Necesito un carné de silencios permitidos
que te vaya a buscar a casa antes que yo
para evitar esos golpes de tu palabra,
los que no iluminan el contorno de mi presencia.

Esta niebla son nubes tristes, pero me queda
poco para llegar al borde de mis ojos,
al de mi voz.

Recorremos el sendero interior atados a la luna,
con estrabismo en el lenguaje.
Esta, caprichosa, se ilumina a sí misma
y de su propia luz en la noche hace deferencia,
permitiéndonos escribir de la otra orilla.

Nos quedamos a medias.
Sólo acariciamos el anverso de las páginas.
Tras el presente hay muchas vidas
y tiene varios pisos.
Es un aspecto que ya no duele,
porque no puede hacerlo más.

Pero me doy cuenta de que la lluvia y las ventanas,
el aire y la piel, los fines de semana y los sueños,
hacen buena pareja.

Recorrer la vida o tus caminos.
Y las nubes, siempre presumiendo de altura.

Intento olvidar el tiempo para llegar al presente,
porque escribir de los recuerdos me inmoviliza.
En el presente hay espontaneidad
que proporciona sensación de libertad
al de enfrente, al que no la usa,
dejándole arrinconado,
en silencio con sus telarañas.

No quiero a nadie en mi vida,
me falta un idioma para poder amar
y un justificante médico de presencia
que no sea mi voz. Pero este alma encerrada
fue levadura para su espíritu.

¿Con qué veo tu ausencia?
Sólo tú supiste ser extrañamente igual a mí,
a mí hace un tiempo
cuando comencé a desdibujarme en tu memoria.
Sólo tú dejas escapar el aroma del secreto,
mostrando su escondite. Sólo tus palabras van
por delante de tu mirada. Y me molesta
que las flores sólo miren al sol.
Deberían cerrarse al ser descubiertas.

Dime, ¿Por qué no se olvidan las canciones?
Si me preguntas si sé de música,
te diría que su sonido tiene todas las puertas abiertas
y que los que han ido a buscarla,
descansan en el arco iris, de vez en cuando,
porque siguen dibujando con ahínco la forma de lo inexistente
y les duele. Es lo único que les queda.

 

Locutado por Tomás Galindo aquí.

 

by: Angel

by: Angel

Melómano desde antes de nacer, me divierto traduciendo canciones y poesía. Me gusta escribir. Soy un eterno aprendiz y bebo de casi todos estilos musicales, pero con el buen rock alternativo me derrito.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Últimas entradas

Últimos comentarios

Te puede interesar

merodeando a la obligatoriedad de amar

merodeando a la obligatoriedad de amar

Vi una vez a una mujer tan amable y sonriente, tan maltratada, que el juez no la creía, porque la única respuesta adaptativa que le quedaba era el amor. Un amor que manaba a borbotones sin medida, sin distinción. Como el de los árboles que ofrecen su oxígeno a...

merodeando a la soledad

merodeando a la soledad

Si nos mirásemos los unos a los otros justo antes de dormir, mientras, rodeados de esa resignación, cerramos los ojos y nos olvidamos de todo, nos amaríamos más. Descubriríamos el verdadero peso de nuestra soledad. Pero en ese momento nadie mira. Justo en ese momento,...

Merodeando a los invasores de cuerpos

Merodeando a los invasores de cuerpos

Si no tenemos bastante con el gusano conquistador, ese animal sin ojos que nos hace despertar a una ciencia del dolor como única sabiduría posible; asesorando como pago a mucho cómodo, (como el emperador de Gladiator), tenemos a los invasores de cuerpos. Esos que...

merodeando al sufrimiento

merodeando al sufrimiento

El sufrimiento es relativo. No por su intensidad —que es desconocida para los demás, pero no para uno mismo— sino porque depende de la tolerancia al dolor de cada cual. Todos conocemos nuestro dolor, porque seguramente es el único momento de nuestras vidas en el que...

El Gato Negro – Edgar Allan Poe

El Gato Negro – Edgar Allan Poe

Aunque sea el más escandaloso, y, sin embargo, más sencillo relato que estoy a punto de escribir, no pretendo ni solicito opinión. Loco de hecho estaría si lo esperase en el caso de que mis propios sentidos rechazaran su propia convicción. Mas loco no estoy —y con...