Nunca juzgues un libro por su portada, ni a un disco. Es el caso del nuevo disco de la banda de Seattle, Greyhawk, y es que si me dejase llevar por el arte de su portada, seguramente no me acercaría a comprobar cómo suena este su tercer disco, Warriors of Greyhawk”, una “infantil” recreación de un crossover entre Dragones y Mazmorras y el Señor de los Anillos. Obviando este detalle y centrándome principalmente en el componente fundamental del disco, es decir, sus canciones, no me duelen prendas en reconocer y afirmar que su valor me resulta inversamente proporcional a su portada, pues la. anda ha sido capaz de facturar un preciso y poderoso álbum de heavy metal que no puede ni debe dejar indiferente a ningún fan del género.

Si bien el hilo conductor de “Warriors of Greyhawk” es el heavy metal de corte más tradicional, de porte más puro, el gran acierto de Greyhawk es incorporar a esté de forma calibrada y natural las diferentes ramas que de manera más cercana o lejana se emparentan con él. En “Warriors of Greyhawk” nos encontramos con las dos distintas concepciones del power metal, su visión norteamericana de los ochenta y su homónima europea de finales del siglo XX según la canción. Pero no queda ahí la cosa, y es que gracias a la versatilidad de su vocalista Anthony Corso, son capaces de incorporar desde sonidos que les posicionen cerca del hard rock incluso de su corriente más melódica hasta el metal épico sin que desentonen ni un solo instante. Las canciones de este “Warriors of Greyhawk” mantienen ese tono hímnico del que todo buen disco de hard & heavy debe presumir.
Anthony Corso a las voces, Jesse Berlin y Rob Steinway a las guitarras, Darin Wall al bajo y Nate Butler en la batería se han marcado un disco realmente bueno. Canciones como la propia “Warriors of Greyhawk” o “Eternal quest” son un claro ejemplo de que la banda norteamericana está dispuesta a inscribir su nombre en el libro de la historia del heavy metal del siglo XXI en la revitalización de un género superviviente por naturaleza que pese a quien pese, se mantiene vivo y en un envidiable estado de salud

















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