Entramos en los 70. La guerra de Vietnam y el mayo del 68 habían influido en la juventud de los 60 pero el sueño hippie acabó repentinamente con el brutal asesinato de Sharon Tate. El cine dejó de ser pura evasión, buscaba remover conciencias y servir de espejo ante nuestra propia naturaleza, esa que muchas veces nos negamos a admitir. Era también hora de que los norteamericanos crearan sus propios iconos del cine de terror tras décadas sacando partido a los monstruos clásicos venidos de Europa. Así nació el psicópata cinematográfico. Las amenazas ya no eran solamente monstruos, extraterrestres, vampiros o mad doctors. Las amenazas en los 70 se hicieron mucho más mundanas. Cualquier desequilibrado podía aterrar a los espectadores. El bien y mal dejaron de estar claramente diferenciados, llegando a ser demasiado difusa la línea que separaba al héroe del villano. Además, el código Hays había desaparecido en 1967, siendo sustituido por el sistema de clasificación por edades. Por lo tanto, los directores tenían vía libre para mostrar violencia de forma mucho más explícita.

Perros de paja (Straw dogs, 1971)

Perros de paja no es estrictamente un film de terror pero su influencia se puede intuir en el devenir del género. El gran Sam Peckinpah montó un buen revuelo con este explícito film interpretado por Dustin Hoffman y Susanah York. La amenaza nuevamente son los vecinos. Un racional profesor de matemáticas se ve forzado a usar la violencia más extrema para defender a su familia. Y disfruta con ello. Repito, Perros de paja no es un film de terror pero Sam Peckinpah abrió la puerta a todo lo que vendría después. Aún perdura la polémica sobre la escena de la violación.

 La última casa a la izquierda (The last house on the left, 1972)

¿Qué harías tú si descubrieras que los asesinos de tu hija se alojan en tu casa? Wes Craven realizó este sádico y zafio remake encubierto de El manantial de la doncella de Ingmar Bergman que levantó ampollas por su extrema violencia y su mensaje a favor de la venganza. Lo peor del film no es su descarado plagio ni su desastrosa factura técnica sino un guión chapucero lleno de estereotipos de lo más burdo: los villanos son tan sádicos como estúpidos mientras los agentes de policía parecen sacados de una mala comedia. Además el film es bastante aburrido. Tuvo su innecesario y blandengue remake en el siglo XXI.

El hombre de mimbre (The Wicker man, 1972)

Más allá del cine de la Hammer, los británicos realizaron interesantes films como este The Wicker man de Robin Hardy con Christopher Lee de la que hablamos recientemente.

Amenaza en la sombra (Don’t Look Now, 1973)

El gran Nicholas Roeg dirigió esta peculiar cinta de terror psicológico sobre la pérdida de un ser querido y la negación. Una fantasmagórica ciudad de Venecia sirve de marco para esta historia interpretada por Donald Sutherland y Julie Christie. Gran trabajo de fotografía y dirección para este singular film. Junto con El carnaval de las almas, una clara precursora de El sexto sentido.

El exorcista (1973)

Obra cumbre de las posesiones demoníacas en el cine. Nunca una posesión ha resultado tan aterradora en pantalla. William Friedkin había alcanzado el éxito con French Connection y adaptó magistralmente la novela de William Peter Blatty , quien produjo el film y elaboró el guión. La caracterización de Linda Blair como la niña Regan, su cabeza girando, el vómito verde, la interpretación de Max Von Sydow y el uso del Tubular Bells de Mike Oldfield convirtieron a este film en un hito del cine de terror. También cabe destacar el uso de brevísimas imágenes casi subliminales para asustar al público. Obtuvo 10 nominaciones a los Oscars (algo inaudito para un film de terror) aunque solamente ganó 2. El tema del satanismo se puso de moda, como se evidenció con La profecía (1976) de Richard Donner con Gregory Peck y Lee Remick. Ambas tuvieron secuelas bastante prescindibles.

El fantasma del Paraíso (The phantom of Paradise, 1974)

Brian de Palma se dio a conocer con esta alucinógeno cruce de Fausto y El fantasma de la ópera ambientada en el mundo del rock de los 70. Una gozada musical con tintes de terror que no deja títere con cabeza. Paul Williams compuso la genial banda sonora e interpretó al villano de la función. Como sería habitual en su filmografía, De Palma homenajeó/plagió a sus maestros, esta vez recreó con humor la escena de la ducha de Psicosis.

