La década de los 90 fue fundamental en mi desarrollo musical y personal. Descubrí un montón de música del pasado y viví en primera persona el boom de algunas bandas que me pusieron de su lado desde el principio. Mis primeros conciertos masivos, los colegas que montaban bandas a las que seguir, los amigos conocidos en la universidad que te urgían a investigar y un montón de cosas más que se han ido sumando durante todos estos años para conformar mi conciencia musical actual.

Con la visión del tiempo veo que no me afectaron nada diversos movimientos generacionales como el metal industrial, el nu metal, el movimiento conocido como NWOAHM o ciertos sonidos rompedores que se impusieron en el metal alternativo de la época o sus versiones más agresivas. Sin embargo, podría sacar mil discos imprescindibles que para mi supusieron mucho siguiendo sin contar con el mercado nacional.

Habrá propuestas muy clásicas, otras muy conocidas por los que vivieron esa época y muchas más que a ti no te dicen nada y a mí me volaron la cabeza. Como siempre, siéntate cómodo, ponte una tilita y gracias por leer. Ahí van mis 100.

 

100 discos 90s

 

1.- Pantera “Cowboys from hell” (1990)

Mucha gente considera que este o aquel grupo marcan una época o una década y, para mí, Pantera marcó el metal de los 90, de lejos. Hubo muchos sub-estilos dentro del metal, pero los tejanos fueron lo más grande de los 90. Muchos elegirían otro disco, pero esta fue mi presentación con ellos y contiene alguna de mis canciones favoritas de ellos. Recuerdo ver un clip de “Cemetery gates” con imágenes de la saga de películas Historias de la cripta con esa música y se me abrieron los ojos como platos. De ahí al infinito y temas como “Cowboys from hell”, “Primal concrete sledge”, “Heresy” o “Domination” se convirtieron en menú casi diario, y los hermanos Abbott, Dimebag y Vinnie Paul, más Phil Anselmo y Rex Brown, unos más de los habituales sentados en la mesa del comedor. La revolución que aportaron al mundo del metal todavía hoy es arrastrada.

 

2.- Judas Priest “Painkiller” (1990)

El disco que redefinió el heavy metal no podría venir de nadie más que de ellos, la concepción misma del género. Fue el último disco de Rob Halford al mando del micro hasta su retorno muchos años después, y el primero con Scott Travis a la batería, Chris Tsangarides sustituyó al habitual Tom Allon en la producción, y Don Airey apareció como músico invitado al mando de los teclados. La importancia de este disco en mi evolución musical y en mi paso definitivo a los sonidos más heavys es vital y los riffs asesinos de Glenn y K.K., los ritmos brutales impuestos por Ian y, sobre todo, Scott, y los gritos inimitables de Rob me hicieron destrozar mis cuerdas vocales y mi cuello en numerosas ocasiones. Una barbaridad de disco que nunca me cansaré de escuchar.

 

3.- The Black Crowes “The southern harmony and musical companion” (1992)

El impacto que supuso el segundo disco de los Cuervos en un chaval que no paraba de abrir su mente fue brutal. El debut siempre me ha encantado, pero las 10 canciones que componen este disco, su variedad, su fuerza, el sonido, las baladas, todo fue de impacto inminente. Temas como “Sting me”, “Remedy”, “Sometimes salvation”, “Hotel Illness”, “Black moon creeping” o “No speak no slave” se pegaron a fuego en mi piel. La llegada de Marc Ford a la guitarra junto a los hermanos Robinson, Johnny Colt, Steve Gorman y Eddie Harsch fue para siempre en mi casa.

 

4.- Soundgarden “Badmotorfinger” (1991)

Y aquí llega el disco que más me gusta del movimiento Seatle, que más he escuchado, que más me ha fascinado. Cada vez que lo oigo intento llegar a los tonos agudos de Chris Cornell y las covers y demos que he oído por ahí demuestran que lo de este tipo era de otro planeta. Temas como “Rusty cage” o “Room a thousand years wide” tuvieron cierta repercusión, pero cada vez que suena “Outshined”, “Jesus Christ pose”, “Face pollution” o “Searching with good eye closed” se me erizan los pelos y mi tensión sube como la espuma. Una brutalidad de disco que sigue tan salvaje como cuando se publicó hace más de 30 años. Chris Cornell, Kim Thayill, Ben Shepherd y Matt Cameron ya hace mucho que pasaron a ser unos más de la familia.

 

5.- Skid Row “Slave to the grind” (1991)

El impacto de este disco en mi fue astronómico. El endurecimiento del sonido de la banda iba a la par que el mío, y su éxito y exposición llegó hasta el punto de que me casé con una canción incluida en él. La formación con Seb Bach a las voces, Dave Sabo y Scotti Hill a las guitarras, Rachel Bolan al bajo y Rob Affuso a la batería ha sido la idolatrada por todos los fans desde entonces, y canciones como “Monkey business”, “Slave to the grind”, “Get the fuck out” o “Roit act” han destrozado mis altavoces innumerables ocasiones, por no hablar de las mejores baladas que puedes escuchar todas juntas en un redondo, pues “”Quicksand Jesus”, “In a darkened room” o “Wasted time” (que sonó 2 veces en mi boda) me siguen poniendo los pelos de punta.

 

6.- Metallica “Metallica” (1991)

Uno de los discos que marcaron una época y supuso el paso definitivo del grupo hacia el estrellato mainstream. La larga composición y grabación del mismo llevó al límite a los músicos y al productor Bob Rock y lo editaron posteriormente en un dvd que mostraba el proceso. Musicalmente fue un paso más de la banda al público, sin abandonar la dureza de algunos sonidos, pero con melodías más abiertas, incluso con baladas que fueron un suceso mundial, como “Nothing else matters”. Yo estoy acostumbrado a escuchar los discos enteros, del tirón, y aquí no paro de encontrar temazos como “Sad but true”, “Wherever I may roam”, “Don’t tread on me”, “Of wolf and man” o “The god that failed”. Su llegada al Olimpo fue para siempre, y ahí siguen más de 30 años después. Hetflied, Ulrich, Hammett y el entonces bajista Jason Newsted.

 

7.- Guns N’ Roses “Use your illusion I & II” (1991)

Cuánta gente los aborrece o cree que deberían haber sacado un único álbum con los mejores temas de cada uno, pero nadie se pone de acuerdo en cuáles son o, como yo, siempre los escucha juntos y del tirón. La variedad es brutal, desde puro hard rock como “Back off bitch”, “Garden of Eden”, “Shotgun blues” o “Locomotive” hasta country o  folk rock acústico como “Dust n’ bones” o “You ain’t the first”, con un montón de colaboraciones estelares (Michael Monroe, Shanon Hoon, West Arkeen, Alice Cooper…) y versiones hechas propias como “Live and let die” o “Knocking on heaven’s door”. El éxito fue abrumador y los convirtió en la banda más grande del mundo, pasando a hacer giras mundiales en estadios, video clips y singles radiados hasta el infinito como las baladas “Don’t cry”, “November rain” o “Estranged”, o sus colaboraciones en BSO como el “You could be mine” de Terminator 2. Su exposición mediática los hizo tan amados como odiados, y la fama, el alcohol, las drogas y la cantidad de cosas que llevan aparejadas destrozó un mito, pero los acabo de oír seguidos de nuevo y me siguen alucinando tanto como siempre.

 

8.- Anthrax “Sound of White noise” (1993)

Maravilloso disco que supuso la llegada de John Bush al frente del micro de la banda y el adiós de Dan Spitz con las 6 cuerdas, ofreciendo una revolución sonora del sonido clásico del grupo hacia adelante. Con más melodías, textos más trabajados y un acercamiento a estilos más alternativos y alejados del thrash clásico al que estaban unidos desde el principio. Hay gente que huye de la etapa Bush y otros, como yo, que adoramos esta fase y disfrutamos por igual ambas épocas. Temas como “Only”, “Room for one more” o “Hy pro glo” son tan magistrales que sigues levantándote a cantar con ellos, y las bases de Scott Ian con la rítmica, Frank Bello con el bajo y el gran Charlie Benante con la batería es de una presencia enorme. Una joya que no envejece con el paso de los años.

 

9.- Neurotic Outsiders “Neurotic Outsiders” (1996)

Súper banda formada por Steve Jones (Sex Pistols), Duff McKagan (Guns N’ Roses), John Taylor (Duran Duran) y Matt Sorum (Guns N’ Roses), que convirtieron sus actuaciones puntuales en el Viper Room Club de L.A. en una banda que graba un disco de puro hard punk rock que lo convertirá en mítico. Casi todas las canciones son de Steve y cantadas por él, pero también aparecen Duff y John como compositores y cantantes de algunos temas. Temazos adrenalíticos como “Nasty ho”, “Always wrong”, “Good news”, “Feelings are good” o “Jerk” se acompañan de medios tiempos más tranquilos que cuentan historias vitales de sus protagonistas como “”Angelina”, “Better way” o “Story of my life”, pero las 12 canciones son bestiales y, cada vez que suena, me gusta tanto como la primera vez.

 

10.- The Cult “Ceremony” (1991)

Otro álbum muy especial para mí. Su gira fue mi 1ª vez con ellos, de las 10 que los he visto en directo, y supuso un antes y un después en mi vida musical. Su evolución musical es constante y aquí se acercaban a las raíces nativas norteamericanas de Ian, en algunos textos e imagen, y a la locura guitarrera de Billy, en muchos riffs y solos desbocados. Singles majestuosos como “Wild hearted son” o “Ceremony”, casan perfectamente con baladas y medios tiempos delicados como “White” o  “Heart of soul”, o locuras desatadas por el furor incontenible de Billy Duffy como “Earth mofo” o “Full tilt”. Aunque, tras esa gira, solo he podido verles tocando “Sweet salvation” en vivo porque Ian odia este álbum, que le recuerda demasiado a cómo estaba durante su grabación, inundado tras los vapores del alcohol. Fue el primer disco sin Jamie Stewart al bajo, del que se encargó Charley Drayton, y con Mickey Curry a la batería, quedando como grupo al mando de 2 cabezas pensantes. Recupéralo porque es una locura.

