Con una premisa de dos discos notables, bonitas fotos promocionales y la inevitable expectación que genera cualquier banda que pisa Europa por primera, de la que sólo habíamos palpado virtualmente lo que cuelga de Youtube, se presentaban Little Hurricane en la capital española. Arropados por dos promotoras conocidas por su buen gusto, Mercury Wheels y The Mad Note Co, y facilitada la asistencia por el ajustado precio de las entradas, saldrían de España orgullosos de, al menos, un buen lleno madrileño.

Little Hurricane se enfrentaron al frío de un público ansioso por librarse de un día lluvioso que habría dejado K.O. a un caracol. El dúo podría ser el desquite de un día gris o el redondeo de una tarde que dio para poco más que manta y sofá, de donde nos sacaron cuando el fin de semana daba sus últimos coletazos. En lugar de ayudar a velar por el domingo, la banda nos ayudó a enfrentar al lunes con mejor cara. Su entrega y funcionamiento sobre el escenario significó toda una sorpresa. Quienes arriesgaron esta vez, ganaron. Quienes apostaron por un grupo nueva que pronto no será ni tan nuevo ni tan pequeño, recordarán la noche de ayer. Organizadores y asistentes.

Les perdonamos que absorbiesen «Money» y, al adaptarla a su estilo, se comiesen los solos. Pasamos por alto que la voz de C.C. no fuese lo mismo en directo que en estudio. La baterista se acomodó bien a los versos del polifacético Catalano, doblando con buen resultado ciertos tramos tramos, pero en su turno no estaba a la altura. Sin duda, en el estudio maquillaron bien la ligera estridencia de su voz infantil. Desechamos los peros porque su peculiar estilo a la batería, su pegada y sus múltiples y variadas maneras, nos alegraron la noche. También dejaron ligera sensación de inconsistencia instrumental a lo largo de los últimos temas. Curiosamente, cuando más ardían las tablas, peor concentrados se les notó. Y sin embargo, para entonces ya estábamos tan saciados y con el cuerpo tan machacado que aplaudimos con toda la fuerza que nos quedó..

El dúo sonó estupendo desde el arranque, luciendo Anthony innumerables efectos de guitarra (y voz) y C.C. sonrisas y plantel de golpes y trucos sin fin. Sorprendió lo fácil que parece ser clavar las canciones de Gold Fever y Homewrecker siendo «sólo» dos músicos, pues dudo que lo sea. Anthony no paraba quieto en su rincón; de un micro cambiaba a otro, y de este a la guitarra slide sin parar en ningún momento de tocar la principal, la que da color a los temas que construye C.C. desde su batería: armazones que avanzan al ritmo de las aguas pantanosas, una atmósfera musical que, como ya dije, se respira, y se hace con mayor facilidad cuando se representa tan bien en vivo.

Puntos álgidos fueron «Crocodile Tears», «Trouble Ahead», «Sheep In Wolves Clothes» y «Superblues». Inexplicablemente, ningunearon Gold Fever en pos de Homewrecker, e incluso algunos temas nuevos que sonaron de jodido lujo. También consiguieron que saliésemos de allí con hambre de tercer disco, los muy bastardos. Deliciosos el ritmo country de «Grand Canyon» y la mandolina de «Give Em Hell». Esencial el «Crocodile Tears» pero, como decía, sonando hacia el final más flojo que el resto.

Algunos temas hipnóticos, muchas melodías penetrantes, y una variedad impensable al hablar de un dúo que practica moderno blues pantanoso. Unos setenta y cinco delicados y agradables minutos que supieron a poco, durante los cuales no creo ser el único que se sorprendiese moviéndose al paso serpenteante de sus personalísimas melodías. El próximo, seguro, será más largo y mejor. Les esperamos.

by: Edgar

by: Edgar

A la música le dedico la mayor parte de mi tiempo pero, aunque el rock me apasiona desde que recuerdo, no vivo sin cine ni series de televisión. Soy ingeniero informático y, cuando tengo un hueco, escribo sobre mis vicios. Tres nombres: Pink Floyd, Led Zeppelin y Bruce Springsteen.

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