 La matanza de Texas (The Texas chainsaw masacre, 1974)

Toobe Hooper y unos colegas de universidad crearon una gran conmoción con esta sádica película cuya brutalidad generó miles de fans ávidos de más emociones fuertes. Parece ser que se puso de moda ver a jóvenes pasándolo realmente mal. Inspirada en asesinos reales como Ed Gein, La matanza de Texas dio el pistoletazo de salida al género del slasher y creó al primer asesino en serie enmascarado: Leatherface. Para bien o para mal, las escenas de la joven protagonista sin ropa interior escapando de la sierra mecánica de Leatherface crearon escuela. Tampoco es fácil de olvidar la agónica escena del decrépito abuelo intentando golpear en la cabeza a la protagonista. De todas sus secuelas, precuelas y reboots me quedo con la segunda, la única dirigida por Toobe Hooper y con la misma mala baba de la original. La carrera posterior de Hooper fue bastante decepcionante, únicamente cabe destacar la miniserie El misterio de Salem’s Lot (1979, que adaptaba la novela de Stephen King) y Poltergeist (1982) aunque la mano de Spielberg se notara demasiado.

 Tiburón (Jaws,1974)

«Vamos a necesitar un barco más grande». Sólo los grandes maestros son capaces de hacer grandes películas partiendo de libros mediocres. Hitchcock era un experto en ello y Spielberg demostró ser un digno heredero con esta formidable adaptación de un libro del cual nadie se acuerda. Spielberg se empeñó en rodar el film en mar abierto y en no usar tiburones reales amaestrados sino un engendro mecánico que simulaba un tiburón real. Sin embargo, el agua salada arruinó el mecanismo interior del tiburón mecánico provocando que sus movimientos no resultaran creíbles. Spielberg decidió no mostrar nunca durante mucho tiempo al engendro mecánico para que no se notara que era una máquina estropeada. Así creo un ritmo trepidante a base de la famosa premisa de aterra más lo que no se ve. El duelo final entre excelente trío protagonista (Robert Shaw, Roy Scheider y Richard Dreyfuss) y el enorme escualo es todo un prodigio cinematográfico. Como anécdota, las asociaciones de hoteleros lograron retrasaron el estreno de Tiburón al otoño, aun así la afluencia a las playas el verano siguiente bajó considerablemente.  El éxito de Tiburón creó el subgénero de animales marinos buscando alimento a base de bañistas que ha dado bastante juego y llega hasta nuestros días. Hubo incluso una interesante película sobre una orca buscando venganza en Orca, la ballena asesina (Orca, 1977) con Richard Harris y Bo Derek. También las pirañas tuvieron su film pluvial en la divertida Piraña (Piranha, 1978)del macarra de Joe Dante. Hubo una secuela en la que a las pirañas les salían alas (Piraña, los vampiros del mar) a cargo de un tal James Cameron. Piraña tuvo en 2010 su remake llamado Piraña 3D dirigido por Alexandre Aja (responsable también del remake de Las colinas tienen ojos) que fue bastante gamberra pero nada más.

Más de 40 años después siguen apareciendo por la cartelera secuelas, reboots, e imitaciones varias de escualos haciendo estragos como Megalodón (Meg, 2018), A 47 metros (47 meters down, 2017) o Infierno azul (The Shallow, 2016). Ninguna le ha hecho sombra al tiburón de Spielberg. Lamentablemente, parte de la peor serie b del siglo XXI se ha nutrido de monstruos marinos de lo más inverosímil: risibles cruces entre pulpo y tiburón (Sharktopus, 2010), Megatiburón contra crokosaurio (2010), El ataque del Tiburón de dos cabezas o Sharknado (descerebrada saga en la que siempre un tornado hace llover escualos en los lugares más insospechados).

¿Quién puede matar a un niño? (1976)

¿No se hizo cine de terror en España más allá de las cutre producciones de Jess Franco? Pues sí. Narciso Ibáñez Serrador realizó en ¿Quién puede matar a un niño? un perverso juego del gato y el ratón en el idílico paraje de un pueblo mediterráneo.

Carrie (1976)

Tras El fantasma del Paraíso, Brian DePalma realizó con Carrie la primera adaptación cinematográfica de un relato de Stephen King y una de las más exitosas. Carrie trata sobre una joven adolescente (Sissie Spaseck) con poderes sobrenaturales que vive dominada por una madre ultra religiosa y sobre protectora. Todo lo referente a la pubertad y la religión está bastante bien traído por Brian DePalma. El impactante final con una Spaseck bañada en sangre es ciertamente estremecedor. A día de hoy, el prolífico Stephen King sigue siendo considerado el maestro de la literatura de terror norteamericana. Sus novelas de terror continúan generando adaptaciones como: La zona muerta (Dead zone), El resplandor (The shining, 1980), La niebla (The mist) e It (It, 2017). Incluso algunos relatos fuera del género de terror también han generado excelentes adaptaciones como La milla verde, Cuenta conmigo o Cadena perpetua. Por el contrario, otras adaptaciones de relatos de Stephen King son horribles como La torre oscura (2017).