 

11.- Pearl Jam “Ten” (1991)

Este es otro de esos discos que me noquearon por completo en su momento y me llegaron antes de la explosión de Nirvana y el grunge mediático y puede que por ello no valore a Nirvana en su justa medida. La muerte de Andrew Wood (Mother Love Bone) dejó en shock a Jeff Ament (bajo) y Stone Gossard (guitarra) y al poco retomaron la ilusión de crear música juntos al unirse al guitarrista Mike McCready y, tras unas pruebas, conseguir a un vocalista del talento y la fuerza de Eddie Vedder, absolutamente imparable en la época. Añadieron a Dave Krusen a la batería y algunos arreglos de cuerda tras firmar con Epic. El éxito tardó en llegar, pero fue abrumador, y temas como “Alive”, “Jeremy” o “Even Flow” no pararon de sonar, y otras como “Once”, “Porch” o “Why go” son de una inmediatez que la dureza de sus textos quedan opacados y temas más tranquilos y sensitivos como “Black”, “Oceans” o “Release” solo te dejan coger un poco de aire ante tamaño artefacto. Un álbum imprescindible que, recordando lo que supuso en la época, te hace perder 30 años de golpe.

 

12.- Ozzy Osbourne “No more tears” (1991)

Pasaban los años y Ozzy seguía ahí a un nivel espectacular. Sus constantes cambios de formación le insuflaban aire nuevo y su unión a guitarristas de primer nivel le mantenía en la cima. Pareció estabilizarlo con la confirmación de Zakk Wylde en la guitarra, Bob Daisley al bajo, Randy Castillo a la batería y John Sinclair a los teclados, aunque aprovechó su amistad con Lemmy Kilmister para componer juntos 4 temas de los más exitosos del disco y sumó a Mike Inez a la consecuente gira al mando del bajo. La fuerza que emana no solo es del éxito popular que temas más accesibles como “Mama, I’m coming home” o “I don’t want to change the world” lograron, sino que todas las canciones aportan una visión del Ozzy actual, tan salvaje como siempre, “Mr. Tinkertrain”, “Hellraiser” o “Zombie stomp”, y más cercano y familiar, “Time after time” o “Road to nowhere”. Un álbum espectacular que no ha perdido ni un ápice de su magia. Su posterior “Ozzmosis” también me gustó mucho, pero de ahí en adelante ya voy seleccionando temas. Aquí hay que disfrutarlo entero porque es tremendo.

 

13.- Demolition 23 “Demolition 23” (1994)

La vuelta a las raíces punk de Michael Monroe vinieron de la mano con Sami Yaffa, Jay Henning y Jimmy Clark, con versiones de los Dead Boys de Steve Bators y Cheetah Chrome (“Ain’t nothin’to do”) o de los Heartbreakers de Johnny Thunders (“I wanna be loved”), además de un puñado de hits que no han parado de crecer desde su grabación, como “Nothing’s alright”, “Hammersmith Palais” o “The scum lives on”. Un álbum que volvió a poner a M.M. al frente de toda una generación y que, todavía hoy, sigue recuperando para sus conciertos. Tuve la fortuna de verlo muchos años después con Sami, Ginger, Steve y Karl y se convirtió inmediatamente uno de los conciertos de mi vida.

 

14.- Alice in Chains “Facelift” (1990)

Este disco es algo especial para mí porque fue el primero que escuché del movimiento grunge surgido en el noroeste americano. Alice in Chains siempre han sido una banda especial para un servidor por eso, pero es que además cuenta con una formación brillante, con una voz tan personal y sufrida como la de Layne Staley, una guitarra sobresaliente y llena de emoción de Jerry Cantrell, que además colabora de manera mayestática con una 2ª voz, el bajo de Mike Starr y la batería de Sean Kinney, y un tracklist magnífico, con cortes que obtuvieron un reconocimiento popular como “Man in the box” o “We die Young” y una muestra de talento especial en las composiciones como “Bleed the freak” o mi favorita “Love, hate, love”. Un álbum que siempre será especial.

 

15.- Coverdale & Page “Coverdale & Page” (1992)

Este fue uno de esos discos que sabías que iba a molar. El guitarrista de Led Zeppelin y el vocalista de Whitesnake (ex Deep Purple) juntos grabando nueva música basada en sus trayectorias pasadas cercanas al blues, al rock clásico y al hard rock. Magníficos riffs y grandes melodías decoraban todo el álbum y las canciones más roqueras, como “Shake my tree”, “Waiting on you”, “Feeling hot” o “Absolution blues” eran el complemento perfecto a las baladas y medios tiempos que metían la cabeza en sus raíces más blueseras y tradicionales como “Take me for a little while”, “Take a look at yourself” o “Whisper a prayer for the dying”. Se encargaron de casi todos los instrumentos con la ayuda de músicos contratados de contrastada categoría como Denny Carmassi, Ricky Phillips, Jorge Casas, Tommy Funderburk o Lester Mendez. Puede que fuera una isla en el desierto, pero muy ilusionante. Eran tiempos en que no paraba de investigar musicalmente hacia atrás y fue un soplo de aire fresco.

 

16.- Skunk Anansie “Post orgasmic chill” (1999)

Otra banda a la que estuve enganchado de forma incontrolada. Sus 3 primeros discos fueron un sopapo  en la cara de una industria musical que no paraba. La voz y personalidad de Skin al frente era tan impactante que te obligaba a elegir si entrabas o no, pero la música, dura, complicada, intrincada y con muchas programaciones eléctricas, de As, Cass y Mark, te ganaban sin medida. La agresividad de “Charlie big potato”, “We don’t need who you are” o “And this nothing that I thought I had” se dan de la mano con la expresividad a flor de piel que la voz de Skin transmite en “Tracy’s flaw”, “Secretly” o “You’ll follow me down”. Un disco que no paró de sonar en su momento y, todavía hoy, me sigue alucinando.

 

17.- Temple of the dog “Temple of the dog” (1991)

Grupo que montó Chris Cornell (Soundgarden) como tributo a su compañero de piso, recientemente fallecido, Andrew Wood (Malfunkshun). Un homenaje a su compadre junto a Jeff Ament y Stone Gosssard (antiguos compañeros de banda de Andrew y futuros Pearl Jam), Matt Cameron (Soundgarden y futuro Pearl Jam) y Mike McCready (Pearl Jam), con la colaboración puntual de Eddie Vedder (Pearl Jam). Desborde de talento que dedica las 2 primeras canciones a la memoria de Andrew, “Say hello 2 heaven” y “Reach down”, con una creatividad y desmelene espectacular. Poco después sacaron “Hunger strike” como single para promocionarlo, donde colaboraba Eddie, y con el tiempo fue adquiriendo la importancia que muy pocos le dimos en su momento. “Pushing forward back”, “Call me a dog”, “Your savior”, la versatilidad que demuestran en cada una de las canciones demostraban que estábamos ante una generación única.

 

18.- Megadeth “Rust in peace” (1990)

Tras el despido de Jeff Young y Chuck Behler, Dave fichó a Marty Friedman para el puesto de guitarrista y a Nick Menza lo subió de técnico de batería al titular del instrumento. De ahí nació una de las obras cumbres del thrash metal, un Rust In Peace repleto de canciones emblemáticas y que dan libertad a la técnica de todos los músicos, a la rabia y enfado con el mundo de Mustaine en sus letras que atacan contra casi todo lo establecido. Los ritmos frenéticos, los cambios de ritmos constantes, los solos de guitarra, los gritos furiosos de desesperación y un puñado de canciones que han pasado a la historia como “Holy wars… the punishment due”, “Hangar 18”, “Take no prisoners”, “Tornado of souls” o “Rust in peace…Polaris”. Una joya absoluta.

 

19.- Iron Maiden “Fear of the dark” (1992)

Otro de los discos que provocó mi conversión final. Fue el último que grabó Bruce Dickinson antes de marcharse durante unos cuantos años para trabajar en su carrera en solitario, y el primero de Janick Gers (al que había reclutado el propio  Bruce) como miembro oficial tras la marcha de Adrian Smith. Además presentó la novedad de Melvyn Grant como dibujante de la portada en lugar del mítico Derek Riggs, y la producción, como siempre, corrió a cargo del propio Steve Harris y Martin Birch. Presenta alguno de sus temas más emblemáticos, como “From here to eternity”, “Fear of the dark”, “Afraid to shoot strangers” o “Be quick or be dead”, pero las canciones menos reconocidas, como “The fugitive”, “Childhood’s end” o “Judas be my guide” siempre me han fascinado y cierran un disco que me alucinó en su momento y, todavía hoy, me sigue encantando.

 

20.- Thunder “Backstreet symphony” (1990)

El álbum debut de los británicos es espectacular, una delicia escucharlo entero del tirón, con una clase que muy pocos atesoran. Las guitarras de Luke Morley, principal compositor, y Ben Matthews y la voz de Danny Bowes se clavan en mi cerebro desde el principio. Muy posteriormente, su Live de 1998 es un recurso habitual cuando quiero subirme la moral, y el sentido del humor de Harry James tras la batería consigue que me arranque con todos los temazos que contiene. “She’s so fine”, “Dirty love”, “Higher ground”, “Until my dying day”, “Love walked in”… todos son hits en potencia, hasta la enorme versión del clásico “Gimme some lovin’” que cierra el disco podría ser un imprescindible en cualquier carrera. Un espectáculo de principio a fin.

 

21.- Buckcherry “Buckcherry” (1999)

Debut  espectacular de la banda  de Josh Todd y Keith Nelson, que supuso un impacto inminente en una época en que estábamos esperando algo parecido entre las nuevas vertientes del metal que tan de moda estaban (nu, industrial, etc…) para recuperar la esencia del rock and roll. Un vocalista imponente, provocador, con una voz  reconocible, y un guitarrista capaz de crear atmósferas únicas y riffs de primer orden. Temas como “Lit up” o “Dead again” fueron un chute de adrenalina inaplazable, y medios tiempos como “For the movies” o “Check your head” demostraron que la experiencia de Terry Date y Steve Jones en la producción era muy importantes. Pero además, canciones como “Crushed”, “Lawless and Lulu” o “Drink the water” dejaban claro que la mezcla perfecta de agresividad y melodía les convertía en éxito seguro. Así fue.

