Conzco a Seal, desde su primer disco, allá por el año 1991. Un disco con una estética que con el paso del tiempo no sólo no mengua, sino que va tomando poso como los buenos vinos, como ese amor que profesa que es diferente al occidental nuestro. Un amor que se nota, ha sido aprendido en sus raíces nigerianas. Un amor que no se queda en el amor de pareja, sino que trasciende a los hijos, a los familiares, a los buenos amigos. Un amor, en definitiva, de raíces. Si sólo con el amor o el sufrimiento vemos, ¿por qué no amar a pesar de todo y descubrir la magia de la vida juntos?

Algo así es lo que propone Seal en sus conciertos. Un cantante cercano con el público, aunque lejano como las estrellas a las que no se puede acceder fácilmente. Sencillo, pero profundo.

Suena The Beginning y automáticamente me transporto a esos años de juventud en los que no se necesitaba mucho más para ser feliz. Una canción con una letra tremendamente simbólica que nos habla de un desamor, un amor negativo que nos muestra las argucias del lado oscuro para imponerse sea como sea. Momento en el que hay que aferrarse al amor en medio de esa tormenta.

También sonó su éxito Crazy. Otra simbólica canción que retrata sueños lúcidos, revelaciones de un futuro tenso. Una canción que mediante el amor ordena las cosas, refleja que no tenemos que rechazar la oscuridad, un poquito de locura es necesaria para poder sobrevivir como especie. Un equilibrio entre luz y oscuridad nos da más estabilidad que centrarnos sólo en la luz.

Durante un momento, el cantante iglés comenzó a contarnos cómo tenemos que hacer con nuestros seres más cercanos. Nada de mensajes de texto, sino quedar para vernos, para preguntarnos por nuestras vidas de manera directa, de manera química, no fríamente a través de mensajes. De manera que esos enlaces covalentes se creen y el amor que nos rodea sea transmitido entre nosotros.

También sonaron Killer, la poética Future Love Paradise y la preciosa Kiss from a Rose, una canción que, según el artista, fue compuesta en su día en su habitación. Una canción que nos descubre cómo es el amor entre un hombre y una mujer de manera que esos dos universos distintos se mezclan invadiendo nuestra sangre y comprendiendo todo eso que se nos ocultaba revelándose a los ojos.

Se nos aisla en un principio, para que ardamos en soledad. Seal lo sabe en carne propia. Por eso aboga por el amor, una fuerza que nos une, que nos hace vivir y caminar en paralelo en busca de una vida plena. Para eso son los conciertos de Seal. Son experiencias místicas, cercanas, divertidas y profundas. Unas canciones muy bien elaboradas estéticamente que forman ya parte de la banda sonora de nuestras vidas y están colgadas del hilo de la eternidad; de ese círculo que es la vida.

by: Angel

by: Angel

Melómano desde antes de nacer, me divierto traduciendo canciones y poesía. Me gusta escribir. Soy un eterno aprendiz y bebo de casi todos estilos musicales, pero con el buen rock alternativo me derrito.

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