Ir a un concierto de blues es como comer tortilla de patatas. Y en las contadas ocasiones en las que podemos ir a saborear la que nos preparará este pirómano de los pequeños escenarios que es Eric Sardinas, uno sabe (y todos lo sabíamos) perfectamente lo que va a saborear: unos buenos trozos de tortilla blusera perfectamente cortados en compactos y sabrosos cubos.
Pero aún sabiéndolo tíos… Desde que el primer bocado se deshace en nuestra boca, solo damos un trago a nuestra cerveza y ya no podemos parar de comer hasta que la tortilla se acaba. Si no, aún estaríamos allí.
Y así fue como nos comimos enterita la pedazo de tortilla bluesera que, desde las 21:00, nos repartieron en nueve porciones Eric y sus muy competentes —además de simpáticos— socios musicales, Jason Langley al bajo y Mario Dawson a la batería, en Razzmatazz 2, dentro de su mini gira europea de 2026. Una gira que los llevará también a otras ciudades españolas como Madrid, Zaragoza, Valencia y Málaga.
“Pegajoso” es el adjetivo que más me viene a la cabeza para describir el crudo y tremendamente físico power blues del americano. No se le pegan las manos —que no paran ni un segundo— mientras bailan, casi en un trance hipnótico, sobre los castigados mástiles de sus dobros, que no dejan de crujir, campanillear y, literalmente, gemir desde lo más profundo de sus entrañas. Su maestría con el slide es incontestable.
Su conexión con el instrumento se me antoja difícilmente transmisible en ninguna escuela. Su sonido se ciñe, como la piel de cocodrilo de sus botas, a los estrictos cánones del (triste) género de los 12 compases, con el que nos transporta a plantaciones, pantanos, viejos ferrocarriles y polvorientas carreteras para contarnos, con su voz rota e intensa, historias desgarradas de amor, desamor, alcohol y velocidad.
El tiempo vuela durante una primera parte del concierto en la que nos comemos, casi sin respiro, una primera tríada: How Many More Years, 8 Goin’ South y I Can Be Satisfied, que, tras la desgarradora I Wonder Who, dan paso a una parte media protagonizada por la banda con sendos solos: primero de bajo y, a continuación, de batería. A destacar el impresionante castillo sonoro que nos levantó desde la nada Dawson con su dinámico y rapidísimo solo, que dejó mucho sabor a funk & soul en la sala.
Tras los solos, Eric bajó el concierto al mismísimo suelo para hacer lloriquear desde el silencio a su compañera de fatigas, hasta llevarnos a un crujiente y estruendoso éxtasis, donde hace llorar la guitarra con su slide, modulado sin piedad a través de su viejo y destartalado wah-wah. Tremendo.
La actuación siguió con Wonderin’ Blues y Bad Boy, dando por acabado un set absolutamente redondo. Volvieron —como no podría ser de otra forma— al escenario ante la amable insistencia del respetable para deleitarnos con un reivindicativo If You Don’t Love Me, tema durante el cual Eric casi entra en trance entre chirridos y llorosos acoples que extrae con la cabeza metida entre los altavoces de su Marshall. El concierto concluye de forma apoteósica con un Can You Feel It coreado por todos.
La sartén en la que se convirtió la poblada Razzmatazz 2 (unas 400 personas) demostró, una vez más, ser de una calidad excelente. Tanto su equipo de sonido de primer nivel como su sobrio equipo de iluminación cumplieron como se espera y transmitieron en todo momento la magia sonora que se producía en el escenario, mientras los maduros y maduras fans no paraban de inmortalizar, en efímeros recuerdos, la ya icónica figura del tejano, con su sombrero vaquero y su chaqueta bordada.
La sonrisa de oreja a oreja de Xavi (Etin Producciones), promotor del concierto al terminar, y las de los asistentes desfilando escaleras abajo dan fe de que el set superó las expectativas de muchos en esta saturada Barcelona, en la que es tan difícil destacar hoy en día con propuestas rockeras.
Man, it’s only blues but I like it.

Roque Molina para Rockthebestmusic



















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