 

22.- W.A.S.P. “The crimson idol” (1992)

Conceptuado como un álbum en solitario de Blackie Lawless, las presiones de la discográfica lo convirtieron en el quinto disco de W.A.S.P., aunque el propio Blackie era el único miembro que quedaba. Blackie cantaba, tocaba el bajo, la guitarra, los teclados, escribió el texto de todas las canciones para convertirlo en un disco conceptual sobre el auge y caída de un chico defenestrado por su familia. Bob Kulick, famoso por sus trabajos con Kiss, Frankie Banali, conocido por su trabajo con Quiet Riot, y Stet Howland, fueron algunos de los músicos que le ayudaron a grabarlo. El disco fue de un impacto tremendo y trallazos cono “Arena of pleasure”, “Chainsaw Charlie”, “Doctor Rockter” o “I am one” acoplaban perfectamente con las sensitivas “The idol” o “Hold on to my heart”, creando uno de los discos conceptuales capitales en la historia del heavy metal.

 

23.- White Lion “Mane attraction” (1991)

El cuarto disco de la banda es mi favorito de ellos, donde mezclan a la perfección la melodía y la parte musical más dura del cuarteto. La genialidad de Vito Bratta con la guitarra consigue que todavía lo recordemos como uno de los mejores y, tanto sus riffs, ritmos, solos y efectos locos, decoran cada una de las armonías de Mike Tramp a las voces, dejando el duro trabajo de imponer unas bases rítmicas acordes a James LoMenzo al bajo y Greg D’Angelo a la batería. Temas como “Lights and thunder”, “Warsong” o “She’s got everything” dejan clara esa parte cañera, y baladas y medios tiempos como “Broken heart”, que ya apareció en su debut, “You’re all I need”, “’Till death do us apart” o “Farewell to you” acogen esa faceta más melódica que los emparenta con su pasado ochentero. La partida de James y Greg y la posterior desaparición de Vito nos dejó sin una de las bandas imprescindibles.

 

24.- Slayer “Seasons in the abyss” (1990)

El quinto disco de estudio de los norteamericanos supuso varias cosas. Fue el último que grabó Dave Lombardo a la batería y fue la mezcla perfecta entre la velocidad y agresividad de Reign in blood y la melodía y armonía de South of heaven. Contiene alguno de los temas emblema del grupo como “War ensemble”, “Expendable youth”, “Dead skin mask” o “Seasons in the abyss”, y la formación más clásica de la banda siempre será la compuesta por Tom Araya, Jeff Hannemann, Kerry King y Dave Lombardo, con la figura de Rick Rubin como productor. Un disco que podemos equiparar a un guantazo con la mano abierta y puede que nos quedemos cortos.

 

25.- Tesla “Bust a nut” (1994)

Poca gente elegiría este disco por delante de Psycotic Supper o el Five Man Acoustical Jam, pero a mí me voló la cabeza. Ese inició brutal con “The gate/Invited” y la perfecta mezcla de las melodías inconfundibles, gracias a su voz particular, de Jeff Keith, con los riffs tremebundos de Frank Hannon y Tommy Skeoch, casan a la perfección con las bases contundentes y acopladas de Brian Wheat al bajo y Troy Luccketta a la batería. Temas como “Shine away”, “Mama’s fool” o “Earthmover” son de adicción inmediata, y el sonido que consiguen las convierte en unas de las bandas americanas indispensables del mundo del hard rock. Fue su último disco antes de la ruptura temporal de 10 años que nos los devolvió con el mismo ímpetu y calidad.

 

26.- Faith no more “Angel Dust” (1992)

Mike Patton ya se había asentado del todo y participó en casi toda la composición del álbum, y se nota. La locura instrumental y la disparidad compositiva puede alcanzar su mayor exponente aquí. Cortes como “Caffeine”, “Smaller and smaller”, “Midlife crisis” o “Malpractice” dan una variedad al conjunto tremebunda. Fue el último disco de Jim Martin a la guitarra y la importancia de Patton, Billy Gould (bajo), Roddy Bottum (teclados) y Mike Bordin (batería) no paraba de crecer y convirtió a uno de los puntales del metal alternativo en algo inclasificable y totalmente libre de ataduras.

 

27.- Down “Nola” (1995)

Debut de la banda paralela que montaron varios amigos de la escena metalera. Con el punto en común de la ciudad de Nueva Orleans, acrónimo con el que lo titulan, junta a Phil Anselmo (Pantera), Pepper Keenan (C.O.C.), Kirk Windstein (Crowbar), Todd Strange (Crowbar) y Jimmy Bower (Eyehategod), para grabar 13 cortes que mezclan todos los estilos que expandían con sus grupos, desde el metal más puro, al sludge, el stoner, southern metal y demás variantes. Contiene alguno de los temas más inspirados y brutales de su catálogo como “Temptation’s wings”, “Lifer”, “Rehab”, “Stone the crow” o “Bury me in smoke”, siendo solo la 1ª entrega de varias más.

 

28.- Manowar “The triumph of steel” (1992)

Muchas novedades del grupo al cambiar de década. Solo para este álbum, entran Rhino a la batería y David Shankle a la guitarra, dándole un sonido más rápido y agresivo al conjunto. Incluye un tema épico inspirado en la Illiada de Homero, de casi 29 minutos, junto a alguna de las canciones más veloces como “The demon’s whip” o “The power of thy sword”, o de las más duras de su carrera como “Metal warriors” o “Sprit horse of the Cherokee”, además de la tremenda balada “Master of the wind”. Algunos lo consideran su último disco realmente inspirado, y el futuro los convertirá en una caricatura de lo que realmente fueron.

 

29.- The Mission “Carved in sand” (1990)

Entrada por todo lo alto de la banda que Wayne Hussey (guitarra y voz) y Craig Adams (bajo) formaron al huir de Sisters of Mercy. Juntaron su talento con Simon Hinkler (teclados y guitarra) y Mick Brown (batería) y algunos arreglos de cuerda de Reeves Gabrels, Guy Chambers y Baluji Shrivastav. Incluye alguno de sus temas más conocidos como “Butterfly on a wheel”, “Into the blue” o “Hungry as the hunter” o algunas de las más reconocidas por el sector roquero de su audiencia como “Amelia” o “Deliverance”. Pude verlos en la gira de presentación de este disco, donde tocaban temas incluidos en su posterior “Grains of sand”, como “Mr. Pleasant” o “Hands across the ocean”, que fueron excluidos en la grabación de su anterior y exitoso álbum.

 

30.- Savatage “Dead winter dead” (1995)

La discografía entera de los 90 es maravillosa, y podría elegir “Edge of thorns”, “Streets” o “Wake of Magellan, pero aquí alcanzan un tope extraordinario a nivel compositivo e interpretativo. Con Chris Caffery y Al Pitrelli a las guitarras, Johnny Middleton al bajo, Jeff Plate a la batería, Zachary Stevens al mando del micro y Jon Oliva con los teclados y otro micro, centran la historia del álbum en la guerra de los Balcanes. Un disco conceptual que consigue momentos sublimes y emociones a flor de piel. Temas como “This is the time”, “This isn’t what we meant” o “Dead winter dead” son canciones que te llevan a primera línea y me hacen elegirlo por simples razones subjetivas.

 

31.- Aerosmith “Get a grip” (1993)

Este es el ejemplo perfecto de cómo un gran álbum puede atorarse en tu vida por la saturación mediática que lo convirtió en un gran éxito a nivel mundial. La sobre explotación de los video clips que hicieron para las baladas “Crazy”, “Cryin’” y “Amazing”, con la hija del propio Steven, Liv Tyler, y una jovencísima Alicia Silverstone como protagonistas, terminaron por saturarnos y escondieron grandes canciones como “Fever”, “”Walk on down” o “Line up” en su tracklist. Contó con un montón de colaboraciones de gran nombre, como Lenny Kravitz, Desmond Child o Don Henley entre muchos otros, pero siempre hay que ir un poco más allá del trabajo de Steven Tyler, Joe Perry, Brad Whitford, Tom Hamilton y Joey Kramer con Aerosmith.

 

32.- The Sisters of Mercy “Vision thing” (1990)

Otro de esos discos que suponen algo muy personal. El disco más duro de una de las bandas británicas de rock gótico por antonomasia que, una vez más, se había reformado y las disputas internas eran una constante. Sin embargo, temas tan adictivos como “Vision thing” o “More” fueron un éxito total y solía ser la banda sonora perfecta cuando iba con mi colega el Indio a pasar el fin de semana a su casa de la playa en Jávea. “Ribbons” siempre me recordará eso. Andrew Eldritch es la cara del grupo y Doktor Avalanche la batería programada, pero aquí fichó a Tim Bricheno y Andreas Bruhn en las guitarras y, al ex Sigue Sigue Sputnik, Tony James al bajo, para la última entrega discográfica de la banda por problemas legales con el sello discográfico que los tenía en nómina.

 

33.- Joe Satriani “The extremist” (1992)

El 4º disco de Joe me trae unos recuerdos fantásticos, de ir a la universidad y entrar a almorzar a un bar y estar sonando por la radio “Summer song”, de la vez que tuve la suerte de verlo en directo, flipar con los ritmos impuestos en “Friends”, “War” o la balada “Cryin’”, indispensable en cualquier recopilatorio para el coche, de intentar averiguar quiénes eran Gregg Bissonette, Andy Johns, Jeff Campitelli o Matt Bishonette. Cada vez que suena “Why” o “Motorcycle driver” me retrotrae a momentos pasados de recuerdos alegres.

 

34.- The Quireboys “A bit of what you fancy” (1990)

El debut de Spike y los suyos se presentó con 2 cortes que convertían una tarde gris y nublada en una fiesta soleada y divertida. “Sex party” y “7 O’clock”, pero cuando escarbabas un poco y “I don’t love you anymore”, “Man on the loose”, “Hey you” o “There she goes again” llegaban convertían un par de pelotazos en un disco espectacular lleno de grandes momentos. El carisma y voz de Spike al frente, con Guy Griffin y Guy Bailey en las guitarras, Nigel Mogg al bajo, Ian Wallace en la batería y Chis Johnstone en los teclados celebraban una actualización del sonido que había triunfado en el pasado, con multitud de coros y arreglos de cuerda. Tuve la suerte de verlos varias veces en el siglo XXI, una de ellas celebrando el aniversario de esta joya, y siempre convierten un concierto más en una fiesta maravillosa.

