Opinión

EL CUARTO VERDE – SIETE PECADOS CAPITALES

A veces a uno se le presentan trabajos especiales, y hoy es una de ellas. El primer mérito que tiene ese disco es que es un álbum conceptual, siete canciones hablando de los siete pecados capitales, con conexión entre líneas de las letras, pero con la desvinculación que exige en la parte instrumental (no puede haber dos canciones que se parezcan porque rompería la línea que guía el disco). El segundo mérito es que puede funcionar como espejo. Me siento como si me enfrentara al test de Rorschach, y creo que después de analizar esto, habré expuesto más mi personalidad que el trabajo de estos cuatro artistas. Pero, en fin, si no tuviera riesgo, tampoco sería divertido, así que al lío. Un, dos, tres… ¡cuarto verde!

[divider]SIETE PECADOS CAPITALES[/divider]

Soberbia. Un comienzo a lo Söber, con una guitarra lánguida y una voz que no sabes si masculla algo entre dientes o va a sucumbir al agotamiento. Arrepentido, por ejemplo. Con ese sonido de ballenas de fondo me traen a la mente Pescador, de Messura, aunque no sabría argumentarlo. Arrancada tremenda a base de caja, a lo Foo Fighters, y la banda sale en tromba, como una estampida. He abierto fisuras en el medio del mar, lanzando mi voz hacia la nada. Aquí el bajo y los coros son los que llevan la cabeza de la rebelión. Está cargando, como una bomba de relojería. Ey, errante y condenado a vencer, entre las olas del mar. Ey, erguido como el árbol de Teneré, contra la inercia. Mantengo mi rumbo, buscando a un dios menor que pueda cicatrizar la dulce herida de la soledad. Ojito que este estribillo tiene más mensaje de lo que parece, y además a base de trallazos a la caja consiguen encender al más pintado.

 

 

Avaricia. Menos de cuatro minutos y estoy pegado a los auriculares. Empieza el bajo con un endemoniado traqueteo y estallan en un guitarreo que trae a la mente a los Enblanco en Suena a despedida (quizá es un ensayo). Podría ser mucho mejor… quizás no, o quizás sea mucho peor. Podría ser mucho peor… quizás no, o quizás sea mucho mejor. Con el espíritu de Mehr, de Rammstein, es una plasmación muy verosímil del avaro caricaturizado en las obras de teatro del siglo XVIII. Repito lo de la primera canción. Cuidado con las letras, que tienen más miga de lo que parece, como el guiño a la fábula de Esopo. La avaricia rompe el saco.

Pereza. Se está convirtiendo en ingrediente habitual empezar las canciones con una guitarra lejana… se nota una barbaridad el bajo, le da muchísimo cuerpo a la base instrumental. Cuando entra la distorsión, en pleno punteo, suena a grupo añejo, a rock&roll de toda la vida, a Barricada, a los Suaves… el estribillo está muy bien subrayado por la guitarra, en un decreciente punteo que hace que la cabeza te salga disparada de los hombros.

 

 

Lujuria. Por lo que he visto en cuanto a entrevistas y reseñas, parece que esta es una de las que se lleva los laureles (al hilo de lo que decía al principio, que este disco es como un espejo, en qué andarán pensando los reseñadores, jeje). Lo cierto es que desde la primera nota establecen un ritmo infernal, al principio las guitarras, luego el bajo, y la batería llenando todo de redobles de caja rapidísimos, que llevan la canción a un ritmo inabarcable. En el estribillo ese énfasis en más y mitad refuerzan la idea de la canción, esa especie de ansia incontrolable que es la lujuria. El universo se ha expandido en mí, quiero más, subo más contra la gravedad, como una especie a punto de extinguir. Como un fluido a punto de bullir, tu mitad, mi mitad, listas para encajar. El día del espectador dentro de mi cabeza. Sobre todo, esa última frase, muy buenas letras.

Gula. Un comienzo atípico en el primer videoclip que ha dado este disco, frenazo dejando la voz sola, y salimos como caballos de carreras. A pesar de estar en medio de guitarras inflamables, las voces y la batería, el bajo está haciendo auténticas locuras en la base instrumental. Se oyen los trallazos que se llevan las cuerdas hasta por debajo de la distorsión. Si no lo hubiera visto en directo, diría que ese bajista es un quemapúas, pero no, es un Flea de la vida.

 

 

Ira. Vuelvo a las últimas líneas del párrafo inaugural. Este disco y mis opiniones al respecto lo más seguro es que hablen más de mí que de El Cuarto Verde. ¡Temazo absoluto! Y punto. Para mí, la mejor del disco. si tuviera una discográfica los obligaría por contrato a tocarla en todos los conciertos, hasta que acabaran como Jimmy Page con Stariway to Heaven. Empieza con el momento Harvester of sorrow en el bajo. Claro, si mentas canciones que me llevan a los tiempos mozos, pues me vas ganando. Las letras llevan esa especie de languidez fingida que se convierte en un volcán a punto de erupcionar cuando dice: y no la aguanto, lo juro, cada día me cae peor. Aquí ya es cuando viene lo bueno, gritar: ¡La ira! como si el mundo fuera a colapsar. Vive Dios que la siento hasta en los glóbulos rojos al compás del estribillo. Hacen un momentillo Limp Bizkit en My way después del primer estribillo, antes de la segunda estrofa. La ira y el corazón bombea fuerte en el pecho mutando nuestra personalidad. ¿He dicho ya que me encanta? La importancia del bajista en el resultado final de la banda se podría equiparar al de Cliff Burton en los primeros MetallicA, con ese juego de guitarras machaconas y bajo fuera de control mientras el batería hace astillas las baquetas a trallazos con la caja.

 

 

Envidia. ¿En serio es la última? Podían haber seguido con las diez plagas de Egipto, los cuatro jinetes del Apocalipsis, las doce tribus de Israel… cross stick (toquecillos con la baqueta apoyada en la caja), bajo de un lado a otro, guitarras en una especie de punteos paralelos, guitarrazo a lo Green Day y a pepinazo de caja nos lanzamos en uno de esos riffs de alto octanaje que son marca de la casa. Tú, tú, eres la cara y la cruz, tú, tú, tan frágil. Tú, tú, te está comiendo la playa el mar dentro del cuerpo. Muy buena letra, concisa y efectiva sin necesidad de ser obvia.

 

 

No me puedo creer que todo haya pasado en menos de media hora. Han comprimido tanto su esencia, su receta, que van a toda velocidad sin transmitir esa sensación de urgencia por terminar. En directo también se transmite esa energía, esas canciones en forma de fogonazo que lo dejan a uno con cara de portero goleado. He disfrutado mucho del disco (y más que lo voy a disfrutar) y termino la reseña con la sensación de haber aprendido mucho de ellos y un poco más de mí mismo, sobre mi personalidad y sobre mi sensibilidad con las letras.

Si alguien quiere decirle a estos cuatro que han hecho un discazo de la leche, enlaces de la banda.

 

Web: www.elcuartoverde.net

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