A pesar de encadenarme los pies a la tierra, aislarme del hype y olvidar mi debilidad por las películas de Nolan y su palomiteo inteligente, Interstellar me ha decepcionado. No ha sido cosa de altas expectativas, mas he ido al cine como cualquier curioso, sólo cargando mi fanatismo hacia la ciencia ficción. A Interstellar y su ambicioso guión le sobran minutos, y a lo largo de considerables tramos de su metraje, se olvida de la humanidad a la que intentan salvar sus protagonistas.
A un inicio de lo más humano y emotivo, con un McConaughey haciendo un trabajo perfecto, en el que forja a ojos del espectador la personalidad un padre condenado a una vida para la que no estaba hecho, le siguen un compendio de «homenajes» a 2001, explicaciones de física cuántica bien sintetizadas y simplificadas, nada pedantes o exageradas -a diferencia de las de Origen, tan reiterativas aquellas- y algunas aventuras espaciales protagonizadas por personas que tienen de todo menos personalidad.
El nudo de Interstellar se hace largo. A pesar de las paradojas relativistas que se plantean, muy divertidas e interesantes, y muy bien resueltas a ojos de un aficionado al género, quienes las sufren se distancian de lo que en un inicio se planteó tan sentido y emotivo. El estilo que hace soporífera a 2001 se apodera de algunos tramos y a la cinta le pasa factura, por buena factura técnica que luzca. Se mantiene a flote gracias a golpes de efecto y giros de guión propios del espectáculo que suele vender Nolan, pero me he llevado la impresión de que la hora y media central es bastante inferior al metraje que la envuelve.
Si bien he estado a punto de dejarme llevar por la decepción absoluta y desear tirarle de las orejas a Nolan por poner su ambición por encima de los personajes, en cierto punto, el verdadero motor de la cinta -que no son los personajes- comienza a resolverse de forma grandiosa -y tramposa-, cerrando el círculo de una forma digna del género. En cambio, los personajes soportan todo el peso, hundiéndose en el remolino de ciencia y trucos de guión, que habrá quien no se crea, en pos de los fuegos artificiales finales.
Más ambiciosa que Origen, pero menos redonda. Un tanto excesiva, con demasiadas figuras de Belén repartidas por el guión, pero visualmente espectacular, bien resuelta, con interpretaciones protagonistas más que cumplidoras -Caine, McConaughey, e incluso Damon- y elementos clásicos y no tanto de la ciencia ficción que saciarán a los hambrientos. Nolan ha ido un paso más allá, arrimándose más al lado inteligente de su cine, pidiéndole más al espectador que nunca, pero vuelve a olvidarse del alma de los personajes en grandes tramos de la película, la que se retrata con sutilezas y pocas palabras, quedándose así lejos del sobresaliente.