 

35.- Overkill “I hear black” (1993)

La banda de Blitz y D.D. son obligatorios para mí y, en esta década de los 90, podría elegir varios de sus discos porque fueron muy importantes en una época complicada, estudiando una oposición en que servían para evadirme de la presión, y me recuerdan siempre a mi compadre Ernesto que me los metió en vena. Con los sempiternos Bobby “Blitz” Ellsworth a las voces y D.D. Verni al bajo y coros, la pareja de guitarristas Rob Cannavino y Merritt Gant y el debut de Tim Mallare en la batería, crearon una formación que grabó varias joyas en su momento. Muchos se decantaron por otras bandas u otras formaciones de esta, pero este disco era de escucha obligada semanalmente y canciones como “I hear black”, “World of hurt”, “Shades of grey”, “Wight of the world” o la final con “Just like you” son parte de mi mochila vital y, da igual el tiempo que pase en volver a escucharlas, me las sé de memoria.

 

36.- Jane’s Addiction “Ritual de lo habitual” (1990)

Explosivo segundo disco de estudio de los californianos, una de las cumbres del llamado rock alternativo, que presenta 9 canciones de impacto inmediato. Desde ese speech inicial en que nos dicen que tienen más influencia con tus hijos que tu tiene, los primeros temas eléctricos, roqueros, de innovación y desmelene absoluto, hasta los últimos más meditativos, depresivos y de desarrollos complejos, van desgranando una serie de ideas e impulsos creativos desbordantes que te conquistan. “Stop”, “Ain’t no right” o “Been caught stealing” entre las primeras, o “Three days” o “Then she said” entre las segundas son abrumadoramente cautivadoras. Perry Farrell, Dave Navarro, Eric Avery y Stephen Perkins dan vida a un disco que marcó época.

 

37.- Stone Temple Pilots “Core” (1992)

La memoria me lleva a que conocí a esta banda con los videos de “Wicked garden” y “Creep” y, al comprar el disco y reproducirlo en casa, descubrí “Dead & bloated”, “Sex type thing”, “Naked Sunday” o “Crackerman”, pelotazos con guitarrazos oscuros pero intensos, una voz muy personal y una producción fantástica del mismo tipo cuyo nombre había visto en discos que me fascinaron de los Black Crowes, Pearl Jam o Red Hot Chili Peppers, voz de referencia de la producción del momento, Brendan O’Brien. Los hermanos DeLeo (guitarra y bajo) y Eric Kretz (batería) acompañaban a un tipo que se hizo un nombre por su magnética presencia, sus excesos y su voz tan particular, Scott Weiland. Un disco especial de una banda especial que siempre hay que reivindicar.

 

38.- Skin “Skin” (1993)

Otro de ese montón de discos de hard rock espectaculares que el boom del grunge se llevó por delante. Banda británica que, no sé muy bien por qué, siempre emparento con Thunder. Puede que ese estilo tan estiloso me lleve a ello, pero este disco es uno de los que pasa con frecuencia por mi reproductor. Temazos como las iniciales “Money”, “Shine your light”, “House of blood” o “Clourblind” me obligan a ello, pero dejan paso a un baladón como “Which are the tears” y tienes que escucharlo entero porque no bajan el nivel ni un segundo. La voz de Neville MacDonald, la guitarra de Myke Fray, el bajo y coros de Andy Robbins y los ritmos impuestos por la batería de Dicki Fliszar lo convierten en un imprescindible. Hazte un favor y recupéralo o descúbrelo, según el caso, porque no debes perdértelo.

 

39.- Dream Theater “A change of seasons” (1995)

Aquí voy con otra elección especial. La mayoría se decantarían por “Images and words”, “Awake” o “Metropolis Pt.2: Scenes from a memory”, pero tengo que decantarme por este porque la suite que da título al álbum me parece magistral y la he escuchado un montón de veces. Son más de 20 minutos de desarrollos largos y experimentación continua que me conquistó desde la 1ª vez que la escuché, pero además se decora con un directo repleto de hits reconocibles de Elton John, Deep Purple, Led Zeppelin y un majestuoso mix de 10 minutos con clásicos de Pink Floyd, Kansas, Queen, Journey, Dixie Dregs y Genesis. La formación clásica de James LaBrie, John Petrucci, John Myung, Mike Portnoy y Derek Sherinian dando rienda suelta a su talento.

 

40.- Suicidal Tendencies “Suicidal for life” (1994)

El sexto disco del grupo emblema del crossover que supuso la despedida del guitarrista Rocky George y el bajista Robert Trujillo. Nunca es el álbum elegido por los fans del grupo, pero lo he escuchado tantas veces y sus canciones, especialmente la primera mitad, me parecen tan brutales que no puedo elegir otro. “Don’t give a fuck”, “Suicyco muthafacka”, “Fucked up just right”, “No bullshit”, es una sucesión constante de riffs y ritmos arrolladores y que te obligan a moverte con los desequilibrios constantes de Mike. Mike Muir, Rocky George, Mike Clark, Robert Trujillo y Jimmy DeGrasso siempre estarán en mi equipo y, cuando pude verlos en una gira conjunta con The Cult, me volaron la cabeza.

 

41.- The Four Horsemen “Gettin’ pretty good…at barely gettin’ by” (1996)

Segundo disco de una de las bandas malditas del rock. Con la imponente presencia y voz de Frank C. Starr al frente, la banda de Dave Lizmi (guitarra solita y coros), nos entrega un disco de supervivencia, de rehabilitación, de celebración de la vida, de rock and roll. Tal y como dice alguna de sus canciones esto vale la pena simplemente con sobrevivir, estamos vivitos y coleando, seguimos adelante manteniéndonos vivos. Poco duró el optimismo ante la dureza vital, pero son 13 canciones de optimismo vitalizante. “Still alive and well”, “Drunk again”, “Song for the abstent friends”, “Back in business again”… una pléyade de himnos roqueros que servirán de despedida para mantenerlos vivos en nuestra memoria.

 

42.- Little Caesar “Little Caesar” (1990)

El debut de la banda homónima es uno de los imprescindibles de la década. Justo antes de la revolución que venía de Seattle juntaron a Bob Rock en la producción y John Kalodner en el management cerrando un disco redondo. Con Ron Young en las voces, Loren Molinare y Apache en las guitarras, Fidel Paniagua al bajo y Tom Morris en la batería, se hicieron un pequeño hueco con la versión del clásico que popularizó Aretha Franklin “Chain of fools”, pero hay un puñado de canciones imprescindibles. “Down ‘n’ dirty”, “Hard times”, “Rock’n’roll state of mind”, “Cajun Panther”, “Little queenie” o las baladas “In your arms”, “Midtown” y “I wish it would rain”, componen un álbum espectacular. Tuve la suerte de verlos hace unos años con Ron, Loren y Pharoah entre sus componentes, en una noche para el recuerdo.

 

43.- Monster Magnet “Powertrip” (1998)

El álbum que confirmó a la banda como un ineludible mainstream de la época. Fue un éxito y confirmó que su anterior “Dopes to infinity” no era una broma. El grupo encabezado por Dave Wyndorf y Ed Mundell confirmó  su especial muestra de space stoner rock de primer nivel. La voz profunda de Dave y los riffs distorsionados de Ed se acompañaban de Phil Caivano en la segunda guitarra, Joe Calandra al bajo y Jon Kleiman a la batería, y temas como “Space Lord”, “Bummer” o “Baby Götterdämerung” me cautivaron desde el principio, y cortes como “Crop circle”, “Powertrip” o “Temple of your dreams” acoplaron perfectamente al disco que los convirtió en estrellas mundiales.

 

44.- Steve Vai “Passion and warfare” (1990)

Tercer disco de la carrera solista de Vai, al que ya conocía muy poco por aparecer en la película Crossroads y ser el guitarrista de apoyo en discos de David Lee Roth y Whitesnake. Aquí fue donde, por 1ª vez, descubrí al Steve artista. Su tratamiento experimental de la guitarra, sus locuras y filigranas con los sonidos que sacaba de ella, y conseguir que temas instrumentales se clavaran en mi cerebro de manera tan marcada, descubriendo cada inflexión de cada instrumento fue mágico. Canciones como “Liberty”, “For the love of God”, “The audience is listening”, “I would love to” o “Greassy kid’s stuff” son las más conocidas, pero consigue que disfrutes de las 14 composiciones que a lo largo de los años fue creando para crear un álbum mágico. He tenido la suerte de verlo 2 veces en vivo y es tan fantástico como te imaginas, especialmente la 1ª vez con Billy Sheehan, Tony McAlpine o Jeremy Colson en una noche para el recuerdo.

 

45.- Coroner “Mental Vortex” (1991)

El cuarto disco de los suizos es espectacular, una maravillosa mezcolanza de metal técnico en sus diversas versiones. Thrash, prog, speed… con unos desarrollos muy originales y súper técnicos, donde todos los músicos dan muestra de su calidad como músicos acompañando la agresiva y ruda garganta de su vocalista. Contiene la que puede ser su canción más conocida, “Son of Lilith”, aunque los 8 cortes que lo componen son de una calidad suprema. Ron Royce (bajo y voz), Tommy Baron (guitarra) y Marquis Marky (batería) dejaron claro que la calidad va muy separada del éxito comercial y este álbum sigue sonando brutal cada vez que lo pongo en mi reproductor. Además su portada es el avatar elegido desde hace muchos años por un gran amigo que ahora vive muy lejos.

