Esta nueva apuesta de Netflix acabó venciendo en la última edición de los Globos de Oro imponiéndose en las categorías de mejor serie de comedia y mejor actor, por lo que parece que a pesar de que HBO siga conquistando, en mayor medida, el título de drama, los premios se acortan entre ambas plataformas. Cosa de la que nos alegramos, pues toda competencia es buena, y más si se apuesta por la calidad. Y  “El método Kominsky” a pesar de sus defectos es una estupenda serie, de solo ocho capítulos de menos de media hora de duración, por lo que es sencillo verla casi seguida.

Nota: 68

El creador es todo un “totem” en el mundo televisivo, pues Chuck Lorre es el responsable de “Dos hombres y medio” y “The Big Bang theory”, dos de los mayores éxitos de los últimos tiempos, aunque aquí deja la comedia de risas enlatadas para ofrecernos una comedia dramática, protagonizada por dos hombres en su senectud. Uno es un actor que ha triunfado como profesor de interpretación pero fracasado en su carrera artística y el otro es su representante, un rico hombre de negocios que acaba de enviudar. La avanzada edad de ambos y su periplo vital les hace replantearse su existencia, uno al comprobar como no ha madurado casi nada, siguiendo con un estilo de vida casi adolescente y el otro tras el fallecimiento de su esposa sin demasiados alicientes para seguir vivo. Papeles que bordan Michael Douglas, el cual resulta creíble como ese tipo que todavía piensa en seducir mujeres, no pagar impuestos y remontar su trayectoria en el cine y Alan Arkin, con uno de esos “cascarrabias” adorables que vimos en “Pequeña Miss Sunshine” (con la que ganó el Oscar) o “Argo”. Ellos acaban resultando una pareja atípica pero encantadora, narrando sus problemas de próstata, la dificultad de superar una muerte, el duelo, los problemas con los hijos o la dificultad a ciertas edades para encontrar trabajo. De este último tema hay dos “gags” estupendos; uno hablando del reparto de “Big Bang” y otro con un anuncio publicitario por el que compiten Douglas y Elliot Gould, actor fetiche de Robert Altman en los setenta o protagonista de “La carcoma” de Bergman. No es el único rostro de aquella década, pues también aparece la otrora “sex symbol” Ann Margret, con sus dos nominaciones al Oscar por “Conocimiento carnal” de Mike Nichols y por el impresionante “Tommy” de Ken Russell. Y entre los secundarios sorprende ver a Lisa Edelstein en un rol diametralmente opuesto a la directora del hospital en “House” y a una Nancy Travis, de la que habíamos perdido la pista (su momento llegó a finales de los ochenta y principios de los noventa). Parece claro que del reparto nadie puede quejarse.

El guion sí tiene algún altibajo, con chistes repetidos en más de una situación pero en líneas generales funciona bien, con ese poso de nostalgia que han intentado otorgar a sus dos estrellas, a los que además se los ve cómodos en sus papeles. Una historia, que a pesar de su tono ligero está contando temas duros, pues no solo en el cine, en general en la vida, al cumplir ciertas edades las personas suelen ser desplazadas de casi todos los ámbitos laborales por gente mucho más joven. Ese elogio de la juventud que desarrollan las sociedades occidentales modernas, donde parece que este estrato social trabaja más, está mejor preparado y tiene un conocimiento del mundo mayor. Así no es de extrañar que, incluso, algunos partidos políticos en múltiples naciones, como representación de la sociedad, se preciaran de la importancia del voto joven depositado en ellos frente a lo “carca” o caduco de otras opciones que optan por partidos más tradicionales. Eso sí, luego uno piensa en su trayectoria vital y ve como ha evolucionado en todos los aspectos tanto económicos como políticos y se mira con indulgencia a los pecados del pasado. Es como leer “El lobo estepario” de Hesse entre los quince y los veinte años donde uno se convierte (directamente) en el lobo estepario, luego a los treinta su lectura se va apaciguando y entre los cuarenta y cincuenta todo parece ajeno a uno mismo. Eso, entre risas nos recuerda “El metodo Kominsky”, una opción a tener en cuenta entre el amplio panorama de series que inunda nuestras televisiones.

Sobre El Autor

Cinéfilo y cinéfago, lector voraz, amante del rock y la ópera y ensayista y documentalista con escaso éxito que intenta exortizar sus demonios interiores en su blog personal su blog el curioso observador

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