sense” es pura dinamita, desde el riff a la línea vocal pasando por el puente hacia un estribillo que explota de esa manera tan característica pero sin abusar de reincidencias innecesarias. El medio tiempo “Love has mysterious ways” introducida por unos constantes apergios adornados por el riff que los escolta de fondo y las inflexiones “coverdalianas” de Anderson. “Kill’em with kindness” reincide en esa fórmula que tan bien le está resultando a Blue Mountain en este disco.
“Black light morning” cambia de registro y nos lleva hacia páramos más clásicos, por los que un día transitaron gente como Tangier por ejemplo. “Conscience will” regresa a los 80 con ese riff y esa entrada vocal melódica a lo Dokken. “Bittersweet obsession” incluso coquetea con ese hard que acerca posturas al A.O.R. dando muchísima importancia a las líneas vocales y apostando fuerte por el estribillo. Cierran el disco con potencia, ese riff de “Soulshaker” pide a gritos una entrada lobuna a lo Coverdale y aunque no se da, si nos encontramos con el corte probable más heavy del disco en el que esa estrofa es puro fuego. Muy buen trabajo desde luego el de los suecos.



















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