 

46.- Screaming Cheetah Wheelies “Magnolia” (1996)

El segundo disco de la banda de Mike Farris es una maravilla de principio a fin. La voz de Mike es portadora de un feeling y una calidez especial y aquí lo demuestra en cada uno de los cortes que lo componen. Acompañado por Rick White y Bob Watkins a las guitarras, Steve Burgess al bajo y Terry Thomas a la batería, dan una muestra de ese rock basado en el blues, el soul y la tradición americana de jam bands con arreglos de percusión, armónica… Con 2 temazos como “Hello from Venus” o “Magnolia”, dan un repaso a toda la tradición del rock americano en base a una de las mejores voces de la historia. “Backwoods travellin’”, “Gypsy lullaby”…, cualquier tema es especial y te obliga a dejar lo que estás haciendo para caer rendido a sus pies.

 

47.- Pride and Glory “Pride and glory” (1994)

Maravilloso álbum de southern metal con la presencia imperial de Zakk Wylde al frente, guitarra y voz que imponía su tremendo sonido con las 6 cuerdas y su potente garganta, con arreglos de cuerda (banjo, mandolina…) y acompañándose de James LoMenzo al bajo (White Lion) y Brian Tichy (Whitesnake, Ozzy…) a la batería. Son 14 canciones muy variadas, con una producción muy compacta de Rick Parashar y un puñado de canciones geniales. “Losin’ your mind”, “Horse called war”, “Machine gun man”, “Cry me a river”, “Toe’n the line” o las 5 versiones que aparecían en el 2º disco de la versión cd. Una gozada.

 

48.- Bon Jovi “Keep the faith” (1992)

El éxito mundial que generó el grupo con su anterior disco provocó giras mundiales, álbumes en solitario de alguno de sus músicos, rumores de separación, cambio de manager y un giro en su música. Muchos fans renegaron de ellos y otros, como yo, consideran este su último disco notable. Me trae recuerdos de cantar las canciones en casa con mis hermanas, de no dormir durante mucho tiempo como decía una de sus canciones, de verlos en televisión presentándolo… Nunca he sido mega fan de la banda, pero este disco siempre me gustó y lo he defendido por su variedad, por el momento en que llegó a mí y porque tiene canciones que me encantan. Puede que “Dry county” sea la que más veces he escuchado, pero pildorazos como “I’ll sleep when I’m dead” o “If I was your mother” cuadraban perfectamente con baladas mainstream como “Bed of roses” o “In these arms”. El último de una saga para Jon, Ritchie, Alec, Tico y David.

 

49.- Dave Meniketti “On the blue side” (1998)

Homenaje del guitarrista y cantante de Y&T al blues. Muy cercano a algunos discos de Gary Moore y dejando expandir su vena hard roquera a la guitarra con solos y ritmos adrenalíticos y llenos de emoción. Desde baladas como la sensitiva “Until the next time”, a las magníficas versiones de “Man’s world” o “Parchman farm”, desde las clásicas “Can’t do nothin’ right” a las más blueseras como “Just coastin’” o “Baby blues”, forman una docena de temas que dan rienda suelta al talento desbordante de uno de los guitarristas más competentes de lo que he podido ver y disfrutar.

 

50.- Pain of salvation “Entropia” (1997)

La irrupción de Pain of Salvation es una de las maravillas que nos llegó a finales del siglo XX. Su metal progresivo repleto de lírica conceptual que, con el tiempo, no ha parado de evolucionar ha dado para forjar una carrera espectacular. Con este debut se presentó al mundo la figura de Daniel Gildenlöw, auténtico genio tras la banda que, con cada lanzamiento fue sellando su figura a fuego entre los aficionados al género. Cualquiera de sus trabajos es merecedor de tu atención y que descubras a un grupo por encima de muchos términos y calificativos, si es que todavía no lo has hecho.

 

51.- Stevie Ray Vaughan “The sky is crying” (1991)

Disco póstumo, publicado tras la muerte de Stevie con grabaciones hechas durante sus mayores años de gloria, casi todas ellas versiones de clásicos de Elmore James, Howlin’ Wolf, Willie Dixon o su amado Jimi Hendrix. La adaptación de dichos temas conocidos a su estilo propio lo hace un álbum muy disfrutable, incluyendo mi versión favorita del “Little wing” de Hendrix o un tema propio como “So excited”, que nunca se había publicado anteriormente. 10 canciones para celebrar la vida de uno de los más grandes tras su trágica muerte.

 

52.- Tool “Aenima” (1996)

Conocí de rebote a esta banda y, desde la primera escucha, vi que era algo especial. Supuso la llegada de Justin Cancellor al bajo, haciendo una pareja fantástica con Danny Carey (batería) para llevar los ritmos oscuros y sinuosos que los hipnóticos riffs de la guitarra de Adam Jones y los insondables textos que Maynard James Keenan recitaba en cada canción los convertían en un viaje psicótico único. Mis recuerdos me llevan a cuando estudiaba una oposición en una academia porque siempre llevaba mis auriculares con este disco en el cd portátil para trasladarme a otro lado y no pensar en lo que me esperaba. Afortunadamente aprobé y siempre les estaré agradecido.

 

53.- Jeff Buckley “Grace” (1994)

Álbum mágico donde los haya. La voz de Jeff es capaz de transportarte a algún sitio extraordinario. La delicadeza de su palabra y la caricia con la que trata a su guitarra convierte una canción en algo especial. Conocí este disco por el cantante de un grupo de amigos que lo recomendaba y, aunque costó su tiempo, caí finalmente rendido a sus bonanzas. El hijo de Tim Buckley alargó la leyenda de su padre y la tragedia lo convirtió en mítico, dejando este disco para disfrute de los que buscamos algo especial. Temas como “Mojo Pin”, “Last goddbye”, “So real” o la espectacular versión del “Hallelujah” de Leonard Cohen hacen que estos 10 cortes sean la elección ineludible para determinados momentos de tu vida.

 

54.- Turbonegro “Apocalypse dudes” (1998)

El cuarto disco de los noruegos supuso la llegada de Euroboy a la guitarra principal y de Chris Summers a la batería, acercando el sonido a la mezcla perfecta del punk neoyorkino y glam rock más teatral. El brutal inicio con “The age of Pamparius”, “Selfdestructo bust” y “Get it on” te mete de lleno en un disco enérgico, vital y repleto de ritmos inesquivables de adicción inmediata. La presencia al frente del carismático Hank von Helvete con su pecho descubierto y sus ojos pintados dan rienda suelta a las guitarras de Euroboy y Rune Rebellion, las bases atronadoras de Happy-Tom al bajo y Chris a la batería, y al colchón confortable de los teclados de Pal Pot Pamparius. Un indispensable de la época, pastilla energética sin prescripción médica.

 

55.- Vince Neil “Exposed” (1993)

Tras abandonar su banda madre, el cantante de Mötley Crüe, recluta a Steve Stevens, Dave Marshall, Robbie Craene y Vikki Foxx para grabar su debut como solista y, para algunos descerebrados entre los que me incluyo, es lo que más me gusta del universo Crüe. El trabajo de Steve con las guitarras es espectacular y las armonías vocales de Vince están entre lo mejor que ha hecho en su vida. Trallazos hard roqueros como “Look in her eyes”, “Set me free”, o “Living is a luxury” se complementan con baladas y medios tiempos muy acertados como “Can’t change me” o “Gettin’ hard”, trabajando con nombres de primer nivel como Phil Soussan, Tommy Shaw, Andrew Scott, Tommy Funderburk o Timothy B. Schmit en la composición y grabación de 11 cortes fantásticos de puro hard rock.

 

56.- Annihilator “Never neverland” (1990)

La banda canadiense va asociada a su líder y guitarrista Jeff Waters, aunque en esta época todavía intentaba crear un grupo de verdad con Dave Scott Davis en la otra guitarra, Wayne Darley al bajo y Ray Hartmann a la batería, cambiando al vocalista por Coburn Pharr. Incluye alguno de sus temas más reconocidos como “The fun palace”, “Road to ruin”, “Sixes and sevens”, “Phantasmagoria” o “I am in command”, aunque todas ofuscadas por el tema que da título a este segundo lanzamiento de una de las bandas que, en el segundo o tercer escalón del thrash, ahí siguen repartiendo cera. Pude verlos hace unos años y, solo por tener delante a Jeff, ya fui feliz y estaba contento.

 

57.- AC/DC “The razors edge” (1990)

La banda australiana impresionó en la década de los 90 por sus espectaculares directos. “Live” (1992) y “No bull” (1996) han sido dos trallazos tremendos que han pasado infinidad de veces por mis oídos, pero todo nació aquí. “The razors edge” es un álbum infravalorado por muchos, pero que supuso una resurrección en toda regla y marcó el resurgir de la banda definitiva del hard rock mundial. Temazos como “Moneytalks”, “Are you ready”, “Fire your guns”, “The razors edge” y el pepinazo que supone iniciar lo que sea con “Thunderstruck”, apoyados por algunos videos que ayudaron muchísimo a su éxito, supusieron la entrada por la puerta grande de Chris Slade al mando de la batería en un engranaje perfecto compuesto por Angus y Malcolm en las guitarras, Cliff al bajo y el siempre discutido Brian Johnson a las voces.

 

58.- Backyard Babies “Total 13” (1998)

Segundo disco de uno de los claros representantes del high energy escandinavo que explosionó en la segunda mitad de la década. La banda formada por Nicke Borg a las voces y guitarra, Dregen a la guitarra solista, Johan Blomquist al bajo y Peder Carlsson a la batería logró aquí su álbum más reconocido y a mí me sigue gustando tanto como entonces. Temazos como “Highlights”, “Made me madman” o “Look at you” son parte de la revolución que venía del norte de Europa en esos años. Pude verlos hace unos años y me dejaron un poco frío, pero ahí siguen tanto después.

 

59.- The Scream “Let it scream” (1991)

La única entrega discográfica de la banda se convirtió en una joya escondida por la presencia de músicos que se hicieron insignes y por la calidad del material presentado. Scott Travis pasó a tocar la batería con Judas Priest poco antes de grabarse el disco y John Corabi pasaría a ser el cantante de Mötley Crüe poco después. Además de John, Bruce Bouillet con la guitarra, John Alderete con el bajo y Walt Woodward con la batería, aparecen colaboraciones de Ray Gillen y Jeff Martin en el tema “You are all I need”, y determinados arreglos de cuerda y viento por Phil Chennell, Bill Bergman y Jimmy Waldo. Temas como las iniciales “Outlaw” y “I believe in me” o “Tell me why” y “Love’s got a hold on me” nos dejan con la miel en la boca, deseando que hubiera tenido continuación.

