Con bastante ansía y tratando de ser lo más paciente posible he esperado con muchas ganas el nuevo disco de Santo Rostro, el trío de Jaén llevaba sin publicar un larga duración desde el 2017 si no me equivoco. Y la verdad, después de un muy buen disco como «The Healer» no sabía qué esperar, aunque ya en su tema «Annual» para el recopilatorio «Grados.Minutos.Segundos» nos dejaban una pista de hacía donde iban a tirar. El abandono total del inglés como idioma era presumible, y aunque nadie esperamos que se pusieran a tocar algo rocambolesco como tecno-doom podíamos intuir que iban a seguir explorando su sonido partiendo desde el stoner-doom.

Para mí lo mejor del disco es que se nota una evolución a un sonido más «espacial» y dónde en algunos temas se han permitido el lujo, ya que a estas alturas pueden, de experimentar y alargar la instrumentalización de sus canciones. Además de que el cambiar de idioma no se ha notado en la faceta vocal demasiado, si bien sé que Antonio (bajista y vocalista) gusta de líneas de bajo rocosas también rocosa es su voz, que siempre me recordó a un Matt Pike pero con una revolución menos cuando grita.

Aunque pueda parecer que 5 canciones es un disco corto, para nada ello significa que sea insuficiente. Y es que al entrevistar no hace mucho a Miguel (guitarrista) con respecto a su otra banda (Mía Turbia) te das cuenta de que en ellos no prima el relleno sino dar composiciones de calidad y parece que él lleva esa misma filosofía a Santo Rostro.

Su primer tema y single «Telarañas» ya salió en sus Sesiones para Radio 3 pero no tiene ni punto de comparación en cuanto a su versión final, riffs que parecen un trabalenguas para cuerdas se mezclan con un buen uso de reverberaciones vocales que crean una atmósfera cómo si la voz viniera del abismo. Otros temas como «Carcasa Digital» o «Aire» siguen la misma línea pero puedo apreciar algún sintetizador, lo que le da un toque bastante psicodélico e incluso heavy psych a ratos. La guinda o lo que considero lo más destacable del disco es ese tema largo y denso que parece ser una unión de tres ideas musicales que unidas por tentáculos sonoros y que se llama «Matriz», es una maravilla dónde alargan pasajes instrumentales que me han recordado por momentos a Russian Circles y algo de Pelican o los Mastodon del Crack The Skye (salvando las distancias) impregnados por el espíritu omnipresente del rey de los riffs oscuros Tommy Iommi; destacando también el trabajo de Kike a las baquetas con mucho matiz a golpe de plato. El cierre del disco es el tema homónimo que desprende oscuridad y hasta cierta melancolía con algunas notas prolongadas a lo Earth y el cual es totalmente instrumental, pero que pone un broche de cierre adecuado tras el éxtasis de «Matriz».

Como conclusión, es una muy buena vuelta tras años de sequía de Santo Rostro y esperemos que le den bastante difusión al disco en forma de conciertos. Incluso si eso significa echar de menos los chistes y recomendaciones de Antonio en The Chapel o que Miguel tenga que redoblar esfuerzos para girar con Mía Turbia y Santo Rostro. Empiezan fuerte los jienenses en este 2023.

Santo Rostro – Después no habrá nada

by: alejandro

by: alejandro

Melómano con especial atracción al rock de los 90, aprendiz de dibujante en mis ratos libres y apasionado de coleccionar fetiches de corte musical como guitarras, amplificadores, pedales o la púa que tiró Chris Cornell en el 2012. Me encanta compartir sensaciones que me transmite una canción, lugar o concierto siempre que me es posible.

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