 Suspiria (1977)

Dario Argento realizó un giallo (film de terror italiano con mucha sangre) excesivo y de saturadísima fotografía. Tan preciosista como vacío, en mi opinión, el guión y el ritmo dejan mucho que desear pero sus carencias se compensan con su virtuosismo estético y algún buen susto. Lo mejor del film son los expresivos ojos de Jessica Harper (quien ya aparecía en El fantasma del Paraíso). Recientemente se ha estrenado su inevitable e innecesario remake.

Las colinas tienen ojos (The Hills Have Eyes, 1977)

No sé si se nota pero no me gusta Wes Craven. Tras el éxito y la polémica de La última casa a la izquierda, Craven volvió a poner a una familia en el punto de mira de unos perturbados. Además, esta vez son caníbales. Como en Perros de paja, el hombre racional descubre que solamente se puede acabar con un monstruo convirtiéndose en otro. Una vez más, la violencia y la sangre están aseguradas en este film inspirado por una familia real de caníbales escoceses del siglo XV. Tuvo remake, of course.

Halloween (1978)

John Carpenter ideó otro hito del cine slasher con Halloween y su Mike Myers. Halloween es muy entretenida, tiene mala leche y es innegable que creó escuela. Además, no tiene moraleja ni pretende hacernos reflexionar sobre la naturaleza del ser humano. El villano es un asesino implacable y hay que acabar con él. Y punto. Ni que decir tiene que el inexpresivo asesino Mike Myers entró directamente al Olimpo de los asesinos enmascarados. Y eso que la careta que usaron era inicialmente la del comandante Kirk de Star Trek. No nos olvidemos de la inquietante banda sonora a cargo de propio Carpenter. Por cierto, una jovencita Jamie Lee Curtis, hija de Janet Leigh (la de Psicosis) y Tony Curtis, se hizo la reina de las chicas gritonas, ahí sigue 40 años después en el último film (por ahora) de la saga. Sus secuelas, remakes y reboots no me interesan, la verdad.

Phantasma (1979)

Don Coscarelli no es ningún genio pero sí un tipo hábil capaz de sorprender y encandilar a los aficionados al terror. Con 25 años y 300.000 dólares de presupuesto dirigió, escribió, co produjo, fotografió y montó la singular Phantasma.  Entre el surrealismo y el cine de terror con toques gore Coscarelli nos aterró con el icónico “Hombre Alto” (Angus Scrimm) y sus letales esferas  voladoras. Se promocionó con una de las mejores frases promocionales del cine de terror: «Si esta película no le aterroriza es que ya está muerto».  Este onírico film no tiene demasiada lógica pero era muy efectivo y generó 4 secuelas con más imaginación y ganas que presupuesto. Angus Scrimm falleció en 2016, por lo que veo difícil que la franquicia regrese pero ya sabemos que todo es posible en este género. Vista hoy Phantasm mantiene buena parte de su encanto.

Alien (1979)

En el espacio nadie puede oír tus gritos. El éxito galáctico de Star Wars (1977) hizo que los grandes estudios miraran al espacio en busca de negocio, lo cual propició que un joven británico llamado Ridley Scott pudiera rodar esta claustrofóbica maravilla. En cierto modo, Alien es un remake de El enigma de otro mundo, retornando así a una amenaza extraterrestre. Lamanera en la que los tripulantes de la Nostromo van cayendo presas del alienígena y esa Sigourney Weaver en ropa interior haciendo frente a la bestia hicieron historia. La dirección de Scott y el diseño del monstruo de HR Giger siguen sorprendiendo 40 años después. No menos decisivo fue el trabajo Carlo Rambaldi, el artista italiano de efectos especiales detrás de la cabeza articulada del monstruo.  Carlo Rambaldi también diseñó poco después a  E.T.   Cada una de las secuelas tuvo su propia personalidad aunque mi secuela favorita es la segunda Aliens: el regreso a cargo de James Cameron. A día de hoy se sigue explotando sin escrúpulos esta saga a base de precuelas con pobres resultados (Prometheus, Alien: Covenant) por mucho que Ridley Scott repitiera tras las cámaras.

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