 

60.- Death Angel “Act III” (1990)

El tercer disco de la banda de thrash metal californiana es un paso adelante espectacular. Innovador, técnico, rápido, rítmico y con una variedad maravillosa, dando un cambio al sonido ochentero del grupo, con desarrollos más trabajados y unas influencias más versátiles. La voz de Mark Osegueda, las guitarras de Rob Cavestany y Gus Pepa, el bajo de Dennis Pepa y los ritmos impuestos por la batería de Andy Galeon son de un impacto inminente, demostrando que el quinteto no se quedaba quieto y seguía avanzando sin parar.

 

61.- Gary Moore “Blues Alive» (1993)

Aquí me voy a saltar mis propias normas para poner un directo al que recurría habitualmente cuando no sabía que quería, blues, rock… Gary hacía un par de discos que se había pasado al blues y sacó este directo grabado en el Royal Albert Hall, con una gran banda, algún invitado y esa mezcla perfecta entre temas propios y versiones. Canciones suyas como “Cold day in hell”, “Separate ways”, “King of the blues” o el exitazo “Still got the blues” casaban a la perfección con las versiones que hacía de “Walking by myself”, “Oh, pretty woman”, “The sky is crying” o la que contó con Albert Collins, autor de la misma, “Too tired”. Contaba con una banda de escándalo que aglutinaba vientos, cuerdas, coros, tambores y teclados y fue un gran suceso que, en mi casa, sonó regularmente.

 

62.- Manitoba’s Wild Kingdom “…And you?” (1990)

El vocalista de los Dictators montó una banda a mitad de los 80 para revivir la esencia de su banda madre. Casualmente terminó siendo una versión 2 del grupo porque Andy Shernoff, Ross Friedman, Scott Kempner y el futuro batería del grupo J.P. Patterson se juntaron y grabaron un álbum cuyas canciones se han incorporado al setlist de las posteriores reuniones de una de las bandas más grandes del punk de NYC. “The party starts now!!”, “Haircutt and attitude”, “New York, New York” o “Fired up” son un chute de adrenalina que rejuvenece a cualquiera que ha podido verlos después. Tuve la suerte de verlos en vivo 3 o 4 veces con Manitoba, Ross, JP, Daniel Rey o Andy en distintas formaciones y fue maravilloso.

 

63.- Helloween “Better tan raw” (1998)

Soy de los que aceptó desde el principio a Andi Deris como vocalista de la banda germana y discos como “The time of the oath” o “Master of the rings” podrían estar aquí, pero este disco siempre me ha gustado mucho. Presenta varios atractivos para mí, como la presencia de Roland Grapow con la guitarra o Uli Kusch en la batería, o contar con una de las típicas intros instrumentales favoritas, o alguna de las canciones que siempre me ponen de buen rollo, como “Push”, “Revelation” o “Lavdate dominum” y, además, pude verlos en esa gira teloneando a los Maiden de Blaze Bailey y se los comieron con patatas. Uno de esos discos a los que no suelo recurrir, pero cuando lo cojo siempre me lo paso de maravilla.

 

64.- Iced Earth “Something wicked this way comes” (1998)

El quinto disco de estudio de Schaffer y compañía puede que sea mi favorito y el que más veces he escuchado. Su alianza con Matt Barlow ya había dejado 2 discos que me habían gustado muchísimo como “Burnt offerings” y “The dark saga”, pero aquí cierra filas con él en las voces y James MacDonough al bajo para grabar 13 canciones adrenalíticas. “Melancholy (holy martyr)”, “Disciples of the lie”, la balada “Watching over me”, “Stand alone”, “Reaping stone”, “Blessed are you”…, es un no parar de temazo tras temazo, con unos riffs atronadores, un tempo poderoso y una voz bestial. Una joya que hay que recuperar cada poco.

 

65.- Incubus “Make yourself” (1999)

Con un pasado más cercano al Nu Metal que no me interesaba nada, dieron un paso hacia terrenos más alternativos dentro del rock. Siguen con ritmos sampleados en muchas canciones, pero con un trabajo mucho más melódico y trabajado en las voces y con unos riffs muy potentes con destellos funkies y ritmos cadenciosos. Alcanzaron el éxito con temas como “Drive” o “Pardon me”, pero la variedad de ritmos propuestos les colocan muy por delante de otras bandas de su generación que no me decían absolutamente nada. Brandon Boyd a la voz, Mike Eizinger a la guitarra, Dirk Lance al bajo, José Pasillas a la batería y Chris Kilmore a las teclas y efectos, grabaron uno de los discos más logrados de la época y temas como “Privilege”, “Consequence”, “Make yourself” o “Clean” dejan claro que ahí había músicos con mucho talento.

 

66.- Kenny Wayne Shepherd “Trouble is…” (1997)

Tras su fantástico debut con solo 18 años, Kenny nos entrega su 2º disco, repitiendo con Jimmy Wallace (teclados) y Joe Nadeau (guitarra rítmica), pero presentando una banda en toda regla, con Robby Emmerson al bajo, Sam Bryant en la batería y, sobre todo, la llegada de Noah Hunt al mando del micro. Además contó con un puñado de colaboraciones de primer nivel como Tommy Shannon, Chris Layton, Reese Wynans o James Cotton. Alguno de sus temas más reconocidos como “Blues on black”, “True lies”, “Slow ride”, “Somehow, somewhere, someway” o las versiones de J. Hendrix “I don’t live today” y de B. Tyler “Nothing to do with love” se agolpan en un redondo que rebosa talento y calidad a raudales, tan solo el inicio de una carrera sobresaliente que ha ido sembrando durante los últimos 30 años, y eso que el blues murió hace…

 

67.- Infectious Grooves “The plague that makes your booty move…It’s the infectious grooves” (1991)

Tras la entrada de Robert Trujillo al mando del bajo en Suicidal Tendencies, juntó esfuerzos con el cantante Mike Muir para crear esta locura de grupo basado en las influencias funk de Robert y metal de Mike. Es una barbaridad de expansión, dejando totalmente libre la creación y experimentación de los músicos. Acogen a insgines músicos que conocían como Dean Pleasants o Rocky George de ST, Stephen Perkins de Jane’s Addiction, Adam Siegel (Excel) y la colaboración puntual de Ozzy entre otros, además de crear al personaje de Sarsippius, pleno de cachondeo, retranca, ironía y mucho funk, funk a raudales.

 

68.- The Cramps “Stay sick” (1990)

Cuarto álbum de estudio de la pareja roquera más querida por todos nosotros. Fue el último disco suyo que realmente me fascinó y, además de producido por la propia Posion Ivy, es el último en que aparece el clásico batería del grupo Nick Knox. Incluye uno de sus temas más exitosos como “Bikini girls with machine guns”, pero también contiene otros que a mí me encantan como “Bop pills”, “All women are bad” o “Journey to the center of a girl”. Con Lux, Ivy, Nick y Candy del Mar al bajo, muestra una de las portadas más emblemáticas del grupo con Ivy medio desnuda de espaldas ante una pared forrada con papel de piel de leopardo. Recuerdo que compre el vinilo en una tienda del centro de la ciudad en la que bajabas unas escaleras y te podías tirar horas y horas revoloteando por los cajones llenos de vinilos.

 

69.- Metal Church “The human factor” (1991)

El álbum que confirmó la separación del grupo del thrash originario y una formación poco estable. Fue su único lanzamiento para Epic, con Mike Howe en las voces, Craig Wells y John Marshall en las guitarras, Duke Erickson al bajo y Kirk Arrington en la batería, dejando un sonido más cercano al metal y al heavy de la época, y con canciones con mensajes líricos muy comprometidos. Aconsejo oírlo entero porque desde las iniciales “The human factor” o “Date with poverty” hasta la último “The fight song”, pasando por “Flee from reality” son cortes de adicción extrema e instrumentación fantástica.

 

70.- Junkyard “Sixes, sevens and nines” (1991)

El segundo trabajo del grupo seguía por los mismos derroteros que su fantástico debut. Hard rock macarra, con toques sleazy y southern en su música y un actitud e imagen que les emparentó con Guns N’ Roses y demás iconos del momento. Presenta una selección de temas que han seguido tocando durante los años y mantienen el tirón como “Back on the streets”, “Misery loves company”, “All the time in the world” o “Throw it all away”. Con Dave Roach al frente, que siempre lo recordaré encaramado sobre las tablas de la barra del Durango Club cuando los vi muchos años después, Chris Gates y Brian Baker a las guitarras, Clay Anthony al bajo y Pat Muzingo a la batería, dando lecciones de actitud y aptitud.

 

71.- Cathedral “The carnival bizarre” (1995)

El tercer álbum de la banda que formó Lee Dorrian tras abandonar Napalm Death puede considerarse una de sus mejores obras. Supo mezclar a la perfección las melodías con la profundidad de los riffs y ritmos marcados por los músicos. Volvió a unir fuerzas con el guitarrista Garry Jennings, quedando el bajista Leo Smee y el batería Brian Dixon, en un segundo plano, que debutaban con este disco. Hay gente que no entra en estos sonidos, pero aquí suman un montón de ingredientes metaleros que van desde el doom, el stoner o el heavy clásico que lo hacen imprescindible.

 

72.- Gotthard “Dial hard” (1994)

Segundo disco de uno de los grupos más reconocidos en su país natal, Suiza, y que es muy querido por los fans del hard rock y por la desgracia sufrida por su cantante y fundador, Steve Lee, en 2010. La potente garganta de Steve está unida a Leo Leoni (guitarra y coros), Marc Lynn (bajo), Hena Habegger (batería) y Pat Regan (teclados) para grabar uno de los discos que cimentaron su carrera en la década de los 90 como una de las grandes bandas de hard rock del momento. “Higher” o la versión del clásico de The Beatles “Come together” solo son ejemplo de un disco redondo.

