Magnus von Horn nos sumerge en la Copenhague de 1919 con La chica de la aguja, una obra que, más allá de su narrativa, es un espejo de una Europa lacerada por las secuelas de la Gran Guerra. La película sigue a Karoline, una joven obrera que, tras perder su empleo y encontrarse embarazada, se ve arrastrada a los márgenes de una sociedad que lucha por reconstruirse. Su encuentro con Dagmar, una mujer que dirige una agencia de adopción clandestina, abre una puerta a la esperanza, pero también a oscuros secretos que reflejan las sombras de una época convulsa.

Von Horn no se limita a contar la historia de una mujer; nos muestra el drama colectivo de una generación que intenta encontrar su lugar en un mundo desmoronado. La devastación de la Primera Guerra Mundial no solo dejó cicatrices en el paisaje europeo, sino también en el alma de sus habitantes. Karoline personifica esa lucha interna, enfrentando no solo su propia desesperación, sino también las expectativas y juicios de una sociedad que prefiere mirar hacia otro lado.

La interpretación de Victoria Carmen Sonne como Karoline es magistral. Su vulnerabilidad y fortaleza se entrelazan, ofreciendo una representación conmovedora de una mujer atrapada entre la necesidad y la moralidad. Trine Dyrholm, en el papel de Dagmar, aporta una complejidad inquietante, personificando las ambigüedades éticas de una época donde la supervivencia a menudo eclipsaba la virtud. La ambientación es impecable, con una fotografía que captura la atmósfera sombría de una ciudad y un continente en reconstrucción. La paleta de colores fríos y los encuadres claustrofóbicos refuerzan la sensación de opresión y desesperanza de la trama.

La chica de la aguja no es una película fácil de digerir. Todo lo contrario. Es una amarga reflexión sobre las heridas visibles e invisibles de la guerra y de cómo en contextos de extrema necesidad se difuminan (todavía más) las fronteras entre el bien y el mal.

En definitiva, esta obra es un doloroso recordatorio de que, aunque las guerras terminen, sus ecos resuenan en las vidas de los supervivientes mientras buscan un sentido en un mundo fracturado.

La chica de la aguja (Pigen med nålen)

by: Luis Cifer

by: Luis Cifer

Luis Cifer, nació en la ciudad del cierzo. Se dice que siempre viste negro, que Luis no es su nombre real y que duerme en la calle. Otros dicen que tiene un trabajo, que no bebe alcohol e incluso que es padre de familia, pero no hay nada confirmado. También se le puede encontrar en su blog de cine.

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