Tras su relativo descubrimiento con “The rider”, el espaldarazo definitivo en la trayectoria cinematográfica de Chloé Zhao llegó con “Nomadland”, cinta que le premió con Oscars a la mejor película y dirección. Un título con prestigio pero sobrevalorado. No ayudó tampoco el anterior estreno con “Eternals”, un Marvel descafeinado que ni siquiera gustó a los seguidores de la principal productora de cine de superhéroes.

Una carrera que de momento parecía apuntar un gran talento pero que con “Hamnet” sí confirma pues, sin duda, estamos ante su mejor largometraje en su, de momento, corto bagaje. Una maravillosa disección sobre el dolor y el duelo con guion de la propia Zhao, junto a la autora de la novela en que se basa el filme Maggie O’ Farrell, que nos ofrece un antológico retrato sobre la pérdida.
Tomando como excusa la muerte de un hijo de William Shakespeare, a la par que la creación de “Hamlet”, se nos ofrecen múltiples paralelismos sobre la tragedia vital en consonancia con la escrita. No olvidemos que la diferencia entre drama y tragedia es la capacidad de elección de los personajes, nula en el caso de la tragedia. Y como en “Hamlet”, aquí los personajes parecen estar marcados por ella sin posibilidad de poder revertir el curso de la naturaleza. Por ello, es una magnífica idea la de unir a la protagonista con el bosque, como una especie de mujer- bruja anclada en la Madre Tierra, sin posibilidad de cambiar su destino.
A partir de ahí, se crea un duro “libreto” donde los principales actores sufren el desconsuelo sin apenas nada que lo mitigue. Por ello, la obra de teatro se convierte en una forma de redención. Todo contado de forma reposada, con una perfecta sintonía entre lo que se cuenta y como se cuenta apoyándose en técnicos como el director de fotografía Lukasz Zal que realiza un trabajo excelso o la banda sonora del siempre extraordinario Max Richter que apunta, sobre todo al final, otra música para el recuerdo (como suena “In the nature of daylight”).
Pero sin duda, el ritmo impuesto por Zhao es lo más brillante pues compone un trabajo soberbio, tanto en ritmo como en movimientos de cámara. Además cimentando su éxito en una dirección de actores brillante donde hasta los niños están perfectos y creibles, destacando un buen Paul Mescal y ante todo Jessie Buckley que no solo interpreta el mejor papel de su carrera sino que deja una capacidad para transmitir con el primer plano visto en pocas ocasiones. Cualquier cosa que no acabe con su primer Oscar sería escandaloso. Lo mismo que sucedería con Zhao o la película pues “Hamnet” queda muy por encima de la otra favorita “Una batalla tras otra”, producto tan sobrevalorado el de Paul Thomas Anderson como fue en su día “Nomadland”.



















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