 

73.- Cry of love “Brother” (1993)

Una de esas bandas olvidadas por casi todo el mundo que tiene un debut absolutamente espectacular, cargado de clase y estilo conjuntado con una pericia instrumental sobradísima. Este debut merece un sitio destacado en la década, uniendo el blues, el rock, el soul o el hard rock, manteniendo el crecimiento constante del rock americano desde los años 60 y 70. Kelly Holland a las voces, Audley Freed con la guitarra, Bob Kearns al bajo y James Patterson tras la batería, con la colaboración de algunos amigos como Pepper Keenan (Corrosion of Conformity) o John Custer para algunos arreglos, consiguen grabar 10 canciones fantásticas que suenan de escándalo.

 

74.- U.F.O. “Walk on water” (1997)

La alegría de la reunión de la formación clásica del grupo devino en un disco que, tras ser editado en Japón, llegó a Europa un par de años después con buenas referencias. Michael Schenker volvió a unirse a Phil Mogg, Pete Way, Andy Parker y Paul Raymond, dejando otro álbum de corte clásico, melódico y roquero, en la línea de su etapa clásica, aunque un poco menos directa. El inicio con “A slf-made man” y “Venus” ya nos puso la sonrisa en la boca, pero la escucha completa te deja muy satisfecho y recuperas a una banda que, aunque nunca se perdió, había abandonado bastante. La edición europea que yo conseguí llevaba 3 canciones más que la nipona y una regrabación de los clásicos “Doctor doctor” y “Lights out”, pero al oir “Pushed to the limit” o “Knock knock” ya estaba conquistado. Siempre asociaré este disco a mi amigo el Surfero Plateado.

 

75.- Gov’t Mule “Gov’t Mule” (1995)

Debut de la banda formada por Warren Haynes (Allman Brothers Band), Allen Woody (Allman Brothers Band) y Matt Abts (Dickey Betts Band), para recuperar la tradición de jam bands que fusionaba casi todos los géneros adláteres al rock con una clara tradición clásica norteamericana. El blues, el rock, algunos desarrollos propios del jazz, el country, el southern…, todo cabía en esta coctelera que convirtió a Warren en uno de los guitarristas con más estilo propio de su generación y una delicatesen cada vez que uno de sus discos se posa en nuestro reproductor.

 

76.- Bad Moon Rising “Opium for the masses” (1995)

Tercer disco de la banda que Doug Aldrich y Kal Swan montaron tras salir de Lion. Se centraron en el hard rock y tuvieron bastante éxito en Japón donde realizaban giras habitualmente. Su propuesta estaba centrada en las melodías vocales de Kal y los riffs guitarreros de Doug, con una fuerza contagiosa. Con Kal como vocalista y Doug como guitarrista, se acompañaron de Ian Mayo al bajo y Jackie Ramos a la batería, y dejaron clara su propuesta clásica de guitarras afiladas y bases contundentes y machaconas al servicio de una voz poderosa.

 

77.- Eric Johnson “Ah, via musicom” (1990)

Segundo disco del guitarrista considerado por muchos como el tipo con más clase y estilo de la generación de guitarristas surgidos en los 80. Con multitud de músicos que colaboran con él para grabarlo contiene su canción más conocida, “Cliffs of Dover”, pero es una demostración continua de talento al servicio de las 6 cuerdas, con una sensibilidad y un tacto únicos, siendo uno de esos discos al que recurres cuando quieres obtener una ambientación especial. Una delicia.

 

78.- Slo Burn “Amusing the amazing” (1997)

Llegué muy tarde al desierto por culpa de este EP que publicó John García tras la desbandada de Kyuss. Siguiendo con el stoner más desértico de su banda madre, impone sus inconfundibles melodías vocales junto a la distorsión imperante en la música. A mí me dejó boquiabierto en su momento y, todavía hoy, sigue siendo a lo que recurro cuando quiero volver a rodearme de arena y a aquel sonido. La vibración monolítica de las guitarras de Chris Hale y las bases de Damon Garrison y Brady Houghton casan perfectamente con la voz de John, creando composiciones tan adrenalíticas como adhesivas en “The prizefighter”, “Muezli” o “Pilot the dune”.

 

79.- Slash’s Snakepit “It’s five o’clock somewhere” (1995)

Slash estaba cansado de que Axl no reactivara Guns N’ Roses y, al no aceptar las canciones que estaba escribiendo para un nuevo álbum de la banda, reunió a un grupo de músicos para grabar y lanzar lo que salía. Con Eric Dover (Jellyfish) de vocalista, Mike Inez (Alice in Chains) al bajo y sus compañeros de grupo Matt Sorum (batería) y Gilby Clarke (guitarra rítmica), además de las colaboraciones puntuales de Teddy Andreadis, Dizzy Reed y Duff McKagan, graban 14 canciones que dejaban claro el fin de G’N’R y la búsqueda de caminos propios para sus integrantes, tal y como sucedió. Yo lo recibí con los brazos abiertos porque siempre me ha gustado mucho el sonido de la guitarra de Slash y su acercamiento al southern, country y géneros que rodean el puro hard rock del que es emblema. Temas como “Beggars & Hangers-on”, “Good to be alive», “Take it away” o “Be the ball” siguen sonando poderosos y  disfrutables, aunque su futuro fue muy breve y para el 2º álbum Slash cambió toda la alineación.

 

80.- Nirvana “Nevermind” (1991)

Uno de los discos más mediáticos de los 90, que puso al grunge en boca de todos, y convirtió a su líder Kurt Cobain, especialmente tras su muerte, en un icono generacional. A mí no me pegó tanto como a la mayoría de mi generación, principalmente porque ya conocía algún disco salido del noroeste norteamericano que me gustaba mucho más y porque no terminaba de cuadrar la relación musical entre las bandas que relacionaban. El trío formado por Kurt, Chris Novoselic y Dave Grohl, grabó alguno de los temas más sonados como “Come as you are”, “Lithium” y, especialmente, “Smells like teen spirit” que ha saturado las radio fórmulas y fiestas populares. Temas más tranquilos como “Polly” o más punks como “Territorial pissings” completan un álbum para la historia.

 

81.- Jackyl “Jackyl” (1992)

El debut  de la banda es un pelotazo de hard rock tremendo, con actitud a raudales y unas letras conflictivas que les dieron cierta fama, pero cuando lo escuchas con atención ves muchas más cosas. La voz de Jesse James Dupree es callejera y retadora, pero las guitarras de Jeff Worley y Jimmy Stiff son provocadoras y punzantes, y las bases de Thomas Bettini al bajo y Chris Worley a la batería son duras y precisas, completando un disco lleno de canciones que te atraviesan y te ganan por la mano a la primera. “I stand alone”, “Dirty little mind”, “Redneck punk” o la mítica “The lumberjack” con el famoso solo de sierra eléctrica. Una gozada sinvergüenza y decidida.

 

82.- Red Hot Chili Peppers “One Hot Minute» (1995)

Sexto disco del grupo que, tras el pelotazo de su anterior “Blood, sugar, sex, magik” y la salida de John Frusciante, tenía todos los boletos para estrellarse y desintegrar a otro de los iconos del rock moderno. La entrada de Dave Navarro a la guitarra dio un punto distinto al sonido del combo californiano y, pese a los problemas de adicciones varias que sufría su vocalista Anthony Kiedis, siguió dando muestra del único talento rítmico que las bases de Flea al bajo y Chad Smith a la batería daban al cuarteto. Canciones como la inicial “Warped”, la experimental “Deep kick”, la cañera “One big mob” o “Shallow be thy game” que fue single. Siempre me gustó este disco y, puede que la sobre exposición de otros le haya encumbrado en mis gustos.

 

83.- The Rolling Stones “Voodoo lounge” (1994)

Un disco que presentó varias novedades. Por un lado se ratificaba el abandono de Bill Wyman, y Darryl Jones (bajo) y Chuck Leavell (teclados) se confirmaban como los otros Stones sin ser miembros oficiales del grupo. Por otra parte, Virgin Records se encargaba completamente de la edición del disco y Don Was era el elegido para producirlo. Y, sin ser mi favorito, es uno de los que más he escuchado en mi vida. Contiene temas que siempre me ponen en un estado de buen rollo inmediato. “You got me rocking”, “Sparks will fly”, “I go wild”, “Suck on the jugular” o “Baby break it down” que siempre me recuerda a mi amigo Juan, o 2 de los temas cantados por Keef que más me gustan de su catálogo, “The worst” y, especialmente, “Thru and thru” que es una joya absoluta. Por muchos años.

 

84.- Lenny Kravitz “Mama said” (1991)

El segundo disco de Lenny Kravitz, cuando Lenny era un músico interesante, me tuvo enganchado bastante tiempo, sirviendo de nexo a mi parte más mainstream del negocio. Temas como “Always on the run”, que tocaba junto a Slash, “Stand by my woman” o “Fields of joy” me siguen gustando, pero ese halo de multiinstrumentista que se encarga de casi todo (voz, guitarra, bajo, teclados, batería…) siempre me ha interesado mucho. Y hay una canción que nunca recuerda la gente, pero para mí sí es algo especial porque mi hija también se llama Zoe. “Flowers for Zoë” siempre será para ella.

 

85.- Van Halen “Balance” (1995)

Último disco de Sammy Haggar antes del impass que se ha valorado mucho más con el paso del tiempo. Una despedida por todo lo alto del hard rock lleno de melodías y excesos técnicos en la guitarra de una de las bandas definitivas del género. Eddie está a un nivel espectacular, como siempre, especialmente en los temas instrumentales y en la dupla final, más cerca del medio tiempo pero con un feeling y unas diabluras con las 6 cuerdas tremendas. Las dichas “Take me back (Deja vu)” o “Feelin’” son el contrapunto a las más roqueras como “Big fat Money” o “The seventh seal”, más allá de los singles exitosos como “Can’t stop lovin’ you”. Sammy, Eddie, Michael y Alex lo volvían a hacer.

 

86.- Bloodline “Bloodline” (1994)

El único disco del grupo que montaron los hijos de célebres estrellas del rock, caso de Waylon (hijo de Robbie Krieger de The Doors), Berry (hijo de Berry Oakley de los Allman Brothers), Erin (hijo de Miles Davis) y Aaron (hijo de Sammy Hagar de Van Halen) antes de que abandonara el barco, más Lou Segretti, alrededor de la figura del jovencísimo guitarrista Joe Bonamassa, devino en un soplo de aire fresco al mundo del blues/rock, donde todos aportaban un feedback extraordinario a las composiciones, donde temas como “Stone cold hearted” o “Sixie peach” destacan un poquito más que el resto. Contaron con la colaboración de Warren Haynes en un tema y la producción de Joe Hardy para EMI.

 

87.- Fates Warning “Paralells” (1991)

Sexto disco de estudio de la banda de metal progresivo liderada por Jim Matheos que supuso una de las cumbres del género en la época. La característica voz melódica de Ray Alder, junto a los fraseos guitarreros de Jim y las potentes bases de Joe DiBiase (bajo), Mark Zoner (batería) y Frank Aresti (guitarra rítmica) consiguen rodearte de manera envolvente. La colaboración de James LaBrie en los coros de un tema, y la producción de Terry Brown (que había trabajado mucho con Rush) termina de componer un redondo que hay que considerar entero, escucharlo de golpe.

 

88.- Johnny Crash “Neighbourhood threat” (1990)

Una banda con muy mala suerte por la época en que debutó, a punto de explotar el movimiento grunge y acabar con el hard rock, pero que nos dejó un disco espectacular, que suena como debe sonar un disco de hard rock, con riffs de guitarra hirientes, una base contundente y un vocalista agresivo que sabe liderar a todos. Temazos como “Hey kid” o “”Crack of down” debieron triunfar en todos lados, y otros más escondidos como “All the way in love”, “Axe to the wax” o el cachondo cierre con “Baby’s like a piano” dejan claro que no hay que olvidarlos y, cada vez que suenan, te hacen vibrar.

 

89.- Gamma Ray “Heaven can wait” (1990)

Tras su salida de Helloween, Kai Hansen formó otra banda dedicada al power metal, con el vocalista Ralph Scheepers, el bajista Uwe Wessel y el batería Mathias Burchardt, y dando forma a uno de los discos definitivos del género, que además cuenta con una de las canciones decisivas como es “Heaven can wait”. Ritmos rápidos, punteos repetidos y estribillos coreables. Uno de esos discos que hacen que lo pases de maravilla.

 

90.- Anacrusis “Manic impressions” (1991)

Una banda que siempre he relacionado con Coroner, pese a la distancia que los suizos tienen con estos 4 tipos de Missouri, por ese intento de aunar talentos y esfuerzos para unir el thrash metal con elementos progresivos. Este cuarto y último disco es un gran ejemplo de ello, aunque también podría elegir el siguiente “Screams and whispers”, igualmente tremendo. El trío formado por Kenn Nardi, Kevin Heldbrerer y John Emery se acompañaron por varios baterías y son una de esas bandas ocultas que fascinan a los que los conocen. Yo caí rendido a ellos en cuanto los conocí.

 

91.- Dan Baird “Love songs for the hearing impaired” (1992)

El debut de Dan Baird en solitario tras la disolución de Georgia Satellites es un compendio de fantástico rock americano de primer nivel. Contiene alguno de sus hits como “I love you period”, pero “The one I am”, “Look at what you started” o “Julie+Lucky” son unas muestras perfectas de lo que ofrece el californiano. Acompañado por sus antiguos compadres en la banda madre Keith Christopher (bajo) y Mauro Magellan (batería) y con la producción de 2 de los grandes como Rick Rubin y Brendan O’Brien, se colocó por derecho propio en la cabeza del género para un servidor, por delante de otros nombres más reconocidos. Tuve la fortuna de verlo hace muchos años en la extinta sala Durango Club con Keith y Mauro y estaba tan en forma como cabía esperar.

 

92.- Fu Manchu “King of the road” (1999)

Uno de mis discos favoritos del stoner californiano viene con la llegada de Bob Baich a la guitarra y de Brant Bjork a la batería tras su salida de Kyuss. Junto a Scott Hill y Brad Davis grabaron el disco que me puso tras la pista de ellos y que, todavía hoy, siguen sacando grandes discos. Guitarras distorsionadas y ritmos machacones para dar cabida a la particular voz de Scott. “Evil eye”, “The action is go” o “Guardrail” podrían ir en cualquier recopilatorio de la banda o del género en los 90. Igual de molona es la portada con un tipo haciendo skateboarding con el patinete en primer plano.

 

93.- Mind Funk “Mind Funk” (1991)

Debut de una de esas bandas extrañas que aparecieron y desaparecieron en los 90 y, entre sus pocos trabajos, nos dejaron un debut que no me canso de escuchar. El quinteto formado por Pat Dubar, Louis Svitek, Jason Coppola, John Monte y Reed St. Mark grabaron 10 cortes de rock contundente y poderoso que, solo por la inicial “Sugar ain’t so sweet” ya merecería la pena, pero le acompañan un puñado de temas que no desentonan en absoluto y dejaron un disco para el recuerdo bajo el sello Epic. Yo lo descubrí porque un amigo me grabó un par de canciones del mismo y tenía que oírlo entero, y ahí sigue sonando tantos años después.

 

94.- Circus of power “Magic and madness” (1992)

Tercer y último disco antes del largo parón de la banda de Alex Mitchell. Cuenta con colaboraciones estelares como Ian Astbury o Jerry Cantrell y algunas canciones tremendas, como la inicial “Swamp devil”, “Heaven and hell” en la que colabora Jerry, “Shine” en que colabora Ian, o “Mama tequila”. Con músicos de la talla de Gregg Bissonette, Mark Frappier y Ricky Mahler, con la producción de Thom Panunzio y el apoyo  de Columbia Records. Bastantes años después volvieron para publicar otro disco, pero pocos los recuerdan más allá de los que los conocimos en su momento.

 

95.- Spiritual Beggars “Mantra III” (1998)

Tercer disco de la banda de stoner metal que montó Michael Amott al salir de Carcass. Supuso la incorporación de Per Wiberg a los teclados y un endurecimiento notable en su sonido. Siempre ligados al stoner y alejados del sonido desértico que vino de Estados Unidos, graban 12 temas contundentes y edificantes. La intro inicial engaña y el poder con el que entran “Monster astronauts” y “Euphoria” ya demuestra que la mejoría es evidente y se convirtieron en un referente del género por mérito propio. Yo tuve la oportunidad de ver a Per con Kamchatka y seguía teniendo ese carisma que impuso en todos los proyectos en que estuvo involucrado.

 

96.- Tattoo Rodeo “Skin” (1995)

Banda norteamericana devorada por el mercado discográfico y, sin embargo, publicó un disco fantástico de puro hard rock a mitad de la década. El cuarteto formado por Dennis Churchill, Rick Chadock, Bob Berg y Richard Wright se marca 9 temazos de hard rock que habría triunfado 5 años antes y que casi nadie tomó en consideración en 1995. La inicial “Too daze gone”, “Feels like love” o “Charity” dejan constancia de el buen hacer de estos tipos que se vieron obligados a bajar la persiana por la poca repercusión inmerecida de su trabajo.

 

97.- Damn Yankees “Damn Yankees” (1990)

Otra super banda formada por Jack Blades, Tommy Shaw, Michael Cartellone y el loco Ted Nugent que, con el éxito de su debut, grabaron un segundo disco tan bueno y completo como el anterior, aunque puede que menos recordado por lo fans y que, sin embargo, a mi me gusta más. Temas como “Don’t tread on me” o “Where you goin’ now” pueden despuntar algo, pero la esencia de la casación del salvajismo guitarrero de Ted con las melodías y aroma aorero de sus compañeros forjaron un disco sólido y disfrutable para los que no disfrutamos tanto con el exceso de melodía.

 

98.- Slaughter “Stick it to ya” (1990)

Mark Slaughter y Dana Strum solían tocar en Las Vegas y decidieron montar su propia banda. Su debut cuenta con 13 temas de puro hard rock, con estribillos coreables y riffs directos. Canciones como “Burning bridges”, “Eye to eye”, “Spend my life” o “Up all night” se cuelan directamente en nuestra mente, y la balada “Fly to the angels” fue directa a la lista de power ballads del momento. Grabaron 4 discos más, de los que también me gusta mucho  “The wild life”, y algún directo que hace que los recordemos habitualmente.

 

99.- Blind Guardian “Imaginations from the other side” (1995)

El quinto disco de los alemanes puede considerarse una de las cumbres del power metal, con temática fantástica y referentes a los clásicos mágicos y un compendio perfecto de lo que ofrecía el grupo y el género en aquel momento. No soy seguidor del power metal, más allá de Helloween, pero este es uno de los pocos discos que me gustaron y me siguen gustando hoy en día. Hansi Kürsch, André Olbrich, Marcus Siepen y Thomas Stauch crearon canciones tan fantásticas como la que da título al disco, “I’m alive” o “The script for my réquiem”.

 

100.- Panic “Epidemic” (1991)

Una de esas bandas norteamericanas escondidas en la multitud que grabaron algunos discos de los cuales este me parece genial. Thrash metal americano con 4 músicos a un nivel brutal. Los ritmos asesinos de “Hypocondriac”, la emblemática “Blackfeather shake” o “Morbid curiosities”, perfecto ejemplo de todo lo que ofrecen, convierten al cuarteto de Seattle formado por Jeff Braimes, Martin Chandler, George Hernandez y Jack Coy en el ejemplo perfecto de banda a descubrir 30 años después. Thrash metal de riffs veloces, pegada homicida y simetría cadenciosa en su propuesta. Si te gusta el thrash y no los conoces búscalos, ya me lo agradecerás. Yo lo hice cuando un compañero lo recomendó y le hice caso. No lo he olvidado desde entonces.

 

Y hasta aquí el enorme trabajo de seleccionar solo 100 discos de la década que marcó mi juventud, dejando fuera otro centenar que también me gustan mucho y siguen sonando en casa. Quizás ahí esté alguno de los que tiras a faltar o puede que ni así coincidamos mínimamente. Pese a todo, y como siempre, gracias por leer.

by: Eduardo Garrido

by: Eduardo Garrido

Roquero, cinéfilo, lector empedernido que estudió Derecho para trabajar en una biblioteca y disponer de pelis, discos y libros a mano

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